
Aunque el tipo de construcción de este establecimiento que hoy visitamos es moderna, está situada sin embargo sobre las ruinas del palacete de verano del Abderramán I, un emplazamiento privilegiado de la ciudad de la Mezquita en contacto con la naturaleza, ya que se asienta en una colina rodeada de vegetación en la falda de la sierra cordobesa.

Me refiero, indudablemente, al Parador de Córdoba denominado, por su ubicación, La Arruzafa, que dirige José Menguiano Corbacho. Desde las amplias y confortables terrazas de este edificio se puede disfrutar de una excepcional panorámica y contemplar diariamente un espectáculo digno de ser visto, como son los atardeceres de la ciudad de los califas.
La botánica del contorno es una de las peculiaridades que convierten a este sitio en un lugar paradisíaco, ya que está rodeado de unos cuidados jardines -entre los que está el de nueva construcción llamado ?Los Naranjos?- donde se encuentran las primeras palmeras de Europa, la confortable piscina, la temperatura (unos 4ºC menos que en el centro de la ciudad) y la paz que proporciona el silencio existente en la zona, hacen que el visitante se encuentre con una agradable sensación de frescor y de bienestar.
En el interior de sus confortables instalaciones, la luz, elegancia y sencillez hablan por sí solas de la exquisita personalidad que se respira en este Parador. La capacidad también define lo diáfanas que son sus habitaciones, vestíbulo, salones de estar y demás dependencias de estos amplios locales. Por su parte, la iluminación artificial del interior del establecimiento en general es tenue, a tono con el color tierra y la madera de suelos, cuero y mobiliario, dada la luminosidad que libremente penetra por los amplios ventanales. Cálidos colores unen lo árabe y lo andaluz en el comedor y el bar, adquiriendo mayor protagonismo la funcionalidad en las salas de convenciones.

Pero aún siendo como son totalmente importantes e imprescindibles todos esos complementos citados que proporcionan al cliente una estancia de lo más placentera, sin embargo el factor gastronómico es indudablemente el complemento esencial que proporciona al viajero el mayor de los placeres.
La red de Paradores de España, como ya he comentado en otras ocasiones, se ocupa de promover, conservar y divulgar nuestra cultura culinaria. En cada uno de los lugares donde se ubica uno de estos establecimientos que hay repartidos por toda España, se ofrece la cocina autóctona de la zona.
Con lo cual, la labor que hace paradores por promocionar la cocina española es encomiable.
Y eso es lo que hace el Parador de La Arruzafa: dar a conocer, a los miles de viajeros que acuden anualmente a este emblemático establecimiento, los encantos que encierra la culinaria local. La cocina, cuyo jefe es Timoteo Gutiérrez, ofrece las excelencias más sorprendentes de los fogones cordobeses. Sus platos, como los que tuve la ocasión de degustar, preparados personalmente por el segundo jefe de cocina, Pedro González, están elaborados con ese toque encantador que tiene la cocina cordobesa en los que no faltan sus reminiscencias árabes.
Ensalada de perdiz, Berenjenas con miel, Atún fresco, o esas Patatas viajeras con bacalao son algunas de las especialidades con las que el comensal queda gratamente sorprendido.

La materia prima de primera calidad es el pilar en el que se basa la oferta culinaria del parador. La sencillez de los embutidos comparte la gloria en su degustación. Otro tanto ocurre con los autóctonos vinos de Montilla y Moriles, santo y seña de una tierra capaz de recrear su recetario con peculiar gazpacho blanco, rabo de toro a la cordobesa, o ese popularmente conocido salmorejo. El Parador de Córdoba La Arruzafa: un lujo al alcance de todos.
Parador de Córdoba La Arruzafa
C/ Avda. de La Arruzafa, s/n
11012 Córdoba
Tf: 957 255 900
Fax: 957 280 409
e-mail: mailto://cordoba@parador.es

