Hornazo, delicia del Lunes de aguas salmantino

14-04-2015    |    Por A fuego lento

 

Como estamos en un portal gastronómico empezaremos hablando de la parte culinaria del asunto. El hornazo, cuya receta se resume al extranjero -e incluso al español del norte- como “empanada de embutidos”, es una contundente receta no apta para vegetarianos, el cachopo castellano.

Consiste en una masa jugosa rellena de chorizo, jamón y filetes de lomo, ingredientes a los que se les puede añadir huevo cocido -de hecho, en algunas zonas de Toledo, el huevo duro es el protagonista del relleno-. La prohibición de comer carne durante la Cuaresma está detrás de esta receta de Semana Santa, obra culmen de la chacinería, que aumenta su valor calórico gracias a la manteca de cerdo que se le añade a la masa.

Pero como decíamos, el hornazo no es exclusivo de Salamanca. Buena parte de las provincias de las dos castillas y de Andalucía lo tienen entre sus recetas tradicionales. En Ávila, por ejemplo, existe una tradición similar a la salmantina, aunque en la tierra de Santa Teresa la costumbre de la salida campestre se adelanta al Domingo de Resurrección. Su elaboración es parecida, aunque la textura de la masa queda más esponjosa y en algunas zonas de la provincia abulense lo preparan dulce.

En Castilla-La Mancha también es común, tanto el producto como las salidas al campo para comerlo. Uno de los hornazos manchegos más populares es el de Puertollano: una torta dulce de bollería elaborada con harina, aceite, azúcar, huevo y zumo de naranja, huevo cocido como relleno y cobertura de azúcar. En otras localidades, como en el municipio toledano de Santa Cruz de la Zarza la tradición manda preparar el hornazo dulce: una torta de manteca y azúcar recubierta de clara de huevo con azúcar y cubierta de anís o virutas de chocolate.

El Lunes de aguas charro

El origen de esta curiosa tradición data del siglo XVI, cuando el profundamente católico Felipe II,  casado en Salamanca, decidió expulsar a la mujeres de vida alegre de la ciudad durante la Cuaresma para evitarle a los vecinos las tentaciones carnales en esos días de recogimiento. De vigilarlas al otro lado del río Tormes se encargaba un sacerdote al que se bautizó con escasa sutilidad ‘Padre Putas’ -después se suavizó el nombre y el ‘Padre Lucas’ se convirtió en el más famoso cabezudo charro-.

Superadas la Cuaresma y los días de Pasión, una semana después del Lunes de Pascua, el sacerdote las sacaba de su exilio y las devolvía a la ciudad en barcas. Allí, a orillas del Tormes, se agolpaban muchos de los estudiantes que vivían en la ciudad universitaria para recibirlas provistos de abundantes víveres y ganas.

Más de cinco siglos después, esta festividad de raíces paganas se mantiene -de hecho, se celebró ayer- y ve en prados, orillas de ríos o casas del pueblo emplazamientos ideales. En otras provincias existen fiestas similares, como el Lunes de Quasimodo gaditano, donde el protagonista es su hornazo dulce, más parecido a una torta y con mucha tradición de elaboración casera.

Para gustos, hornazos… ¡Qué aproveche!

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