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Los Vinos de Baja California


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Miguel Guzman Peredo



Tres son los países europeos cuya producción anual de vino constituye un verdadero océano de tan dionisiaca bebida: Italia, Francia y España, que en conjunto suman trece mil seiscientos veinte millones de litros, lo que los hace, a nivel mundial, los ?tres grandes? en lo concerniente a la elaboración de vinos de mesa. La Oficina Internacional de la Viña y el Vino (OIV) consigna que la producción global de vino en el año 2005 fue del orden de 27.700 millones de litros. De esta colosal cifra el 18.25% correspondió a Italia, país que de esta manera superó a Francia, cuyo porcentaje fue de 18.23%.

Los vinos producidos en el continente europeo (a más de los tres anteriores aparecen los siguientes: Alemania, Portugal, Hungría, Bulgaria, Rumania, Grecia, entre otros) son llamados ?los vinos del Viejo Mundo?, mientras que aquellos que no tienen su origen en Europa reciben la denominación de ?los vinos del Nuevo Mundo?, ya que se hace referencia a aquellos néctares etílicos que han sido elaborados en los siguientes países (enlistados por orden alfabético): Argentina, Australia, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Cuba, Estados Unidos de América, México, Nueva Zelanda Perú, Uruguay y Sudáfrica. De todos ellos México -país cuyo viñedo es el más antiguo de todos los que figuran en esta lista- el que menor presencia tiene en los mercados internacionales, mientras que los otros, principalmente Argentina, Australia, Chile, Estados Unidos de América, Nueva Zelanda y Sudáfrica, constituyen un verdadero dolor de cabeza para los grandes países productores europeos, en virtud del crecidísimo volumen de vino exportado a todo el orbe, lo que ha mermado la comercialización foránea de dichos tres colosos de la producción de vino en el mundo.

Cuando se habla de estos ?vinos del Nuevo Mundo? generalmente se hace referencia a Australia, Argentina, Chile, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Sudáfrica. La producción mundial de Australia es de 1.400 millones de litros. La de Argentina, de 1.522 millones de litros. La correspondiente a Chile, de 788 millones de litros. Estados Unidos de América produce 2.350 millones de litros, y Sudáfrica 831 millones de litros. La cifra correspondiente a Nueva Zelanda no la tengo.

Uruguay produce cien millones de litros de vino anualmente. Perú le sigue a la zaga, con 43.500.000 litros. En México, de acuerdo a las cifras proporcionadas por la Asociación Nacional de Vitivinicultores, fueron producidos, en 2005, 14.432.000 litros de vino. (El consumo anual de vino es de casi medio litro de vino por habitante). Por atrás viene Bolivia, con 7.200.000 litros. No dispongo las cifras correspondientes a Brasil, pero sí tengo conocimiento que en esta nación sudamericana existen cuatrocientas bodegas vitivinícolas y el consumo anual per cápita asciende a dos litros de vino.

De un artículo escrito por mí hace unos cinco años transcribo tres párrafos: ?En América, los colonizadores encontraron vides silvestres (Vitis rupestris, Vitis labrusca y Vitis berlandieri), diferentes de la Vitis vinifera europea, que es la especie más apropiada para elaborar vinos de calidad. Y corresponde a Hernán Cortés el mérito de haber sido el principal promotor del cultivo de la Vitis vinifera en lo que hoy en día es México, el primer sitio del continente americano donde comenzó a cultivarse regularmente la vid. El 20 de marzo de 1524 Cortés firmó el decreto mediante el cual se ordenaba que cualquier vecino que tuviese indígenas en repartimiento, quedaba obligado a sembrar mil sarmientos por cada cien aborígenes a su cuidado.

Siete años después el rey Carlos I de España y V de Alemania ordenó que todos los navíos con destino al Nuevo Mundo llevasen ?plantas de viñas y olivos?, ya que se consideraba muy conveniente que los viñedos y los olivares se multiplicasen por doquier en la extensa superficie de las colonias españolas en América. El incipiente auge de la vitivinicultura novohispana produjo gran disgusto en los productores peninsulares, quienes vieron amenazados sus intereses al disminuir notoriamente las exportaciones. Sus quejas motivaron a que Felipe II, hijo de Carlos I, no sólo prohibió que fuesen plantados nuevos viñedos en América, sino que también ordenó que fuesen arrancados todos los que hubiesen sido plantados.

Cabe agregar que el viñedo de la Nueva España comenzó a extenderse a partir de la ciudad de México, capital del virreinato más floreciente de la metrópoli hispana, hacia las regiones septentrionales: Querétaro, Guanajuato y San Luis Potosí, alcanzando posteriormente un gran desarrollo en el Valle de Parras, y luego en Baja California, donde los misioneros jesuitas propagaron el cultivo de la vid. De la Nueva España fueron llevadas las viñas a América del Sur, alcanzando en Perú, Chile y Argentina formidable desenvolvimiento. También de la Nueva España fue llevado el cultivo de la vid a lo que hoy es Estados Unidos de América, ya que en 1769 Fray Junípero Serra llevó las vides desde Loreto, en Baja California, a la entonces Alta California. La primera misión que fundó ese monje franciscano fue la de San Diego de Alcalá (en torno a la cual creció la actual ciudad de San Diego), y los viñedos por él sembrados constituyen el antecedente directo de la pujante industria vitivinícola californiana?.

La producción de vino en esta privilegiada región vitivinícola de nuestro país se remonta, en el siglo XX, a la primera década del siglo, cuando se instala en el Valle de Guadalupe un grupo de doscientas personas de la secta molokana, llegados de Rusia. No olvido que aproximadamente unos setenta años aquí había estado la Misión de Guadalupe, fundada por los monjes dominicos, quienes, seguramente, continuaron con el cultivo de las viñas que habían iniciado los misioneros jesuitas en el área de Loreto (la capital de ambas Californias: la Baja California y la Alta California), y que después de la expulsión de los discípulos de San Ignacio de Loyola habrían seguido los monjes franciscanos elaborando vino, para estar en condiciones de celebrar cotidianamente la ceremonia de la misa cristiana.

El gobierno de Porfirio Díaz autorizó en el año 1905 el ingreso a México de dicho grupo de molokanes, cuyo origen era el siguiente: en el siglo XVII estos cristianos manifestaron su rechazo a la iglesia ortodoxa rusa, ya que no estaban de acuerdo en aceptar la supuesta divinidad del zar, los fastos de esa iglesia y, lo más importante, eran enemigos de enrolarse en el ejército, ya que para ellos matar era un pecado muy grave. Fue en el año 1670 cuando se acuñó el nombre de ?molokan? (esta palabra significa en Rusia ?bebedor de leche?), ya que ese término hacía alusión a aquellos que ignoraban muchos de los doscientos días festivos de la iglesia ortodoxa rusa, en los cuales era habitual beber leche en las ceremonias religiosas. En aquel tiempo un ruso que no fuese ortodoxo en materia de religión era un sectario, herético y felón, que debía ser castigado de manera brutal. De las más de cien sectas que manifestaron su oposición al zar de Rusia los molokanes fueron los más numerosos. Para el siglo XIX el gobernante ruso dispuso que los sectarios fuesen enviados a lugares distantes de ese país, concentrándolos en el sur de Ucrania, en el Cáucaso y en Asia Central, sitios éstos donde aún habitan muchos de sus descendientes.

En 1905 los molokanes recibieron la autorización del zar Nicolás II de abandonar su tierra natal y emigrar a un lugar lejano. Tres enviados de ese grupo religioso -en cierto sentido semejante a los presbiterianos, a los cuáqueros y a los menonitas- tuvieron conocimiento en la ciudad de Los Angeles que en Baja California, en el Valle de Guadalupe, podrían adquirir tierras para establecerse. Esos tres emisarios visitaron el lugar del cual les habían hablado, y lo encontraron apropiado para los fines que ellos perseguían, y así fue que en 1906 llegaron doscientos rusos: hombres, mujeres y niños al Valle de Guadalupe, donde aún viven sus descendientes.

En el Museo de las Californias, de Tijuana, encontré un texto (que me fue enviado amablemente por el investigador Luis Alberto Curiel Izquierdo) alusivo a la producción de vino de los molokanes, en el cual aparecen los siguientes párrafos: ?Durante mucho tiempo los colonos rusos del Valle de Guadalupe elaboraban vino para consumo propio, aunque originalmente ellos no se dedicaban al vino sino a los cereales. Posteriormente el vino comenzó a ser comercializado entre los conocidos y los amigos. En 1940 varias familias molokanas empezaron a emigrar a los Estados Unidos, debido a una revelación acerca de que cuando apareciera la primera planta de uva y el Valle se llenara de ella, no quedaría un solo ruso en él. Irónicamente las pocas familias rusas que se quedaron después de este movimiento alcanzaron un buen nivel de prosperidad y progreso?.

Los vinos de Baja California

Alrededor de la ciudad de Ensenada (cuyos habitantes poseen el récord de mayor consumo anual per cápita de vino, con diecisiete litros) florecen numerosos valles vitivinícolas, cuyos nombres tienen ecos centenarios: Guadalupe, Santo Tomás, San Antonio de las Minas y San Vicente. Otro es llamado, a mi parecer poéticamente, Ojos Negros, y uno más es el de Tecate. En estas áreas geográficas florece hoy día la vitivinicultura nacional, y allí están ubicadas unas cincuenta vinícolas, entre las que destaco varias prestigiadas empresas como Bodegas de Santo Tomas, Chateau Camou, Domecq. Monte Xanic y Vinícola L. A. Cetto, que yo juzgo las más importantes, tanto por la cuantía de su producción como por la crecida cantidad de preseas que han obtenido en infinidad de concursos internacionales, donde son galardonados los mejores vinos de todo el mundo.

En fecha reciente los miembros de número del Grupo Enológico Mexicano (una agrupación de enófilos cuya principal actividad es la promoción de la cultura del vino en nuestro país), realizaron un interesante recorrido por ocho bodegas aledañas a Ensenada. En esta ciudad fueron recibidos por Antonio L. Escalante Domínguez (propietario de Vides y Vinos Californianos y responsable de los vinos de la marca Roganto, de señalada calidad). A él se le hizo el encargo de programar las visitas a esas empresas, con la finalidad de llevar a cabo catas de los vinos en ellas elaborados. El primer día visitamos la bodega Vides y Vinos Californianos, situada al sur de Ensenada, que cuenta con la tecnología más moderna, y produce excelentes vinos con las cepas Sauvignon Blanc, Chardonnay, Tempranillo y Cabernet Sauvignon. Esos vinos fueron degustados primeramente en los tanques de fermentación, luego en las barricas de roble francés y finalmente de las respectivas botellas.

Al día siguiente fuimos recibidos en el Valle de Santo Tomás, en la empresa Bodegas de Santo Tomas, por Laura Zamora y Juan Carlos Álvarez (enóloga y gerente de ventas, respectivamente), quienes mostraron a los visitantes los principales puntos de esta renombrada firma vitivinícola. En los viñedos, bajo un tibio sol, degustamos varios de sus vinos, y posteriormente fuimos a las bodegas pletóricas de barricas de roble francés, donde tiene lugar la crianza de tan deliciosos caldos vínicos. Allí prosiguió la degustación de otros de sus mejores vinos, en la profundidad, oscuridad y gratificante silencio de esa catedral subterránea.

Ese día, al atardecer, estuvimos en la empresa Vinos Xecué (ésta palabra significa amor en lengua kiliwa), ubicada en el Valle de San Antonio de las Minas, y probamos los vinos elaborados por el ingeniero agrónomo José Luis Hernández y por su esposa Alberta, quien es la enóloga de la firma. Allí catamos, servidos de las barricas, tres vinos: Shiraz, Cabernet Sauvignon y Merlot, de la añada 2007.

Un día después fuimos a Vinisterra, bodega ubicada en el Valle de San Antonio de las Minas. Allí fuimos atendidos por Abelardo Rodríguez, y por el enólogo Christoph Gaertner. En la sala de degustación, en el interior de una hermosa casona, probamos dos vinos de la línea Premium, un espléndido coupage de las cepas Syrah y Mourvedre, y el magnífico Cabernet Sauvignon.

Horas más tarde nos recibió Joaquín Leyva Mascareño, gerente de la planta Vinícola L. A. Cetto, en el Valle de Guadalupe. En ese lugar (donde el enólogo Camillo Magoni produce los vinos mexicanos que han sido galardonados con mayor número de medallas en todo el mundo) tuvo lugar una detenida degustación de una docena de los vinos de la marca L.A. Cetto. Entre muchos otros vinos, saboreamos los varietales Viognier, Chenin Blanc, French Colombard, Cabernet Sauvignon y Nebbiolo.

Al siguiente día dio comienzo el placentero periplo degustativo visitando Viña de Liceaga, en el Valle de San Antonio de las Minas. Allí nos recibió Juan Pedro Mendívil Alonso, encargado de la producción de este selectos caldos. Degustamos varios de los varietales de esta marca, entre otros el Chardonnay, cosecha 2006, y el Merlot Reserva, cosecha 20050 y el Merlot Gran Reserva, igualmente de la añada 2005. Momentos más tarde probamos las exquisitas grappas que llevan por nombre Aqua de Vid, premiadas en varios certámenes internacionales.

Después estuvimos en la bodega Barón Balché, en el Valle de Guadalupe. Esta es una bodega muy bella por su arquitectura. El enólogo Jesís Rivera fue nuestro cicerone en la visita. Catamos vinos de las barricas: Cabernet Sauvignon, de las cosecha 2006 y 2007, y el preciado Nebbiolo, cosecha 2007, que próximamente saldrá al mercado a un precio de poco más de 2.500 pesos la botella. Igualmente degustamos, servidos de las respectivas botellas, los vinos Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo y Nebbiolo, los cuatro de la cosecha 2005.

De Barón Balché nos trasladamos al Valle de Ojos Negros, para visitar la Bodega San Rafael, donde nos esperaba Ricardo Hussong, nuestro anfitrión en esa visita. En la sala de barricas degustamos el vino Delirio (un magnífico coupage -Ricardo llama ?mestizaje? esa mezcla de cuatro variedades de uvas: Riesling, Viognier, Chenin Banc y Sauvignon Blanc), de la cosecha 2007, y luego el vino Alegría, cosecha 2005, que es otro ?mestizaje? de Tempranillo y Syrah. Más tarde saboreamos el mismo vino Alegría, de la añada 2006, que es resultado de la mezcla de las cepas Tempranillo y Cabernet Sauvignon. El placer palatal continuó con la degustación de los vinos Cabernet Sauvignon, cosecha 2004, Pinot Noir, añada 2006, y el sorprendente vino Ojos Negros, cosecha 2004, resultado de un coupage de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Syrah.

Muchas otras bodegas hay en los valles aledaños a Ensenada. Tiempo es lo que se requiere para recorrerlas. Este hecho motiva a una próxima visita a la región bajacaliforniana donde son producidos algunos de los mejores vinos de México.

guzmanperedo@hotmail.com

www.enologicomexicano.com



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