Hay acontecimientos gastronómicos que trascienden el resultado de un concurso. El II Concurso Oficial de Pinchos y Tapas de Castilla y León, celebrado los días 28 y 29 de septiembre en el Palacio de Congresos y Exposiciones de León, ha sido, sin duda, uno de ellos.
Más allá de saber quién consiguió el primer premio —un reconocimiento que este año ha correspondido a Jiale Pan, del restaurante Jiapan de Valladolid, con su propuesta “Doce/29”—, lo verdaderamente destacable es comprobar cómo una iniciativa de estas características contribuye a poner en el lugar que merece la gastronomía de Castilla y León.
Y lo hace desde algo tan aparentemente sencillo, pero tan profundamente arraigado en nuestra cultura gastronómica, como es una tapa.
“Doce/29”, un bao relleno de una reducción de lechazo, acompañado de pesto de piñón de Pedrajas, puerros y cenizas de shiitake, representa además esa capacidad de la cocina contemporánea para dialogar con el producto y con el territorio. Una elaboración que combina técnica, creatividad y producto castellano y leonés y que terminó conquistando al jurado profesional presidido por el chef Pepe Solla.
Pero este concurso no puede entenderse únicamente desde el nombre del ganador.
El segundo premio, para Alejandro San José Birnbaum, de Habanero Taquería, en Valladolid, por “Milpa”, y el tercero, para Juan Carlos Jiménez Pradas, de Azul Mediterráneo, también de Valladolid, por “Belemchazo”, completaron un podio que demuestra el extraordinario nivel de la gastronomía en miniatura que existe en la Comunidad.
A ello se sumaron los accésits a la tapa más tradicional, para Marta Alfayate Jimeno, del Restaurante 1966 Mangas, de Ávila; a la tapa más vanguardista, para Adrián Asensio Malillos, de Cuzeo, en Zamora; y al mejor concepto de tapa, para David Miranda Castañeda, de Las Kubas, en Valladolid.
Seis reconocimientos y, detrás de ellos, muchas maneras diferentes de interpretar una misma idea: que la tapa puede ser también una forma de contar Castilla y León.
Una iniciativa que merece ser reconocida
En mi opinión, uno de los grandes valores de este certamen está precisamente en su capacidad para reunir bajo un mismo paraguas a profesionales procedentes de las nueve provincias de Castilla y León.
Ávila, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora tienen sus propias tradiciones, productos y formas de entender la cocina. Un concurso de estas características consigue que toda esa diversidad tenga un escaparate común.
Y ahí está, precisamente, una de las grandes virtudes de la iniciativa promovida por HOSTURCYL, la Confederación de Hostelería y Turismo de Castilla y León, con el patrocinio principal de la Junta de Castilla y León.
No se trata solamente de organizar un campeonato gastronómico. Se trata de generar una plataforma de promoción para profesionales, establecimientos, productos y territorios.
La gastronomía es cultura, es turismo, es economía y es también una extraordinaria herramienta de promoción territorial. Cuando se apuesta por ella, se está apostando simultáneamente por agricultores, ganaderos, productores, hosteleros, cocineros, restaurantes y destinos turísticos.
Por eso considero especialmente importante que este concurso tenga continuidad y que ya se haya anunciado que Palencia será la sede de su tercera edición.
Que una iniciativa de este calibre viaje por las provincias de la Comunidad permite, además, que el protagonismo no quede concentrado siempre en los mismos lugares. Es una manera de hacer comunidad gastronómica y de reivindicar el enorme potencial que tiene Castilla y León.
Cuando la gastronomía traspasa fronteras
Pero esta segunda edición ha aportado algo más que una excelente competición gastronómica.
Ha demostrado que la gastronomía puede ser también un extraordinario punto de encuentro entre territorios y culturas.
Y aquí hay que detenerse en uno de los momentos que, a mi juicio, dieron una dimensión especialmente significativa al concurso: los reconocimientos entregados durante su celebración.
HOSTURCYL quiso distinguir a Turismo de Austria en España por su labor de promoción turística y gastronómica y por su apuesta por vincular gastronomía, cultura, arte y descubrimiento del destino.
La distinción fue recogida por Kerstin Schwandtner, representante de Turismo de Austria en España, y entregada por José Luis Álvarez Almeida, presidente de Hostelería de España.
La presencia de Kerstin Schwandtner en León y este reconocimiento a Turismo de Austria aportaron al concurso una evidente dimensión internacional.
Y no es un detalle menor.
Que un certamen de estas características sea capaz de abrir sus puertas a la colaboración y al intercambio con otros países demuestra que la gastronomía castellana y leonesa puede ser también una magnífica embajadora fuera de nuestras fronteras.
La tapa, en definitiva, no tiene por qué quedarse en un territorio concreto. Puede viajar, contar historias y servir como puente entre culturas.
Andalucía y Castilla y León, un hermanamiento gastronómico
Y si la presencia de Austria aportó una mirada internacional, el reconocimiento a la Federación Andaluza de Hostelería permitió estrechar lazos dentro de España.
Andalucía fue la comunidad invitada de esta edición y la organización quiso reconocer expresamente el trabajo de su Federación en defensa del sector y en la promoción de la gastronomía andaluza.
El reconocimiento fue recogido por el vicepresidente de la Federación Andaluza de Hostelería, Alfonso Maceda Jiménez de Cisneros, y entregado por Jaime Fernández Lafuente, presidente de HOSTURCYL.
Más allá del acto protocolario, considero especialmente acertado y significativo este gesto. Y lo digo también desde una perspectiva personal: no porque me ciegue la pasión de quien se siente profundamente andaluz, ni únicamente por el cariño y el respeto que profeso a la Federación Andaluza de Hostelería, sino también porque existe entre nosotros un vínculo que va más allá de lo estrictamente profesional.
El pasado año tuve el honor de recibir de esta entidad el reconocimiento al Mejor Comunicador de Andalucía –discúlpeseme la inmodestia–, un galardón que recibí con enorme emoción y que hace que cualquier reconocimiento que se haga a esta Federación tenga para mí, inevitablemente, un significado especial.
Pero, dejando a un lado ese componente personal, creo que el gesto tiene un valor mucho mayor.
Reconocer a la Federación Andaluza de Hostelería en un encuentro de estas características supone tender un puente entre dos territorios con una extraordinaria riqueza gastronómica y con un sector hostelero que constituye una pieza esencial de su identidad, de su economía y de su proyección turística.
Castilla y León y Andalucía son diferentes en muchas cosas, también en sus formas de entender y disfrutar la gastronomía, pero comparten algo fundamental: una manera de vivir la hostelería como parte de la cultura y de la vida cotidiana.
Por eso, que León haya querido rendir homenaje a la representación andaluza me parece un gesto de enorme altura institucional y humana.
Y quizá ahí esté una de las grandes virtudes de este concurso: que no se limita a premiar una tapa o a reconocer el talento de un cocinero, sino que también es capaz de generar encuentros, estrechar vínculos y reconocer a quienes trabajan cada día por la hostelería y la gastronomía.
Jaime Fernández Lafuente y una apuesta decidida por la hostelería
En este punto merece una mención especial Jaime Fernández Lafuente, presidente de HOSTURCYL.
Su papel al frente de la Confederación y su apuesta por iniciativas destinadas a impulsar la gastronomía y el turismo de Castilla y León merecen, a mi juicio, una valoración muy positiva.
Promover un certamen de estas características exige visión, capacidad de coordinación y, sobre todo, entender que la hostelería necesita espacios en los que mostrar todo aquello que es capaz de hacer.
HOSTURCYL representa a asociaciones y establecimientos de las nueve provincias y aglutina a más de 2.700 empresas del sector. Desde esa dimensión, iniciativas como este concurso adquieren una relevancia que va mucho más allá de la competición entre cocineros.
Hay una apuesta por el producto local, por el talento de los profesionales y por la promoción de una Comunidad que tiene mucho que ofrecer gastronómicamente.
Y eso merece ser reconocido.
La continuidad del certamen, con Palencia como próxima sede, demuestra además que existe voluntad de consolidar una iniciativa que puede convertirse en una referencia dentro del calendario gastronómico de Castilla y León.
También se cocina entre bambalinas
Pero hay otra parte de estos acontecimientos que no siempre aparece en los titulares y que, sin embargo, resulta fundamental: la organización.
Un gran evento gastronómico no termina cuando los cocineros salen a escena. Detrás hay muchas horas de trabajo, coordinación, atención a los participantes, gestión de medios y comunicación permanente.
Y en este apartado quiero hacer una mención especial al equipo de comunicación del evento, perteneciente a Coira Comunicación, y particularmente a Laura García Morey, responsable de prensa y persona al frente de un dispositivo que, desde mi experiencia como comunicador gastronómico asistente, funcionó de una manera realmente destacable.
Porque quienes trabajamos en medios sabemos que cubrir un acontecimiento de estas características no consiste únicamente en recibir una nota de prensa.
Necesitamos información, facilidades, coordinación, respuestas, acceso a los protagonistas y, sobre todo, sentir que detrás de la organización existe un equipo que entiende y respeta el trabajo periodístico.
Y en León eso se percibió.
La atención recibida por los compañeros de la prensa fue exquisita. El trato fue cercano, amable y cordial. Hubo disposición permanente para facilitar el trabajo y una voluntad evidente de que los medios pudiéramos desarrollar nuestra labor en las mejores condiciones posibles.
No es un asunto menor.
Cuando un evento consigue reunir a profesionales de la gastronomía, representantes institucionales y medios de comunicación nacionales, la comunicación pasa a convertirse en una pieza esencial para conseguir que todo aquello que ocurre dentro de un recinto tenga después repercusión fuera de él.
Y ahí el trabajo del equipo capitaneado por Laura García Morey merece también ser puesto en valor.
Dos jornadas y una prensa que también hizo comunidad
Hay algo más que me llevo de estas dos jornadas y que quizá sea difícil de medir en una nota de prensa: el ambiente.
León consiguió reunir durante dos días a profesionales de la gastronomía, representantes institucionales, cocineros y periodistas llegados desde diferentes lugares.
La presencia de profesionales de medios nacionales contribuyó a amplificar el alcance del concurso y a trasladar fuera de Castilla y León todo aquello que estaba ocurriendo dentro del Palacio de Congresos y Exposiciones de León.
Y entre los compañeros de la prensa se creó un ambiente especialmente agradable.
La cordialidad, la cercanía y la buena organización facilitaron que el trabajo periodístico se convirtiera también en una experiencia humana.
En ocasiones olvidamos que detrás de cada crónica, cada fotografía, cada entrevista o cada publicación hay profesionales que pasan muchas horas trabajando. Cuando una organización entiende esa realidad y cuida también a quienes tienen que contar el acontecimiento, el resultado final se nota.
Por eso creo que el equipo de comunicación de Coira Comunicación merece una felicitación sincera por su trabajo y, especialmente, Laura García Morey por la coordinación y atención dispensada durante estas jornadas.
León, una magnífica anfitriona
Y tampoco sería justo hablar del concurso sin mencionar a León.
La ciudad ha acogido esta segunda edición como un gran escaparate gastronómico y ha permitido que durante dos días Castilla y León se mirase a sí misma a través de sus cocineros y sus productos.
El Palacio de Congresos y Exposiciones se convirtió en punto de encuentro de una gastronomía que tiene muchas historias que contar.
El acto de clausura, conducido magistralmente por el periodista José Ribagorda, puso el broche a dos jornadas en las que también estuvieron presentes representantes de las principales instituciones y organizaciones vinculadas al certamen.
La entrega de los premios contó con la participación de José Alberto Díaz Pico, consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Castilla y León; Jaime Fernández Lafuente, presidente de HOSTURCYL; y Camino Orejas, concejala de Comercio, Consumo y Fiestas del Ayuntamiento de León.
Todo ello refleja algo importante: cuando gastronomía, instituciones, sector hostelero y comunicación caminan en la misma dirección, el resultado puede ser mucho más que un concurso.
Un jurado a la altura del reto
Otro de los elementos que ha dado categoría al concurso ha sido su jurado.
Al frente se situó el chef gallego Pepe Solla, acompañado por Esther Manzano, Iñaki Bretal, João Oliveira, Luis Arbildua, Susana Martín y Jessica M. Puga.
Durante las dos jornadas se valoraron aspectos como la técnica, el producto, el sabor, la creatividad y la capacidad de cada elaboración para representar la identidad gastronómica de su territorio.
Es decir, no se trataba únicamente de preparar una tapa sabrosa.
Había que conseguir que aquella pequeña elaboración tuviera discurso, personalidad y capacidad para representar una parte de Castilla y León.
Y ese es, precisamente, uno de los grandes atractivos de este concurso.
La tapa como embajadora de Castilla y León
Quizá ese sea el verdadero éxito de esta segunda edición.
Porque una tapa puede parecer pequeña en tamaño, pero puede ser enorme en significado.
Puede hablar de un producto, de una comarca, de una tradición, de una forma de entender la cocina o de una generación de cocineros que busca nuevas maneras de interpretar su territorio.
“Doce/29” ha conseguido el primer premio, pero el auténtico protagonista de este concurso ha sido el talento gastronómico de Castilla y León.
Y también lo ha sido la capacidad de HOSTURCYL para crear un proyecto que pone ese talento ante los ojos de profesionales y público.
Pero esta edición ha demostrado algo más: que la gastronomía puede servir para unir.
Unir Castilla y León con Andalucía.
Unir España con Austria.
Unir a cocineros con productores.
Unir a instituciones con profesionales.
Y unir a los protagonistas de la gastronomía con quienes tenemos la responsabilidad de contar lo que sucede.
Ese es, quizá, el aspecto que más me ha llamado la atención de estas jornadas.
Palencia toma el relevo
La próxima parada será Palencia, sede de la III edición.
Será entonces una nueva oportunidad para continuar construyendo algo que merece tener recorrido: una gran plataforma gastronómica que contribuya a que Castilla y León sea conocida, reconocida y disfrutada también a través de sus tapas.
El camino iniciado con el certamen demuestra que la gastronomía puede convertirse en una extraordinaria herramienta de promoción territorial y de reconocimiento al trabajo de los profesionales.
Y ojalá siga creciendo.
Porque si algo han demostrado estas dos jornadas en León es que la gastronomía no es solamente aquello que llega a un plato.
Es territorio.
Es producto.
Es cultura.
Es turismo.
Es economía.
Es identidad.
Es también la capacidad de tender puentes con otros territorios y otros países.
Y, sobre todo, es el trabajo de muchas personas que cada día hacen posible que una pequeña tapa pueda contar una historia enorme.
León ha demostrado que una tapa puede ser mucho más que una tapa.
Puede ser una embajadora.
Puede ser un punto de encuentro.
Puede ser una ventana abierta al mundo.
Y puede ser, como ha quedado patente en este II Concurso Oficial de Pinchos y Tapas de Castilla y León, una extraordinaria manera de reivindicar el enorme patrimonio gastronómico de una Comunidad que tiene mucho que decir y, sobre todo, mucho que ofrecer.

“Doce/29”, plato ganador

José Luis Alvarez, presidente de Hostelería España fue el encargado de entregarle el reconocimiento a Kesstin Shwandtnr, representande de Tirismo de Auistria

Alfonso Maceda Jiménez , vicepresidente de la Federación Andaluza de Hostelería, recogiendo el premio de mano, Jaime Fernandez, presidente de HOSTURCYL

