Comer en la Cocina 2
Cocina llena de recuerdos y desventuras todavía recuerdo esos tiempos donde empezaban a convivir la lavadora y la secadora juntas en la cocina, traqueteando. ¡Cómo corrían por la cocina cuando un pantalón o un calcetín se metían por alguna parte del tambor que no tocaba!
A veces era difícil pararlas en sus botes de alegría. ¡Qué tiempos!
También empiezan a quedar lejos esos días donde la familia se lavaba en la cocina encima del fregadero, y qué deciros al recordar esas tertulias después de las comidas, pero...¡Ah!, ¡Todavía no había llegado la tele! Esa gran amiga de la soledad y destructora de la conversación, y de las tertulias y de otros momentos de después de comer cuando las personas todavía echaban la siesta (siesta es vivir sin prisa y echar una cabezada después de comer). Seguro que cientos de miles de niños nacieron gracias a que ella, la tele, aún no había conquistado el espacio de las relaciones. Ella seguramente fue culpable de la caída de la natalidad en muchos países del mundo.
Pero ya sabéis, la tecnología tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.
También me acuerdo de esos platos de lentejas, garbanzos, alubias que en algún momento de mi niñez llegué a odiar (hoy en día me encantan y es uno de mis platos preferidos) con gran en énfasis.
Y ¿os acordáis de ese horrendo puré? Hoy me doy cuenta que no era por ser esos platos era porque comía mirando a la pared. Miles de niños tuvieron ese problema y lo siguen teniendo, a los niños nos gusta mirar, correr y saltar nos gusta el color, por eso hay que intentar que los lugares donde se hagan las cocinas sean sitios agradables y donde se puedan distraer, mirando al techo o al vecino, que puedan mirar al padre o la madre mientras cocinan y donde se puedan levantar de la mesa de vez en cuando.
Desde aquí reivindico unas Cocinas Dignas para una infancia feliz
Koldo Royo