
Me refiero al tipo que dice que va a montar un restaurante donde se pueda comer carne humana porque, según dice, es tradicional en un lugar de Brasil, en una pequeña aldea del interior de la selva amazónica.
Seguro que sabe mucho de otras cosas (sí sabe de mal-marketing, de mala-publicidad, de mal-utilizar los conceptos), pero como veo que de lo que significa ser cocinero, y de los dos millones de modos en los que podría dar a conocer su gran país ?Brasil- no tiene ni idea, se lo podemos contar desde aquí: conozco (algo) Brasil (es tan grande!), y conozco a mucha buena gente de allí. Hablamos de un país muy interesante en el plano gastronómico con su dimensión de 8.514.877 km2 (no está mal ¿verdad?), y toda esa extensión está habitada por maravillosas personas. Si éste se interesase por la comida brasileña -bastaría la de la zona del Amazonas- y de sus miles de frutas y verduras, no habría dicho semejante tontería.
El nombre de este lumbreras, pues será bueno saberlo si un día te lo encuentras por ahí y se le ocurre darte un mordisco, es Eduardo Amado.
Querido Amado, desde aquí te deseo que no te den la licencia para el restaurante, y que no encuentres a nadie que quiera trabajar contigo en este proyecto. Gracias de todos modos por no haber elegido mi país para ponerlo en marcha.

