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Gastronomía, Amistad Y Hospitalidad: Ramón Y Domingo, el Mejor Sabor de Lanzarote.



Playa blanca. Lanzarote

Más allá de la brillante jornada gastronómica organizada por la Cofradía Gastronómica La Isabela en Lanzarote, este relato es un homenaje a la hospitalidad, la amistad y la calidad humana de dos hombres excepcionales, Ramón y Domingo, cuya generosidad y amor por su tierra convirtieron una experiencia gastronómica en un recuerdo imborrable.

Hay viajes que se recuerdan por sus paisajes, otros por su gastronomía y algunos, los más valiosos, por las personas que uno tiene la fortuna de conocer. Mi reciente estancia en Lanzarote, con motivo de la jornada gastronómica dedicada al cordero segureño y a las auténticas tortillitas de camarones, organizada por la Cofradía Gastronómica La Isabela, presidida por José Luis Ruiz y con el decidido impulso de su vicepresidente, Ángel Álvarez, me ha dejado un recuerdo que permanecerá para siempre en mi memoria.

Tuve el privilegio de dirigir, presentar, moderar y coordinar aquella jornada gastronómica, concebida para poner en valor dos productos excepcionales. Sin embargo, más allá del éxito del encuentro, hubo algo que me emocionó profundamente: descubrir la inmensa calidad humana de quienes abrieron las puertas de su tierra y de su corazón a la representación de la Cofradía Gastronómica La Isabela, integrada por su presidente, José Luis Ruiz; su vicepresidente, Ángel Álvarez; y quien firma estas líneas, Pepe Oneto, como coordinador general de la Cofradía.

Entre todas esas personas sobresalen dos nombres propios: Ramón y Domingo. Dos hombres diferentes en su trayectoria profesional, pero extraordinariamente semejantes en aquello que realmente importa: su calidad humana, su generosidad, su sencillez y su forma de entender la amistad.

Ramón representa como pocos la esencia de la hospitalidad lanzaroteña. Desde el primer instante hizo que toda la representación de la Cofradía Gastronómica La Isabela se sintiera como en casa. Su cercanía, su sencillez, su elegancia natural, su trato afable y su inmensa generosidad hacen de él una persona difícil de olvidar. Existen hombres que dejan huella por lo que poseen y otros por lo que son. Ramón pertenece, sin duda, a estos últimos.

Conversar con él es descubrir a un hombre que ha dedicado buena parte de su vida a engrandecer el mundo del vino en Lanzarote. Su visión, su esfuerzo, su amor por la tierra y su profundo respeto por las tradiciones vitivinícolas han contribuido decisivamente a consolidar el prestigio de la Bodega La Geria, convertida hoy en uno de los grandes referentes de la isla. Su hijo ha sabido continuar ese camino con acierto y responsabilidad, pero el origen de esa admirable trayectoria nace en la ilusión, el trabajo y la perseverancia de un padre que supo sembrar futuro.

Recorrer la bodega acompañado por Ramón supone comprender que el vino no es únicamente una bebida. Es paisaje, cultura, historia, sacrificio y sentimiento. Cada cepa protegida en los característicos hoyos excavados sobre la ceniza volcánica habla del esfuerzo de generaciones enteras que aprendieron a convertir una tierra aparentemente imposible en un auténtico milagro agrícola. Y Ramón lo explica con la serenidad, la pasión y el orgullo de quien ha dedicado toda una vida a preservar ese legado para las generaciones venideras.

Pero si Ramón representa el alma del vino de Lanzarote, Domingo simboliza la grandeza de la amistad sincera y de la generosidad sin límites. Detrás de su brillante trayectoria como uno de los empresarios más destacados del sector inmobiliario de Canarias descubrimos a un hombre excepcional, incapaz de escatimar una atención, un gesto de afecto o una palabra amable. Durante toda nuestra estancia estuvo pendiente de que a ninguno de los integrantes de la representación de la Cofradía Gastronómica La Isabela nos faltara absolutamente nada, haciéndonos sentir auténticos amigos y no simples visitantes.

Compartir largas conversaciones con Domingo fue descubrir a una persona profundamente humana, cercana, humilde pese a sus éxitos y siempre dispuesta a ayudar a los demás. Su hospitalidad nace de forma natural, sin artificios, con esa elegancia que distingue a las personas verdaderamente grandes. Son hombres como él quienes dignifican el mundo empresarial, demostrando que el éxito solo alcanza su verdadero valor cuando va acompañado de la bondad, la generosidad y el respeto hacia quienes nos rodean.

Ramón y Domingo nos enseñaron, cada uno a su manera, que Lanzarote es mucho más que volcanes, paisajes únicos o excelentes vinos. Nos enseñaron que la auténtica riqueza de una tierra reside en sus gentes. Ellos representan esa forma noble y generosa de entender la vida que convierte al visitante en amigo y al amigo en parte de la familia.

La gastronomía tiene esa maravillosa virtud de reunir a personas que, quizás, nunca se habrían encontrado de otra manera. Un buen plato, una copa de vino y una conversación sincera son capaces de crear amistades auténticas. Eso fue precisamente lo que vivimos en Lanzarote, donde cada encuentro estuvo presidido por el afecto, la cordialidad y el deseo permanente de compartir lo mejor de su tierra.

Regresamos a casa con el recuerdo imborrable de una isla extraordinaria, orgullosa de su identidad, de sus vinos, de sus cocineros y de sus tradiciones. Pero, sobre todo, con el inmenso privilegio de haber conocido a dos hombres excepcionales: Ramón y Domingo. Dos personas distintas en su trayectoria, pero idénticas en su grandeza humana. Ambos abrieron las puertas de su tierra y de su corazón a toda la representación de la Cofradía Gastronómica La Isabela, haciéndonos sentir uno más entre ellos desde el primer momento.

Porque, al fin y al cabo, los mejores viajes no se miden por los kilómetros recorridos, sino por las personas que uno tiene la fortuna de encontrar en el camino. Y Lanzarote regaló a la Cofradía Gastronómica La Isabela dos amigos que permanecerán para siempre en nuestra memoria y en nuestro corazón. Ese será, sin duda, el mejor recuerdo que conservaremos de esta maravillosa isla.


Pepe Oneto
¡Que haya alivio!




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