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¿Niños en los Restaurantes?




¿Se debe dejar entrar a los niños en los restaurante de determinado nivel... sí o no?

Ésa podría ser un poco la pregunta directa y llana.

Las opiniones que me habéis hecho llegar, estarían repartidas así: en un 70 %, sí; un 10 %, no; y un 20% de indecisos.

Pero, ¿sabéis?, en lo que sí estáis de acuerdo todos es que la culpa muchas veces es de los padres por no empezar a llevarlos desde muy pequeños a los restaurantes, porque si a un niño se le enseña y se le dedica tiempo, los niños no sólo no molestan: son imprescindibles en ocasiones para disfrutar de una verdadera comida de familia.

Culpa de muchos padres insolidarios con el resto de comensales, porque si el niño llora o da guerra, no sabe levantarse y atender a su hijo, o salir a pasear diez minutos con él, para quitar nervios, o irse si es eso lo que tiene que hacer. En el fondo, un padre ya sabe de antemano cómo es el comportamiento de un niño, y si lo ha educado o está preparado para poder estar un mínimo de 2 horas en una mesa, o si ese establecimiento tiene un espacio para que los niños puedan levantarse y salir a tomar el aire.

Para mí, la parte más importante de esta pregunta es si un restaurante puede prohibir la entrada de niños en sus establecimientos, que es algo que está sucediendo.

Pues mi respuesta es NO. Primero, porque es una postura un tanto hipócrita: en muchos casos esos mismos empresarios suelen salir con sus hijos y sí los llevan a otros restaurantes.

Me parece, además, una postura discriminatoria y cobarde, porque en ningún momento se atreven a decir abiertamente que no quieren niños en su restaurante: de esa forma sólo lo sabrá el agraviado al llegar al sitio, las victimas no se lo dirán a los amigos, ni se quejaran por ser echados ni permitida su entrada al restaurante, puesto que no se les dice que es por los niños, sino por cualquier otro problema en la mesa.

Porque, amigos, si muchos restaurantes tenemos puesto en la puerta un cartel por el que no dejamos entrar perros, y lo decimos en las guías, y ponemos otros carteles en la puerta en aquellos locales en los que fumar no está permitido, y esto también lo cuentan a las guías y lo dicen abiertamente...¿por qué muchos se comen lo otro? Es decir, ?No dejamos entrar niños?. Y ningún problema legal, sencillamente, acogiéndose a: ?Prohibida la entrada a menores de 16 años?.

Lo que duele es no tener el valor y la suficiente honestidad como para decirlo públicamente: ?No se permiten niños?, y que lo publiquen las guías y que haya en la puerta una señal, como la de que no se dejan perros, pues lo mismo, pero para niños. Lo que duele es que, en muchas ocasiones, el origen de esa no bienvenida se debe a lo poco rentable que es, en términos económicos e inmediatos, la silla ocupada por un niño.

Nosotros estamos aquí para tener abiertas las puertas a todo el que quiera continuar o iniciar su recorrido por la gastronomía, y al igual que muchísimos padres salen de vacaciones de vacaciones con sus niños y comparten con ellos el placer de disfrutar (con platos adecuados a cada edad) y conocer ese gran mundo que es la gastronomía. Nosotros debemos ser el apoyo, incluso para los más reticentes, para el que dice que no es rentable: le diría que lo hagan egoístamente porque los niños son nuestros futuros visitantes.

En mi casa entran niños, y la verdad es que me encanta verlos, y también darme cuenta que pasa el tiempo y...un día...plasssssssss...aparecen con su novia, han crecido y ¡les gusta comer!, han aprendido que el restaurante es un lugar no sólo donde alimentar el cuerpo, sino también las experiencias.

Quizá este joven cliente puede permitirse venir sólo en ocasiones especiales, pero precisamente por eso, nuestra bienvenida intenta ser aún más cálida.

Koldo Royo






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