CENTENARIO DE FERNANDO VIZCAÍNO CASAS (1)
Novelista, ensayista, abogado laboralista, periodista, guionista y dramaturgo
Leer, muy recomendable, sus memorias, es conocer la sociedad española del siglo XX
Dio la primicia de la separación de Lola Flores y Manolo Caracol
El pasado 23 de febrero se cumplió el centenario del nacimiento de Fernando Vizcaíno Casas en Valencia. De lo que siempre se sintió muy orgulloso.
Se inició en el periodismo en una de sus facetas menos conocidas, crítico de cine. En 1950 se trasladó a Madrid para cursar estudios de Derecho. Pero un año antes ganó el Premio Teatral para Universitarios Hispanoamericanos con la comedia La senda iluminada
Y esas tres “ramas” marcaron un futuro literario y laboral con un amplísimo recorrido
Publicó 24 libros con la Editorial Planeta. Vendió 24 millones de ejemplares.
Suscribo lo escrito en la referencia de su trayectoria: La sátira política, la nostalgia (aquí pondría algún pero), las caricaturas apenas disimuladas o explícitas de políticos y otros personajes camaleónicos y acomodaticios del momento. Aquí puedo señalar de forma destacada uno de sus libros “De camisa vieja a chaqueta nueva”
El subtítulo ya nos indica claramente la temática: crónica de una evolución ideológica. Y el final, página 229, nos resume la novela. Y como hemos
comprobado tantas veces, real como la vida misma: Y Manolo le hizo caso ( a su mujer sobre la forma de vestirse), y fue a la manifestación en favor de las libertades y el futuro democrático como debía ir: cambiándose la chaqueta.
Más adelante haré referencia a alguno de sus libros. Pero hay dos, que no suelen ser nombrados muy frecuentemente, a los que tengo un cariño especial. Isabel, camisa vieja y Las mujeres del Rey Católico. El motivo es mi debilidad por la figura, trascendental para muchas cosas en España, de los Reyes Católicos. En conjunto y por separado. Y los dos libros mencionados más arriba están incluidos en la sección dedicada a Isabel y Fernando en mi biblioteca.
Para los que quieran tener una idea clara de cómo era lo sociedad, en muy diferentes aspectos, de la España de parte del siglo XX recomiendo la lectura de sus libros de memorias Los pasos contados. Son tres volúmenes de una media de 300 páginas cada uno
En la página 68 del segundo de los mismos, escribe: Fui el primero en dar una noticia que hoy hubiese supuesto una exclusiva sensacional: la separación artística (y sentimental) de Lola Flores y Manolo Caracol, contada por ellos mismos, a quienes estuve entrevistando cuando trabajaban en el Fontalba, juntos por última vez.
Tuvo la gentileza de dedicarme el citado libro y, además, en una fecha que siempre la tuvo como de buena suerte. Un martes y trece. En este caso de noviembre de 2001.
Con Vizcaíno Casas mantuve una muy buena relación durante bastantes años. Coincidiendo con él en muy variados escenarios y con diferentes compañías: Isabel Preysler. Mingote o Vallejo Nájera, por poner sólo algún ejemplo.
Pero Cantabria, y más concretamente Santander, fue lugar de encuentro de ambos durante varios años en verano. Un buen escenario para comenzar
la temporada era la fiesta que el Hotel Real daba en sus jardines.
Pero si quiero mencionar un tema que surgió de forma un tanto “peculiar”. Recibí una llamada de parte del presidente Juan Hormaechea para que organizase una cena entre él y Vizcaíno. Con el presidente cántabro tenía una relación de varios años. Le conocí por primera vez, y entrevisté, cuando era Alcalde de Santander.
Se celebró en el restaurante La Sardina, en la playa del Sardinero. La ubiqué en el reservado del mismo, para que estuviesen más relajados. Obviamente, por discreción, no quise estar presente. “Y nos dieron las diez, y las once y las doce…”. Las risas traspasaban la puerta. Antonio Merino, el hijo del gran Víctor, tenía a toda la plantilla esperando a que terminasen.
Dada mi confianza con los dos entré a decirles la situación. Disciplinadamente dieron por concluida la jornada.
Tuve la ocasión de estar presente en el acto religioso del matrimonio de Fernando, su hijo mayor, con la hija de Emilio Martín Villa, que había sido profesor mío en la Escuela Oficial de Turismo (Primera Promoción). Emilio siempre fue un ardiente defensor del botillo de su tierra, León.
Vizcaíno Casas tenía un enorme sentido del humor. Sirva como ejemplo lo que cuenta su hijo Eduardo: Iba a una tertulia con Luis del Olmo. Un año, cerca del 23 de febrero, le preguntó Luis. “Fernando, tú qué opinas del 23 F”. Entonces mi padre, como era muy coñero. Empezó: “En casa lo celebramos mucho, es un día maravilloso, abrimos botellas de champán, en la familia creemos que es un día glorioso…” Luis del Olmo se enfadó “¿Cómo puedes decir eso? No lo consiento…” y mi padre le dijo.”No, es que es mi cumpleaños”. La plancha que le metió fue de órdago. Y, al año siguiente, no le renovaron




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