| editorial | |
| Lo Nuestro Sucede en Noviembre por Koldo Royo | |
| firman en esta edicións | |
| Matteo Gaffoglio Los Bailenenses Han Vuelto al 1808 | |
| Lola Lapierre Lo que Le Pasó a Un Espaguetti que Se Sintió Solo | |
| Iñigo Zarauz Curiosidades Sobre Los Antecedentes Históricos en La Ingesta de La Carne de Bovino | |
| José Oneto Primer Establecimiento de Almería que Recibe El Certificado Q de Calidad Turística | |
| Miguel Guzman Peredo Cata Vertical de Nueve Añadas Del Vino Gran Coronas Reserva | |
| Raúl García Jiménez Pasta Fresca Ecológica | |
| Quique Rodríguez Primera Feria de Francia en Madrid | |
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A un espaguetti que se sintió solo, le pasó lo mismo que nos pasa a muchos: Nos sentimos perdidos cuando no tenemos lo que necesitamos, aquellos ingredientes necesarios para nuestra felicidad que nos hacen personas completas. Pero nos espabilamos para encontrarlos porque nos gusta estar bien. Todo empezó un día que alguien le usó como gancho para ver si estaban listos los espaguetis después de hervir en agua y lo cogió y lo tiró contra la pared dejándole ahí pegado un buen rato hasta que se cayó al suelo. Hasta que no pasó un rato fuera de la olla, no empezó a sentirse extraño cual pulpo en un garaje, ¡Qué fuera de lugar de repente!, ¿y sus amigos?, ¿el agua?, ¿la sal?… El pobre… ¿Dónde estaban sus compañeros? Tenía la costumbre de estar rodeado por otros espaguetis y como estaba, en el suelo de una cocina, se sentía sólo… ¿Y la salsa de tomate que le habían prometido? ¿Y el queso rallado que decían que vendría después de ebullir? Leñes. No tenía ninguna ilusión, ninguna promesa parecía ir a verse cumplida ni ningún motivo por el que había nacido, ¿Cuál, entonces era la razón que tenía para vivir? Se preguntaba estirado en una baldosa. Al concluir que ninguno, decidió arrastrarse por la cocina como buenamente pudo, trepar y meterse en la nevera. Y una vez allí, al ver una jarra, la escaló hasta caer dentro y zambullirse en una sangría. Empezó a notarse confundido con los efluvios del alcohol pero le hizo gracia lo de flotar. Empezó a notar que llevaba una borrachera de miedo, pero no tenía nada que perder. Había perdido a sus compañeros de cazuela y como no iba a encontrarse nunca ni con el tomate ni con el queso rallado, nadar por ahí resultó ser su mejor opción y además empezó a notarse contento. Tanto era así que incluso le llegó a salir un cántico en italiano: o sole mío, o sole mío (no o sole mío, o sole tuyo, curiosamente). Alguien cogió entonces la jarra por la que andaba buceando y sirvió la sangría en unos vasos. Él iba tan contento que no sabía adónde iba ni le importaba, cuando se vio deslizándose como por un tobogán. Una voz, ajena a él, exclamó: ¡Hay un espaguetti en el vaso! ¿Qué hace aquí? Tíralo a la basura… Y él pensó: menos mal que no me han reconocido. ¡Soy el que estaba pegado a la pared! Jejeje. Salió del cubo cuando no había nadie y se deslizó hasta la nevera de nuevo, ¡Qué se pensaban! Ahora le había encontrado el gusto a su nueva vida aventurera. Se encontró con un plato de calamares y decidió que serían sus nuevos amigos. Iba tan animado que les invitó a bailar a coro con él y con las anchoas de al lado. Rodeado de amigos, qué bien, volvía a ser el espaguetti de antes, esperanzado y con ganas de vivir. Sólo fue el comienzo de grandes retos. Volando voy, al dente vengo… |
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