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El Ancla, entre Fogones Y Compases: la Gran Casa Del Chef Del Flamenco



En una ciudad como San Fernando, donde la gastronomía forma parte de la identidad de su gente, existen establecimientos que trascienden la condición de restaurante para convertirse en auténticos guardianes de la memoria culinaria de un pueblo. Y eso precisamente es lo que representa Restaurante El Ancla: una casa seria, honesta y profundamente isleña donde se le rinde culto, con humildad y sabiduría, a la auténtica cocina tradicional de La Isla.

Quien escribe estas líneas quiere dejar claro desde el principio que no habla únicamente desde la admiración gastronómica, sino también desde el afecto sincero y el orgullo de la amistad. Porque hablar de El Ancla es hablar inevitablemente de Nico Cotariella, “El Nico”, un hombre bueno, cercano, amable, simpático y profundamente humano. Un profesional enorme de la restauración y, además, uno de esos amigos que honran la palabra amistad.

No me ciega la pasión de amigo que siento por él; sencillamente, me avala la verdad. Y la verdad es que Nico Cotariella es uno de los grandes nombres de la cocina isleña.

Una cocina sin disfraces

En tiempos donde muchos establecimientos parecen empeñados en convertir la cocina en un laboratorio de extravagancias, El Ancla mantiene una línea firme y admirable: defender la cocina auténtica de San Fernando. Aquí no hay artificios ni rarezas innecesarias. No se cocina para la fotografía ni para la moda pasajera. Aquí se cocina para emocionar, para recordar y para mantener viva la esencia de una tierra bendecida por el mar y por sus fogones.

Nico Cotariella y su magnífico equipo humano —que no es otra cosa que su propia familia— trabajan cada día con un compromiso admirable por conservar y divulgar la cocina tradicional isleña. Guisos de toda la vida, recetas heredadas, pescado fresco de verdad y el sabor de una bahía que sigue siendo generosa para quien sabe entenderla.

En El Ancla se pueden degustar auténticas joyas marineras: esa asedia maravillosa, la pijota traída directamente desde Sanlúcar de Barrameda, mariscos escogidos y el mejor pescado fresco de la Bahía. Pescado vivo, auténtico, tratado con respeto y servido con el conocimiento que sólo poseen quienes aman profundamente su oficio.

Pero si existe un plato que merece mención especial y que ya forma parte de la fama gastronómica de esta casa, ése es el menudo. Porque en El Ancla se come, sin exageración alguna, uno de los mejores menudos de toda La Isla. El auténtico, el de verdad, el que aquí siempre se ha conocido como “el menudo de carnicería”. Un menudo con sustancia, con sabor profundo, elaborado como mandan los cánones tradicionales y alejado de cualquier interpretación moderna que desvirtúe su esencia. Un plato que habla de raíces, de paciencia y de cocina hecha con sabiduría popular.

Porque aquí la cocina no es una pose. Es cultura, es tradición y es verdad.

El valor de una familia

Detrás del éxito y del prestigio de El Ancla también hay que destacar la enorme labor de Guadalupe, conocida cariñosamente por todos como Lupe. Su trabajo, dedicación y entrega forman parte esencial del alma de esta casa.

En realidad, El Ancla es precisamente eso: una familia trabajando unida para que el cliente no sólo coma bien, sino que se sienta en casa. Y eso, en hostelería, tiene un valor incalculable.

El chef del flamenco

Pero hablar de Nico Cotariella únicamente como cocinero sería quedarse muy corto. Porque El Nico ha sabido compaginar durante muchísimos años su brillante trayectoria en los fogones con otra de sus grandes pasiones: la guitarra flamenca.

No en vano, quien firma este artículo lo bautizó hace tiempo como “el chef del flamenco”. Y el sobrenombre no puede ser más acertado. Nico ha sido y sigue siendo uno de los guitarristas más importantes de toda la provincia de Cádiz, acompañando a grandes artistas del cante.

Entre ellos destaca de manera muy especial el inolvidable Rafael Vargas, el gran cantaor isleño que tristemente nos dejó hace ya casi un año y a quien Nico acompañó durante tantísimo tiempo con su guitarra. Una unión artística nacida desde el respeto, la amistad y el amor profundo por el flamenco de verdad.

Porque en Nico Cotariella conviven dos almas inseparables: la del cocinero y la del artista.

Comprometido con la gastronomía isleña

Su amor por la cocina y por las tradiciones de La Isla también quedó demostrado desde los comienzos de la Cofradía Gastronómica Isleña Los Esteros, de la cual forma parte desde sus primeros pasos.

Y quien esto escribe, no puede ocultar el orgullo que siente por haber sido precisamente quien introdujo a Nico en dicha cofradía. Una decisión de la que me sentiré siempre profundamente satisfecho, porque pocas personas representan mejor que él la esencia de la gastronomía isleña.

La repostería de siempre y el vino de nuestra tierra

Otro de los grandes méritos de El Ancla es su fidelidad absoluta a la repostería tradicional. Aquí tampoco hay extravagancias innecesarias ni postres imposibles. Aquí se apuesta por el sabor auténtico de toda la vida: el flan casero, las natillas hechas como antaño o un arroz con leche absolutamente natural y artesanal que devuelve al comensal a los sabores de la infancia.

Todo ello acompañado de una magnífica selección de vinos de calidad, donde también existe un guiño importante a los vinos de nuestra tierra, reforzando ese compromiso constante con lo cercano y lo auténtico.

La Milla de Oro de la restauración isleña

No puede entenderse hoy la pujanza gastronómica de la zona de Hornos Púnicos y el inicio de la avenida Almirante Cervera sin la aportación decisiva de establecimientos emblemáticos como Restaurante El Ancla, Heladería y Pastelería Siéntete, Bar Gallego La Gallega y Bodegón Andalucía.

Todos ellos, junto a otros magníficos negocios hosteleros de la zona, han contribuido de manera decisiva a convertir este enclave en la auténtica “Milla de Oro” de la restauración isleña. Una zona donde el buen comer, el trato cercano y la defensa del producto de calidad siguen siendo señas de identidad.

Un restaurante imprescindible

El Ancla no es simplemente un restaurante recomendable. Es uno de esos lugares que dignifican la hostelería y que recuerdan que la cocina tradicional, cuando se hace con amor, conocimiento y honestidad, jamás pasará de moda.

Aquí se viene a disfrutar de buenos guisos, magníficos pescados, mariscos extraordinarios, postres caseros y vinos excelentes. Pero también se viene a encontrarse con personas de verdad.

Y entre ellas sobresale la figura de Nico Cotariella: gran cocinero, gran guitarrista, gran empresario y, sobre todo, grandísima persona.

Por eso, quien firma estas palabras se honra profundamente de poder llamarse amigo suyo. Porque la amistad de hombres nobles como El Nico es uno de esos regalos que la vida concede muy pocas veces.


Pepe Oneto
¡Que haya alivio!




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