El problema de tener expectativas altas es que a veces fallan y se convierten en una gran desilusión. Para mí, ir a un restaurante de 1* que ostenta el nombre del famoso chef Robuchon creó una gran expectativa. Me hacía mucha ilusión saborear la cocina del eximio Robuchon interpretada por el chef Eric Bouchenoir, que perteneció a la brigada de Joel Robuchon desde 1985 y hoy es el encargado de continuar el legado del famoso chef.
¿Qué se espera de un restaurante de 1* donde vas a pagar casi 100€ por la comida? Ambiente agradable, comida excelente y servicio profesional. La comida y el bienestar del comensal van de la mano. Este es un restaurante donde se come bien pero no se siente uno bien, empezando por estar en un sótano al que se accede a través de una tienda, y aunque la dirección es Avenue des Champs-Elysees, la entrada es por la calle de atrás. Hay que comer en una barra, literalmente codo con codo con desconocidos, y además el servicio es pésimo y poco profesional. Como muchos, reconozco que caí en la trampa del nombre de Robuchon, que tiene mucho peso. Me parece que la estrella aquí es por ese nombre.
Cuando me recibió la encargada dijo que me iba a poner en un sitio “estupendo” y me instaló en una de las sillas altas, frente a la barra. Escogí el menú de 2 entrantes y un principal, postre y café por 75€ más bebidas. Cuando estaba empezando a comer, volvió la encargada a decirme que me iba a mover para hacer lugar para otro comensal e inmediatamente nos empujaron, a mí sentada en la silla y al servicio de mesa que tenía delante, sin pedir mi opinión. ¡Todavía no salgo de mi asombro, ni en un bar de tapas te tratan así! Y claro, quedé ya no codo con codo, sino hombro con hombro con mis vecinos.


En cuanto a la comida, empecé con una sabrosa Royale de foie gras con espuma de Parmesano, seguida por una entrada de pâté en croûte en dos enormes rebanadas que me parecieron muy pesadas y comí menos de la mitad. Entre plato y plato había que conseguir que el camarero, del otro lado de la barra, me hiciese caso si necesitaba agua o cualquier otra cosa, puesto que la atención era apresurada y distraída. Da la sensación de querer que termines pronto para dejar el lugar a otro comensal


El huevo poché con espuma de parmesano me deleitó y el pan era exquisito. La pesca del día resultó deliciosa y me encantó poder saborear el famoso puré de patata de Robuchon. El postre de fresas con merengue y helado tenía una bonita presentación y rico sabor. Pero por lo visto allí ni siquiera acostumbran a recoger las migas antes de servir el postre y el café, como se puede ver en la foto de la Madeleine y el malvavisco de fruta de la pasión que acompañaban al café


Cuando me trajeron la cuenta me cobraban el café 8€ extra. Al decir que estaba incluido en el menú, el camarero, de muy mal modo cogió mi cuenta, revisó la carta e hizo la corrección, molesto por tener que hacerlo. Con una copa de vino y agua, pagué 105€.
¿Volvería a este restaurante?: DEFINITIVAMENTE NO

