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Año IIINumero 39


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por Koldo Royo

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Karina Pugh Briceño

Amantes gastronómicos

... "Carmela... ¿quieres más champaña? Preguntó Daniel con los ojos casi cerrados... "No, gracias... lo que quiero es dormir" respondió ella sonriendo y estirándose como una gata... Ambos eran caraqueños, ambos eran casados, pero no entre sí... eran amantes gastronómicos... Se encontraron en Cata, una hermosa playa de la costa venezolana, mientras Daniel recorría el Caribe estudiando los crustáceos (y comiéndoselos) y Carmela disfrutaba de unas vacaciones de su trabajo como reportera.

Ambos caminaban por la orilla del mar, se miraron y fue una revelación... Sintieron el resplandor de un recuerdo milenario, un vínculo ancestral que los unía... Casi sin mediar palabras, Carmela, (que es del signo Leo y no le tiene miedo a nada) tomó la iniciativa... "Te invito a almorzar" dijo, desafiando al destino... Y fueron a deleitarse con los manjares provenientes del cálido Caribe... "Consomé de Guacucos de Cuyagua", "Calamares de Tacarigua al ajillo", "Filete de mero bañado con salsa de camarones de Chichiriviche" y como postre "Merengón de Guayaba"... comieron, hablaron, se rieron, meditaron, conversaron sobre lo humano y lo divino, hasta que llegó la noche y ambos, inequívocamente supieron que eran el uno para el otro... Se fueron como hipnotizados hasta una casona abandonada y allí se amaron hasta el cansancio. A la mañana siguiente prometieron hacer lo mismo año tras año el mismo día, en el mismo lugar.

Cada año, se encontraban en Cata. Carmela llevaba moras de Mérida, langosta de Los Roques, quesos del Valle de la Pascua, miel de Valencia, Champaña de Carora... Daniel llevaba, panes de Caracas, alcachofas de Timotes, tomates de Margarita, embutidos de la Colonia Tovar, cazabe del Amazonas... y “Fosforera”, una mezcla extraordinaria de mariscos típica de las costas venezolanas que estimula hasta los ánimos más bostezados... Eran días de amor y sabores... se amaban entre las frutas y las rosas, Daniel deslizaba fresas por los labios de Carmela, se besaban entre sorbos de miel, se bañaban en jugo de mandarinas... Repitieron sus encuentros durante 9 años... Se conocieron profundamente pero jamás insinuaron quedarse juntos, hasta que un día... Carmela salía del supermercado, luego de una dura jornada de trabajo quería cocinar un caldo que la reconfortara... Metió las bolsas en la maleta del carro y sintió, de repente, una mirada fija en ella, una fuerza que la hacía voltear hacia su derecha... Y allí estaba Daniel... Mirándola desde la acera de enfrente, con ojos dulces e incrédulos... Caracas es enorme, es difícil tropezarse con un conocido y ellos nunca se habían encontrado, pero ahí estaban... Ambos eran caraqueños, ambos divorciados y estaban locos de amor... Pero titubearon; se dijeron que la cotidianidad podría estropear aquello, que su amor estaba basado en la aventura, que la vida los había unido en circunstancias muy especiales... Daniel (que es Cáncer y entiende muy bien las cosas del alma) le propuso a Carmela que se conocieran en el cada día, que se arriesgaran a vivir, que no tenían nada que perder, salvo el miedo... El temor comenzó a desaparecer cuando hicieron mercado juntos, cuando conmovidos escucharon a María Callas cantar “Aída”, cuando entre los dos repararon la batería descargada del carro de Carmela, cuando ella le cocinó a él su postre predilecto “Cachetes de mangos de Maracay flameados al ron”, cuando juntos lloraron al terminar de leer “La Tregua” de Mario Benedetti...

Hoy, 10 años después, son una pareja hermosa con 2 hijos y sus cenas de Año Nuevo son las más deliciosas y divertidas a las que he podido ir.

Cachetes de mangos de Maracay flameados al ron
2 mangos de Maracay firmes y maduros
100 gr de azúcar moreno
100 gr de mantequilla sin sal
Un chorro generoso de ron oscuro
Una pizca de canela.
Hojas de hierbabuena para adornar

Preparación:
Se pelan los mangos y se cortan 2 tajadas de cada uno al ras de la semilla, estos son los cachetes.
Con la mantequilla y el azúcar se hace un caramelo en el cual se cocinarán los cachetes durante 10 minutos. Se salpican con canela y finalmente se
flamea con el ron.
Adornar con hojas frescas de hierbabuena
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