
El día que conocí a Antonio Royo, me abrió la puerta de su estupendo Antonio Bar en San Sebastián
Me abrió la puerta en todos los sentidos, en el personal, y en el literal porque nos abrió a Koldo y a mí la puerta del bar, nos recibió con sonrisa, abrazo de vasco ?casi me sale un morado-, y un montadito de gambas que me metió en la boca mientras me decía "Que has llegado a San Sebastián, a tu casa!!!"
Todo (apertura de puerta, abrazo, montadito en mi boca, exclamación de bienvenida) al mismo tiempo y a tal velocidad que no sabía qué estaba pasando.
No pasaba nada, pero sí pasaba alguien: el Antonio más genuino pasando a formar parte de mi vida
Muchas veces se dice así "estás en tu casa". Eso no significa que puedas creértelo
Yo no tuve ni que pensarlo, porque sentí en ese mismo momento, y con total certeza, que Antonio lo decía totalmente en serio, y así fue. Desde ese día, su casa fue, y sigue siendo, mi casa
Y Antonio, tan genuinamente riojano como genuinamente vasco es su hijo Koldo,
con el mismo ímpetu demostrado en la bienvenida, me presentó a Elisa Coloma -su genuinamente tudelanda esposa y madre de Koldo- y me sentó en el taburete de la barra. Digo "me sentó" porque fue así, y porque ante los fenómenos de la naturaleza, es mejor dejarse hacer
Allí Elisa se sentó también, pero de modo intermitente, porque Elisa iba y venía de la cocina, sacando más y más maravillas ?ahora hay bares de tapas por todo, pero entonces, no- mientras me hablaba de las verduras de Navarra, y de muchas otras cosas de la vida mientras Antonio no dejó de darnos de comer hasta el día siguiente, creo
Deduzco que salí rodando por la puerta, porque de otro modo no me explico cómo mi cuerpo pudo asimilar tal cantidad, variedad y calidad de tapas, pintxos y de todo
El día de ese primer encuentro ?juraría que la comida fue parte del ritual- se cruzaron nuestros ADN, y los genes de esa familia riojano-tudelana-donostiarra pasaron a formar parte de mis propios genes, porque durante estos más o menos 23 años que han pasado entre ese día y hoy, lo único que he hecho ha sido corroborar que, efectivamente, soy parte de la familia Royo-Coloma
Koldo y yo hemos sido matrimonio, socios, nos hemos divorciado, hemos seguido siendo socios y, desde entonces, somos hermanos

Hay cosas que no se explican, suceden. Cuando es así, no es fácil que los demás lo entiendan, ni que te crean
Pero tanto Antonio como Elisa siempre entendieron. Y lo que no entendían, igualmente lo aceptaban y siempre creyeron
Nunca han interferido. Siempre nos han aceptado como somos. Como si fuese yo una hija más
En este tiempo, con mi familia Royo-Coloma ha habido tiempo de conocernos, de disentir, y de compartir. O sea, de querernos
Tiempo de brindar en Navidad mientras veía a Antonio abrir ostras y ostras y?¡Ostras! ¡Cuánto le gustaban a Antonio las otras! Frescas, burbujeantes en la boca
Nunca he visto comer a nadie tantas ostras como cuando Antonio y Koldo se ponían a comerlas, me maravillaba verlos así, porque disfrutaban de todas y cada una de ellas
Si Antonio disfrutaba con alguien o algo, era superior a él: tenía que compartirlo con las personas a las que quería
Y así, alguna vez, regresando de cerrar el bar (y eso significa que podían ser las dos de la madrugada), guardaba Antonio dos ostras para llegar hasta la cama de sus niños (Koldo y Elisa, hermana de Koldo), darles un toquecito en el hombro y ofrecerles una ostra a cada uno
Puede parecer un poco exótico, pero lo que Antonio estaba haciendo era abrir una puerta más: la del paladar, la del gusto y apetito abiertos a los sabores del mundo
Así de cocineros han salido Koldo (versión profesional) y Elisa-hermana (versión casera)

Por lo mismo, un gesto puramente de Antonio era que, mientras él hablaba por teléfono con algún amigo, te lo pasaba. Daba igual si tú o el otro no sabíamos quiénes éramos mutuamente. De pronto, te encontrabas hablando con una voz tan sorprendida como la tuya. Por increíble que parezca, las dos partes aceptábamos gustosos esa mini-cita-a-ciegas que, generalmente, nos hacía reír
Y, por el mismo principio, y ya que el movimiento físico (un no parar este hombre) era algo inherente a Antonio, cuando él no podía ?por trabajo o lo que fuese- moverse, nos mandaba a los demás a paseo, de modo literal
"Os vais a pasear, y luego nos vemos para el aperitivo"
Y tanto si sí, como si no, ibas a pasear, por la cuenta que te traía y porque, de este modo, él paseaba por persona interpuesta
Si tuviese que relacionar alguna palabra con ?Antonio?, ésa sería ?Compartir?. La comida, el vino, las voces del teléfono, EL FÚTBOL (por supuesto, el Antonio Bar tenía peña de La Real) y lo pongo en mayúsculas porque hay que ver ¡menuda pasión futbolera la de Antonio!
También hay que ver menudogenioaveces, y ¡qué mandón! El paisaje rocoso, casi agreste asomando
Por temas de alergia, durante diez años fui vegetariana. Cuando se lo dije a Antonio se enfadó un montón "No me puedes hacer esto!!!" me dijo, como si le hubiese insultado
De hecho, se sintió insultado. Pero yo me reí, y a él se le pasó en cinco minutos. A partir de entonces, se preocupaba de que comiese platos sin rastro animal
Esta misma frase me la dijo años después, para un tema totalmente distinto, y mucho más enfadado. Pero, con las mismas, me abrazó al instante
Todo eso sucede cuando hay mucha pasión y Antonio podía ser cualquier cosa menos tibio
Como buen riojano, sus palabras no están hechas de aire, sino de un material similar a esas piedras que levantan a pulso los vascos
A veces los habitantes de esas tierras norteñas no dicen muchas palabras
Saben que las suyas no se las lleva el viento, y como tampoco son de escabullirse, sí se responsabilizan de esos paisajes ?a veces rocosos, a veces ondulados, siempre verdes, tan bellos- que sus palabras crean
Por eso las que dicen, las dicen de verdad y con todas las consecuencias
Si Antonio y/o Elisa te dicen "estás en tu casa", ya nunca más te reclamarán esa llave. Pero es responsabilidad de uno mismo saber si se la sigue mereciendo o no
Hace unas pocas semanas pude ir a ver a Antonio. Más cariñoso que nunca, por fin más él que nunca.
Nos mandó a paseo, como siempre, y nos esperó a mediodía con un vasito de vino en su bar de toda la vida, para que tomásemos el aperitivo juntos
No pasaban diez minutos sin que alguien se parase a darle un beso, un abrazo
"Hombre Antonio, cómo estás?"
"Aquí, tomando el aperitivo"
Eso hicimos, compartir el sol de San Sebastián, la terracita, el vinito, las aceitunas. Hicimos compartir la vida con Antonio, porque eso es lo que más le gustaba a él
Al lado de la vida, la muerte espera. Y da igual lo mucho que sí la esperes tú, lo mucho que pienses que te has preparado, la idea lógica de que, en algún momento, va a llegar
Es la esperada que nunca te esperas
Siempre te pilla con el paso cambiado
Antonio Royo ha fallecido
Antonio era el padre de Koldo Royo
Muchos besos para Antonio, que nos invitará a todos a una ronda especial y celestial
Muchos besos para Elisa que ha sabido y querido estar con Antonio hasta su último brindis

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