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Año VINumero 96

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Los Sucesos de Rafael López-Quintano de Ballesteros (2o Capítulo, 1ª Parte)

Desde hacía unas semanas estaba dedicado a la hacienda. Los tiempos no traían aires tranquilizadores y por ello tuve la necesidad de cuidar de la hacienda más de lo que lo hubiese requerido en otros tiempos. El joven mozo Rafael aún no conocía todos los entresijos de la casa, ¡estaba tan entregado a los estudios!.

Don Francisco Ruiz se retrasó casi un mes, se le complicaron las cosas y prefirió que se apaciguaran los aires que venían de Madrid, sin embargo, como prometió, se presentó al finalizar el Ángelus del mediodía. Parecía cansado, no le dije nada, todo lo contrario, lo agasajé con halagos, pero le reproché entre sonrisas que en los últimos tiempos tenía conocimiento de que no hacía una dieta adecuada por sus constantes viajes; siempre estaba comiendo aquí y allá sin reposo ni adecuados alimentos, y con frecuencia recurría a sangrías con sanguijuelas que le mermaba su ánimo.
Esperé con paciencia que se sentara junto a la ventana, mientras tanto ordené a Rafael que nos trajera un refrigerio, y después me dispuse a escuchar a mi amigo.

- Atienda don Diego, en este último año...-dejó de hablar de pronto y miró alrededor de toda la estancia, después continuó en voz tan baja, que me hizo aproximar mi asiento para escuchar lo que me decía- he estado muy ajetreado. Tiene constancia de que he viajado por el reino con frecuencia, y Vuesa merced siempre me lo ha reprochado por el deterioro de mi salud. Ahora le cuento, por el Altísimo me pongo en sus manos, si puede ayudarme.

- Sabe que si está en mi mano...

- He recibido hace dos días un correo de Portugal, yo lo esperaba antes pero ha habido complicaciones y por eso ha sido el retraso. El Secretario de la corte de su Alteza Real Pedro II, me ha enviado una carta lacrada en el que me comunica que el Archiduque Carlos de Austria tiene su llegada en dos semanas al puerto de Lisboa, y me solicita que se lo haga saber a unas personas en Valencia, pero no debe saber nadie de mi presencia en esas tierras... -aguardaba en silencio a que el Conde terminara con su relato. Me miró a los ojos durante unos segundos para ver si encontraba en los míos alguna respuesta, como no halló ninguna, continuó con su petición-. Sé que le estoy pidiendo algo comprometido, pero si no fuese importante no se lo pediría, además no tengo en quién confiar, estos tiempos están para saber muy bien quiénes son y no son nuestros amigos, y yo lo considero como mi hermano, dejaría mi vida en sus manos si fuese necesario... Además ahora la estoy dejando, don Diego.

Dejé que tomara aliento, pues lo veía algo agitado y esperé que continuara. Don Francisco siempre había sido contrario a las ideas francesas, pero no sabía hasta que punto estaba implicado con los partidarios del Archiduque.

- Sé que don Diego es respetado en Valencia y tiene quien guarde sus secretos que yo no pretendo desvelar...

Don Francisco se refería a la familia de don Analías que a escondidas seguía con su rito judío y que tan sólo los más íntimos sabían de ello.

-No, no, jamás de mis labios saldrá palabra alguna..., pero sería un excelente escondite para que yo pasara unos días en Valencia hasta resolver los asuntos que me han encargado. Será por poco tiempo y daré a su amigo las menos molestias posibles, solo iré a dormir y procuraré que no me vean entrar a su casa.

Durante un rato estuvimos en silencio. Llamé a Rafael y le ordené que preparara el almuerzo para tres, mi amigo se quedaba a comer con nosotros. Le dije a don Francisco que después de la comida le daría mi respuesta, ahora iríamos a pasear por el jardín, tenía que meditar lo que me había propuesto.

Ayudé a don Francisco a levantarse y nos encaminamos al parral donde había una buena sombra y cerca corría un arroyuelo que daba frescor a la huerta.

Comimos manjar blanco y un adobo de solomillos, para postre una escudilla de almendrada. Durante la comida le hablé a don Francisco que debía hacer una alimentación adecuada, le daría después unos consejos que debía seguir y la fórmula de una tisana que debía tomar por las mañanas.

Apenas unos instantes antes de marcharse le di una carta para don Analías, diciéndole que lo acomodase en su casa sin hacer preguntas, el próximo año cuando lo visitara le daría explicación.

Don Francisco mandó llamar a Rodrigo y después de una multitud de agradecimientos se marchó. Su visita me dejo algo intranquilo pero a lo largo de la tarde se me fue calmando el ánimo y cambié mis pensamientos por los fenómenos de don.

Entre la economía de la hacienda y el problema, don Francisco tenía el ánimo alterado, por ello decidí que debía dedicarme a la meditación durante unos días para que mi razón volviera a su estado natural, así que decidí pasar varios días en el Laboratorium meditando y estudiando el Herbarium de Apuleyo Platónico que me había traído un viejo comerciante de tierras de oriente.
Después de unos días ya me sentí más sosegado, lo que me predispuso para intentar probar de nuevo la cocción. "Esta vez cuando Rafael duerma en su cámara iré al Laboratorium, allí me acomodaré y dejaré que el don me invada", decía para mis adentros durante el pequeño paseo que hice por la huerta al caer la tarde.
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Restaurante Casa Herminia (Jaén)
GUÍA DE RESTAURANTES DE JOSÉ ONETO

(José Oneto). En pleno corazón de Sierra Magina, en Jaén, se sitúa un pequeño pueblo de apenas 2.500 habitantes. Este municipio ocupa el sector oriental de la misma, mirando hacia la Sierra de Cazorla y el río Guadiana Menor, en un espacio de tierras áridas y erosionadas que configuran unos parajes naturales únicos en la provincia. La mitad de su término municipal es tierra de cultivo en la que predominan las especies herbáceas de secano, que casi duplica la superficie del olivar. En las tierras no labradas, la superficie se reparte entre pastos permanentes, terrenos forestales, tomillares y espartizales.

La ganadería, principalmente ovina, completa la dependencia económica de Cabra de Santo Cristo respecto del sector agrario. Su iglesia parroquial, del siglo XVII, alberga el célebre cuadro del Cristo de Burgos y en su diseño y construcción intervinieron Juan de Aranda y López de Rojas. Es monumento histórico desde 1985. También destaca, desde el punto de vista histórico-artístico, la llamada Casa Grande (s XVIII), de estilo barroco.

En esta población serrana se encuentra el restaurante “Casa Herminia”, que regenta el joven Alberto Fernández, una persona que siente verdadera pasión por la cocina. »»

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