Hay lugares a los que uno va a comer… y otros a los que, sin darse cuenta, vuelve a sentirse en casa. Eso es exactamente lo que ocurre cuando cruzas la puerta de Restaurante Támesis.
Hoy, 19 de abril, he tenido la suerte de sentarme a su mesa, y lo que parecía una comida más terminó convirtiéndose en una experiencia difícil de olvidar. No solo por lo que llegó al plato —que fue, sencillamente, extraordinario—, sino por algo mucho más importante: el trato humano, la cercanía, la calidez. Ese intangible que no se aprende en ninguna escuela, pero que marca la diferencia.
Desde el primer momento, el servicio fue impecable. Y aquí es justo detenerse en la figura de Miguel Ángel, quien nos atendió con una profesionalidad que emociona: amable, atento, cercano, respetuoso y con ese toque de simpatía natural que convierte una comida en una conversación entre amigos. Un auténtico lujo encontrar a personas así en la hostelería.
Pero si Támesis tiene alma, esa lleva nombre propio: Paco Navarro y Gabriela Ocraim. Él, al frente de la sala; ella, liderando la cocina. Juntos forman un tándem que no solo funciona, sino que emociona. Son cercanos, auténticos, profesionales de los que dignifican este oficio. Personas que hacen que el cliente no se sienta cliente, sino invitado.

Grabiela muestra una trufa gignte
Y hay un aspecto que merece una mención especial: Paco y Gabriela son auténticos defensores a ultranza del aceite de oliva virgen extra de Jaén. No es solo un ingrediente más en su cocina, es una seña de identidad. Lo demuestran ofreciendo degustaciones de aceite que permiten apreciar matices, variedades y calidades, y, por supuesto, incorporándolo con coherencia y respeto en todas sus elaboraciones. En Támesis, el AOVE no acompaña: protagoniza. Y eso, en una tierra como Jaén, no solo es de agradecer, sino que es un compromiso real con el territorio y su cultura.
Además, no se puede entender el momento actual del restaurante sin mencionar el compromiso de Paco con la gastronomía provincial como presidente de HOSTURJAÉN, entidad que, bajo la gerencia de Ramón Calatayud, impulsa iniciativas tan necesarias como las I Jornadas de la Huerta de Primavera. Un proyecto que pone en valor el producto local, la huerta jiennense y el talento de quienes saben transformarla en cocina de verdad.
Y vaya si se nota.
La experiencia comenzó con una exquisita selección de quesos que ya anticipaba lo que vendría después. A partir de ahí, un desfile de platos que eran puro respeto al producto y creatividad bien entendida. Probé una ensalada de habitas frescas con bacalao y cebolletas que rozaba lo sublime. Después, unos impresionantes espárragos blancos de Bedmar, de tamaño XXL, acompañados de una delicada beurre blanc sobre medallones de hueva de merluza. Una combinación que hablaba por sí sola.
Las espinacas a la crema de foie y boletus fueron otro momento memorable. Intensidad, equilibrio y textura en un plato que no se olvida. Y cuando parecía que ya nada podía sorprender, llegó un arroz caldoso con chipirones y zamburiñas que era, literalmente, una locura de sabor.
El nivel no bajó en ningún momento: un impecable pez emperador con base de judías verdes, y un entrecot perfectamente ejecutado, con el punto exacto y una maduración que se dejaba notar en cada bocado. Y como broche final, una tarta de queso que merece mención aparte: probablemente una de las mejores que he probado nunca.
Pero más allá de los platos —que son muchos y todos sobresalientes—, lo que realmente hace especial a Támesis es cómo te hace sentir. La comodidad del local, el ambiente cuidado, la profesionalidad de todo el equipo… y, sobre todo, ese cariño que se percibe en cada detalle.
Porque hay restaurantes donde se come bien. Y luego están lugares como Támesis, donde además se vive, se disfruta y se recuerda.
Y eso, hoy en día, no tiene precio.

