Llegas a Rimini (Italia) y entras en un mundo de colores y olores, durante una semana todos los artesanos heladeros, pasteleros y panaderos de todos los continentes se concentran en esta exposición universal, SIGEP.
El diseño y la calidad se combinan en todas las demostraciones. Lo primero que te encuentras nada más llegar es un pastel de dimensiones descomunales (más de 200 metros cuadrados) con la forma del país italiano, realizado por los más famosos pasteleros para la conmemoración del 150 aniversario de la Unificación de Italia.

Pasado este punto te adentras en el mundo del dulce, primero los pasteles, bombones, nata, chocolate, café..., todo con colores cálidos que te invitan a saltarte la dieta postvacacional. Se impone la calidad mezclada con la limpieza en el diseño, vitrinas con líneas rectas que protegen joyas de chocolate. Es un lujo poder ver alguno de los numerosos concursos internacionales de pasteleros, te sientas en la grada y observas cómo realizan un trabajo de equipo a la perfección, coordinan movimientos milimétricos con acciones a una velocidad vertiginosa que desembocan en un pastel que hará las delicias del jurado.

Después del primer impacto le llega el turno a los panaderos, una sensación te devuelve a la infancia, a lo tradicional en cuanto entras en un pabellón repleto de hornos de leña con expositores artesanales que muestran verdaderas obras de arte de la panadería. Es una tendencia volver a comer verdadero pan artesanal.
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Y por último, el frío, el helado. En esto los italianos son unos maestros: formas, colores, sabores e innovación contínua. Vitrina tras vitrina te invitan a degustar helados totalmente artesanales que se deshacen en el paladar. Este año se están imponiendo los famosos polos y los bombones helados, cada vez más vitrinas dejan un hueco para estos productos nuevos.
Por último, y no por menos importante, está el apartado para el packaging. He fabricado un producto de primera calidad, completamente artesanal, pero ahora toca presentarlo y esa es la mejor forma de venderlo. Hay todo tipo de envases que te incitan a degustar el producto que contienen.
En fin, cuando sales del salón te llevas un abanico de ideas, sabores, olores y colores para emprender nuevos caminos en el maravilloso mundo de la gastronomía.

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