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¿Cómo Llegar a un Congreso Gastronómico en Silla de Ruedas?



Fernando González, en Barcelona

Hola de nuevo, soy Fernando González, el enviado especial a BCNVanguardia por afuegolento.com
Esta semana os voy a contar una historia no tan relacionada con la cocina pero que tiene que ver con mi experiencia en la cobertura del reciente congreso gastronómico en la ciudad condal.

Soy cocinero y, después de muchas experiencias, el año pasado comencé una nueva andadura profesional, concretamente al frente de la cocina del Restaurante Les 4 Gats, en Barcelona. Una tarde como otra cualquiera cogí mi moto (después de una siesta en mi casa, al acabar el servicio del mediodía) y me dirigía al restaurante. Pero este día me esperaba una sorpresa. Doscientos metros después de arrancar, un coche gira bruscamente invadiendo mi carril y lo siguiente soy yo en el suelo sin poder moverme del dolor y sangrando abundantemente. De ahí al hospital, seguidamente varias operaciones más un mes de ingreso.

Hace dos semanas pude irme a casa pero con una diferencia: una silla de ruedas. Esto, en mi caso, es algo temporal, creo que durará unos seis meses, según vaya todo. Por primera vez en mi vida me veo en una situación como ésta, aunque no he dejado de moverme dado mi carácter inquieto y siguiendo el consejo de los médicos: "Fernando, lo mejor es estar activo, tanto para tu recuperación como para tu cabeza". (Algo que comparto totalmente ya que de repente verse en casa tumbado todo el día puede deprimir a cualquiera).

Bueno, sin dar tantos rodeos, os voy a contar mi historia con la silla y no me gustaría hacerlo desde la crítica, sino con una llamada a ser más solidarios y a darnos un poquito más de cuenta de los problemas diarios que puede tener una persona discapacitada... (Actualmente vivo en Barcelona que, según había escuchado,



es una de las ciudades europeas que mejor adaptada está para discapacitados)

El jueves salí del hospital y hoy, lunes, empieza Alimentaria 2010. Desde hace varios meses tenía planeado visitar esta feria y, aunque todavía estoy un poco dolorido de las operaciones, consigo convencer a mi mujer para que me acompañe.

Suponiendo que está todo habilitado nos preparamos y vamos, como siempre nos solemos desplazar (si no es en moto), en transporte público. Cogemos el metro sin ningún problema y montamos en el primer vagón, donde marca como habilitado para minusválidos. Nos dirigimos a la parada de la Plaza de España (ya que pensábamos que la Fira se presentaba aquí) y al llegar comienzan nuestros problemas.

Resulta que nos encontramos con un escalón entre el vagón y el arcén de unos treinta centímetros de altura. Si no fuera por mi mujer me habría sido imposible bajar, aún así sólo esta pequeña tontería fue algo para comentar porque al final estaba mi mujer intentando bajarme (peso bastante más que ella) con la ayuda de otras dos personas, y esto sólo para bajar de un vagón. Una vez en el arcén nos dirigimos a una de las salidas buscando el ascensor para salir pero nuestra sorpresa fue que no había por lo que decidimos llamar por los interfonos destinados para pedir ayuda. Nos dicen que esperemos un momento, que se dirige una persona a ayudarnos. Después de quince minutos llega una empleada del metro Barcelona y nos dice que no hay salida en esta estación. La verdad es que nos lo podían haber dicho antes, pero en fin. Decidimos coger de nuevo el metro, continuar una estación más y volver para ir al arcén contrario, ya que ese arcén tiene acceso con el ferrocarril y salida a la calle en ascensor. Por fin estamos en la calle, no sin antes salvar otro par de vagones casi imposibles y otra media hora.

Estas pequeñas cosas igual no os parecen importantes, porque muchos pensaréis que no es algo tan grave y que al final he podido llegar al destino, pero hay varios puntos que me gustaría destacar. En primer lugar, la vergüenza que he sentido al tener que pedir ayuda para algo tan simple como es subir o bajar de un vagón del metro, y en segundo lugar el tiempo empleado. Parece una tontería, pero para un trayecto que normalmente tardaría veinte minutos, esta vez he tardado una hora y media. No sé para vosotros, pero para mi el tiempo es algo importantísimo.

Nos damos cuenta de que la Fira este año es en Hospitalet, y vamos en ferrocarril, pero esta vez con una sonrisa ya que nos encontramos todo perfectamente preparado y así llegamos a la Fira, donde también tuvimos una muy grata sorpresa al comprobar que estaba todo perfectamente habilitado.

Desde aquí me gustaría agradecer a la organización de Alimentaria el esfuerzo realizado al evitar en su recinto todo tipo de barreras para discapacitados. Podría servir de ejemplo para todas las que no hayan invertido aún en salvar estas distancias.

Al salir son las ocho de la tarde y nos disponemos a volver a casa, pero como hace frío y nos da pereza pasar por otra aventura en metro, nos dirigimos a la parada de taxis. Cuando llegamos preguntamos si pueden avisar a un vehículo adaptado, ¿y nuestra sorpresa cuál es? Contestarnos que no disponen de ningún vehículo adaptado y que tengo que llamar a un número concreto y pedirlo. Después de quince minutos me coge la compañía de taxis preparada para discapacitados, pero para mi asombro me comentan que están saturados y que no me pueden recoger.
Al final y después de insistir bastante nos dicen que el taxi vendrá aunque que tardará...

El día acaba para mí dos horas más tarde (el taxi tardó hora y media en recogernos y media hora en llegar a casa) con un montón de cosas rondándome la cabeza y una reflexión: "¿Por qué es más difícil para mí? ¿Es un castigo más por estar en una silla de ruedas?"

Aquí os dejo este pequeño artículo, para que nos demos cuenta de lo difícil que es para una parte de la población desplazarse por una ciudad.



¿Te gusta este artículo? ¿Qué piensas sobre la experiencia de Fernando?

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