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Algunos Testimonios. Muchas Necesidades por Cubrir



Unión Internacional de Trabajadores de Hoteles y Restaurantes (HERE)

Los trabajadores de los restaurantes afectados por el atentado en el World Trade Center, las familias de los trabajadores desaparecidos, los empresarios del sector de la restauración, todos aportan su colaboración en un intento de recomponer de nuevo sus vidas, sus trabajos y sus empresas.

En cada una de estas personas encontramos párrafos de la historia que estos días se está escribiendo. Porque no es sólo la auténtica desesperación por el familiar o amigo desaparecido, las cotidianeidades suelen ser implacables y las preguntas se amontonan.

Preguntas como las que se plantea R.N, esposa de uno de los 77 trabajadores desaparecidos del restaurante Windows on the World. Su marido Jerome era cocinero en el Windows. Una hipoteca, dos hijos...a partir de ahora sólo entrará un sueldo en la casa.

Como E.R., cuyo esposo, trabajador de uno de los restaurantes, se encuentra entre los desaparecidos. Cinco hijos, entre los 23 meses y los 19 años.

O como W.F., camarero, que tenía que realizar un servicio en el WTC la noche del martes día 11. Es uno de los 230 trabajadores de restaurante que ha perdido su empleo.
entre los trabajadores de uno de los restaurantes desaparecidos.

Más afortunados, unos 800 trabajadores del Hotel Marriott pudieron ser evacuados al hallarse en la base del edificio.

Pero se calcula que, aproximadamente, unos 1.600 trabajadores (sumando los trabajadores del Windows, Marriot, Hilton...) de restaurantes y hoteles de la zona han perdido su puesto de trabajo. Muchos de ellos, de forma permanente. Todo ello sin contar los puestos de trabajo que se están eliminando en todo el sector (30.000 puestos de trabajo menos entre los restaurantes de aeropuertos)

Los seguros de los trabajadores eran seguros básicos: entre 900.000 y 2.000.000 de pesetas.

La Unión Internacional de Trabajadores de Hoteles y Restaurantes Local 100 (HERE) ha creado una fundación para ofrecer ayuda a los miembros de su asociación y a sus familias.

Una historia en la que encontramos miles de párrafos de servicio: Cris Carnicelli, que hasta el pasado martes 11 de septiembre trabajaba como camarera en el World Trade Center y ahora trabaja como uno más de los cientos de voluntarios en un almacén de suministros que se ha instalado en un aparcamiento del Javits Convention Center en Manhattan. En este aparcamiento se llevan a cabo funciones de almacenamiento, aprovisionamiento y distribución de todas las donaciones que llegan desde todas partes.

Porque las carencias son incontables. Pero la necesidad de organizar las donaciones, también.

Cheryl Cambpell, coordinador de este gigantesco almacén, da la consigna: ?No nos hace falta agua. No necesitamos comida. Necesitamos dinero?

Con dinero se pueden adquirir todos los útiles e infraestructuras para el trabajo que se está realizando: máscaras y filtros de aire para impedir que el polvillo de amianto que se expande por el aire a lo largo de kilómetros termine en los conductos respiratorios; protectores para los ojo; botas; guantes que sean capaces de proteger las manos de quienes retiran las toneladas ?cada vez más pesadas- de escombros; algo tan simple como baterías para los móviles que permitirán las comunicaciones entre los voluntarios; frigoríficos para guardar partes de los cuerpos que se van hallando...

Dinero para recuperar, aunque sea en parte, la normalidad, especialmente considerando que un elevadísimo porcentaje de trabajadores de hostelería y restauración son inmigrantes procedentes de Suramérica y su salario representaba la única entrada de dinero para la familia que le había acompañado y, muchas veces, para aquella parte de la familia que se había quedado en sus países de origen.

Dinero, trabajo y sentimiento de esperanza. Urgencias básicas para una ciudad que se reconstruye.






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