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Bar Del Infierno



Alejandro Dolina durante la presentación de su libro

El pasado 4 de abril, Alejandro Dolina presentó al público su último libro Bar del Infierno, en el Salón Valle Inclán del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Este artista de la palabra conversó con el periodista y escritor Javier Riojo sobre este libro, aunque más bien fue la excusa para llevarnos por caminos y senderos desconocidos. La música idónea para escuchar de fondo no habría sido otra que el tango, ese que Dolina mejor define como ?el tango de entrecasa?. El que se escucha por la radio, cuando la tarde en ciertas ciudades de Argentina, recubre de cierto encanto: los sentidos se afinan para disfrutarlo de la manera más auténtica.

Volviendo a esa tarde donde Madrid, como una mujer encantadora y caprichosa puede tener altibajos y se regodea de ello, la lluvia torrencial daba paso a ciertas nubes y luego nos entregaba trozos de un cielo azul, que desde la quinta planta de este edificio Art Decó se antojaba orgulloso de tenernos en sus manos.

Alejandro Dolina sale de cualquier clasificación, dado lo variopinto de su producción. Es uno de los referentes en su país en el panorama literario con libros como Crónicas del Ángel Gris, El libro del fantasma ó Radiocine. Su programa a altas horas de la noche, cuenta en la historia de la radio muchísimos años y un público devoto y agradecido lo sigue desde el lugar donde se realiza el programa ó desde el dial, que acompaña los últimos arabescos del día de un país donde nada se sabe seguro, pero que se vive con la intensidad como si fuera el último y más exacerbado momento de la existencia. El éter y el papel son algunos de los lugares de expresión, ya que también ha escrito la música y letra de comedias musicales como Teatro de Medianoche así como de una opereta Lo que me costó el amor de Laura, cuyos papeles fueron representados por invitados como Joan Manuel Serrat, Ernesto Sábado o Les Luthiers.

Luego de esta extensa pero no tan fiel bitácora de viaje, decidimos que era el momento para citarnos con un personaje que logra atrapar la atención como si del oxigeno se tratara: algo que se convierte en adicción luego de probarlo.

La cita es en un hotel modernista frente a la fuente de Neptuno, símbolo de uno de los equipos de fútbol de Madrid así como un paseo que en estos últimos tiempos ha dado lugar más que a recreo para sus paseantes, debate para los políticos locales y dueños de museos. Al margen de esas discusiones y como Ariadna en buscar del Minotauro me encuentro con Alejandro Dolina quien con una amplia sonrisa se dispone a responder sin condiciones a mis preguntas.



AFL: ¿Por qué el título ?Bar del Infierno??
AD: Porque es un bar del que no se puede salir y todo lugar cuya salida este prohibida es un poco infernal. Además hay otros detalles infernales en ese bar: las personas repiten sus conductas y no lo advierten. . No perciben del todo sus cadenas, que no sólo son del espacio sino del tiempo y su libertad está restringida del peor de los modos que es con la ilusión de la soberanía . Todos esos detalles me parecieron a mí a la hora de buscar un título, que aunque ese lugar no esté acreditado por la presencia de un ningún demonio ese lugar era, sin duda, el infierno.

AFL: Las conductas que tienen los personajes que se repiten, me recuerda el concepto del eterno retorno. Como lector percibes que se regodean de esa situación: tienen la fantasía de salir de allí pero finalmente siguen atrapados.
AD: Lo que creen que es un gesto de libertad no es más que un acrecentamiento de ese encierro, cuando más creen salir más dentro están. Eso nos ocurre a muchos de nosotros, que buscamos ciertas independencias y no hacemos más que cumplir con ajenas voluntades.

AFL: ¿Te parece que existe un afuera?
AD: En verdad yo pensé en la siguiente alegoría que es un poco lejana pero me parece funcional: en la lengua, en el idioma. Todos los que escribimos y que leemos soñamos con una región que está fuera del idioma o creemos percibir entidades que las palabras no alcanzan a describir. Entonces nos imaginamos un mundo que el idioma no alude y que queremos llegar a fuerza de intuiciones, de sentimientos y presentimientos, y resulta que por ahí ese lugar no existe. Y vienen los duros de la semiótica y nos dicen que solamente existe lo que se puede nombrar. Y viene el mismo Nietzche en persona que nos dice ?cuando dejamos el idioma, dejamos el pensamiento?.
Ese es mas o menos el funcionamiento del bar: se sueña con un afuera pero quizás no lo hay.

AFL: Es en ese lugar donde se proyectaría lo que tu dices que ?los escritores esperan milagros aunque crean que no existen?.
AD: Sí, es verdad. Yo creo que el artista siempre espera algún hecho milagroso pero debe esperarlo en la plazoleta del escepticismo. El que espera un milagro con demasiada ilusión, corre el riesgo de dar por milagrosa cualquier bagatela. Es preferible esperar milagros pero con rigor escéptico. Decíamos ayer ? en la charla con Javier Riojo - que el amor tiene algo de eso. El amor tiene algo de ilusión, de alucinación, de falsa percepción. Pero en definitiva se produce un halago placentero. Quizás la mujer que tenemos no es tan bella como pensamos o tan inteligente como creemos pero nuestro cuerpo y nuestra alma reacciona como si lo fuera y el milagro se produce. Entonces a veces para que andar indagando, si ese rayo que nos ilumina, proviene del cosmos o de una lámpara que han puesto.

AFL: Pasando a otro milagro, en España el tema de la alimentación es un rito que se vuelve cotidiano, un acto de los dioses que ha sido delegado a los humanos. ¿qué te ha parecido la presencia mediática de cocineros españoles?
AD: Sí la he visto, es casi imposible no verla. No está mal. Yo, desde luego, desde el punto de vista de la cultura en el sentido antropológico veo a la cocina española como un de las más interesantes, del mundo te diría. Cuando me invitan a comer un asado la paso bastante mal porque no me gusta. Disfruto de las comidas más elaboradas, esas que tardan muchas horas en cocinar. Los guisos y ahí me remito a la comida española que llevan largas horas de preparación, cocina que por otra parte conozco desde niño. Nosotros nos hemos criado con mucha influencia española en Argentina y la cocina española formaba parte de nuestras costumbres. Así también la música con los fenómenos mediáticos españoles.

AFL: ¿A quién recuerdas?
AD: Miguel de Molina, Imperio Argentina. Esa gente nos parecía nuestra y la cocina española también. Cuando yo viajo a España, regreso con cinco ó seis kilos de indemnización!. Siento un gran placer por todas las formas de la cocina española.

AFL: Tú tienes el programa de radio por la noche ¿Cómo hacer para organizar esos horarios con los de la comida?
AD: Es muy caótica! Es raro que yo tenga durante la semana una comida de placer. Todas mis comidas son rápidas, hechas ?al galope? y en horarios solitarios. Me acuesto a las cuatro de la madrugada, así que me levanto al mediodía y no voy a almorzar. Así que como a eso de las cinco de la tarde, solo como te imaginarás. Y a la noche, como antes del programa o a veces después pero siempre son horarios inconvenientes. Es decir, que a lo sumo, el domingo que no tengo programa puedo hacer una comida más razonable, con el ritual de sentarme tranquilo y disfrutar de las esperas.

El mediodía ha pasado sin darnos cuenta, como la canción de Sabina, parece que nos han robado el mes de abril. Debemos volver a la realidad, ya que en pocas horas Alejandro irá a ensayar con un grupo de tango para el espectáculo que presentará en el Centro Cultural de la Villa. Luego de la sesión de fotos, entre autobuses y turistas con mapas en la mano y miradas extrañas. Madrid amenaza con más agua, quizás desde la plaza del escepticismo, pocos o muchos lo verán como un milagro.

Mientras tanto Alejandro se despide y me invita a su espectáculo. No podré faltar, quiero escuchar ese tango de entrecasa que se combina como una fórmula mágica con las palabras de este artista. Cómo un guiso, de esos que hacían nuestras abuelas que llevaban mucho tiempo, pero que al paladar resultaba único. Un viento algo frío me tienta a ir a mi lugar preferido, un bar escondido pero siempre atestada de gente. Compartir una mesa y disfrutar la cocina casera de su dueña.

?Bar del Infierno?, publicado por Editorial Planeta. Tapa dura. 343 páginas






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