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El Fin de una Raza, el Fin de una Especie




Éste podría ser el título de esta entrega. Pero podríamos ponerle muchos otros títulos.

Por ejemplo, también podría ser: ?Se acaba una historia?, o ?Yo no quiero ser cocinero empresario?, ?Yo también quiero tener derechos?, ?A mí también me gustan las vacaciones?, ?Quiero que mi matrimonio dure?, ?Yo también tengo hijos y me gustaría cenar con ellos?, ?Quiero que me conozcan mis hijos?, ?Estoy harto de que piensen que soy rico?, ?No tengo derecho a una baja por enfermedad?, ?Si el negocio me va mal no puedo cerrar (cuesta demasiado dinero)?, ?Las guías pasan de nosotros?...

Como veréis podría poner mil títulos y mil caras a este artículo porque cada día me llegan más cartas y más llamadas de colegas que tienen restaurantes. Y cuando digo colegas es porque incluyo a todos los cocineros, sea cual sea el estilo o categoría de local que cada uno ha querido hacer, sean grandes o sencillos, con estrellas o sin ellas.

El mundo de la restauración está pasando momentos de verdadera locura, tanto en sala como en cocina, cada vez es más difícil encontrar personas que quieran trabajar en los restaurantes (bares con comidas, restaurantes de hotel, todo tipo de locales en los que se sirva comida al público), y amen este oficio, con el peso emocional que crea la propia exigencia de ofrecer comida y servicios dignos. Hoy en día y tal como se está poniendo el sector cada vez compensa menos, hacerse ?empresario cocinero?.

En Europa la sensación de desamparo que sufren los profesionales que son autónomos hace cada vez más difícil que uno tenga ganas de ser empresario. Los cocineros empresarios cuando nos despertamos por la mañana, lo primero que hacemos es rezar para que al llegar al restaurante no nos esperen más problemas que los que, por su propia naturaleza, deberían dar la cocina y la sala de un pequeño restaurante. Y que Dios le dé suerte de no tener una caída o una gripe, porque saben que no pueden ponerse enfermos y, a lo sumo, podrían estar un poco más en cama, pero no mucho más porque la ley del autónomo es así (y somos autónomos porque la ley nos obliga a ello, es decir, yo no puedo elegir estar de alta en el régimen general)(cuando sí se nos dejaba elegir, el empresario pagaba la cuota normal ?es decir, altísima- para no tener a cambio ni derecho a paro ni derecho a casi nada que ese pago que sí se realizaba debería haber cubierto). Cualquier otro cocinero en otra empresa que no sea la suya propia tendría derecho a estar enfermo. Cada vez hay más cocineros empresarios que no pueden tomar vacaciones (no hablo de coger un mes, sino unos días!) porque no les llega el dinero.

Lo que quiero decir es que no estoy pidiendo una subvención, no estoy pidiendo que los bolsillos de los ciudadanos paguen los problemas de los empresarios. Estoy diciendo que empresario no es siempre el equivalente de potentado, millonario o poderoso. Estoy diciendo que la legislación laboral colabore para crear ilusión no sólo entre los trabajadores para trabajar, sino entre los empresarios para emprender negocios asumiendo, por supuesto, los riesgos inherentes a dichos negocios.

Quiero hacerme responsable de mi trabajo, pero no me ilusiona hacerme responsable (y pagar) la desidia de aquellos (que no son todos) que no tienen amor hacia su trabajo.

Podría ser más extenso, pero lo dejare aquí. Espero esta editorial se pueda debatir en nuestro ?Foro?.

Un saludo
Koldo Royo






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