
Latín: Eriobotrya japonica
Realmente deberíamos llamarlos ?Nísperos del Japón?, de hecho también se conocen como ?Ciruelas del Japón?.
También se les conoce como ?nísperos de España, nésperas, níspolas, mísperos?,... o los ?peros? del vecino inglés, aunque varios de esos nombres podrían hacernos caer en el error de confundir los nísperos con las níspolas, fruto o baya totalmente diferente y de origen europeo.
Fueron introducidos en occidente por los jesuitas, que lo sembraron en Isla Mauricio en el siglo XVIII, en España llegó procedente de Italia en el año 1821, aunque no recuerdo el día. Hay quien afirma que lo introdujeron los árabes, en su paseo de casi 700 años por la península Ibérica, y otros que afirman que fueron los navegantes fenicios, que lo introdujeron en Sagunto, antiquísimo centro comercial de la actual Valencia, hace más de 2.500 años, fecha en que todavía no existia Internet.
Existen básicamente 2 variedades, la temprana, de color claro, llamados de Algerie y los tardios, cuya mejor variedad es la tanaka. Tienen la forma de perilla, aunque su tamaño no suele superar el de un albaricoque grande, su pulpa puede ser amarilla o blanca, muy dulce, o muy ácida por lo que debemos siempre escoger los más maduros, casi cuando van a empezar a pasificarse, o sea mustiarse en el árbol, pues verdes son indigestos y ásperos, y sí están ligeramente manchados de marrón mejor, cómelos, pues es señal inequívoca de dulzura, pero no toleran los golpes.
Sí los que conseguimos están algo verdes, podemos envolverlos en papel de aluminio, con la parte mate tocando el níspero, y meterlos en el congelador, se dice que al día siguiente están maduros, caso de que no fuera así, les ponemos un palillo y los damos a los niños como helados, aunque siempre se puede probar con uno, por si el invento ha funcionado.
Suelen tener una piel bastante gruesa, aunque comestible, que se debe quitar, para mejor poder saborear su pulpa, tiene 2 o 3 pepitas de buen tamaño que no son comestibles.
Sí podemos darnos el lujo, no dejemos de probar una macedonia sobre la base de pulpa de nísperos y lichés, maceradas en vino de sake y unas gotas de zumo de limón, simplemente tendremos un ?Bocatta di Cardinale?. Excelentes en confituras y chutneys.
Contienen unas 45 cal. /100 gr. de pulpa, son ricos en vitaminas A, C, B1, B2, B3, B6, B9 y E, asi como calcio, fósforo, potasio, magnesio, hierro, fibra, licopeno y tanino que los hace ásperos si no están en su punto de maduración, cosa que debería hacerse en el propio árbol, pues la maduración forzada industrial suele hacerlos insípidos.
Los nísperos aguantan bien, sí los ponemos entre un lecho de paja, siempre y cuando tengamos paja en nuestra despensa, o como posibles sobras de la comida de nuestro burro que podamos tener en el establo, volviéndose muy dulces.
Son astringentes y a la vez diuréticos. Combaten la arteriosclerosis, la diabetes, los problemas de hígado o riñones, de hipertensión, de exceso de toxinas o infecciones por virus, y de envejecimiento prematuro, pues son altamente antioxidantes, o sea que eliminan radicales libres.
Actualmente son muy cultivados e importados desde Argelia.
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(Información extraída del ?Diccionario práctico de gastronomía y salud?, Editorial Díaz de Santos ? Madrid, de Miguel Juan Jordá, donde puedes encontrar amplia bibliografía y otras fuentes de información).

