Cuestión de estilo

26-01-2000    |    Por Mauro Alberto García



Para bien o para mal, gozo de algunos y hastío de otros, los vino deben tener estilo, personalidad, carácter, ese ?algo? indescifrable que los hace tan diferentes a otros y tan parecidos a sí mismo. Caros y novísimos vinos salen al mercado unos cuantos cada mes, pero muy pocos son claramente diferenciales, distinguibles entre la masa anónima de una cata a ciegas.
El patrón del vino puede venir marcado por las particularidades del terruño donde se cultivan las vides, el ensamblaje de determinadas variedades, la personal manera de dirigir la vinificación por parte del enólogo o el uso de un determinado tipo de barrica, entre otros factores. Todos estos aspectos, de manera individual unas veces y en interacción común otras, contribuyen a forjar estilo, a encauzar la línea del vino en una determinada dirección, a que predominen determinados aromas y sabores o a que se impongan unos criterio sobre otros.
Las bodegas que marcan estilo con sus vinos acaban creando escuela, hacen reconocibles sus productos dentro de su mercado y mantienen año tras año un nivel de calidad alto. Además suelen calar en el consumidor y dejar satisfechos los experimentados e inefables paladares de los críticos. Igualmente, en aquellas cosechas de menor entidad pueden lograr que la personalidad de su vino se desmarque de la lógica cerril de la añaditis.
Entre los vinos españoles, hay algunos que resultan un fidedigno exponente del maridaje entre estilo bien definido y calidad continuada: Pesquera, Abadía Retuerta Clos Martinet y Pazo de Señorans pueden ser algunos ejemplos. En el primero de los casos se trata de una bodega que año tras año, sin defraudar a sus seguidores, comercializa unos vinos que, además de mantener una excelente relación calidad-precio, siguen una línea bien definida. Elaborados 100% con uva Tempranillo, que aporta mucha densidad y taninos de calidad, son los Pesqueras vinos potentes, densos, sabrosos, con taninos que se agarran al paladar e inconfundibles aromas avainillados del roble americano.
José Luís Pérez y su hija Sara elaboran en la comarca tarraconense del Priorato vinos de gran éxito en las catas y extraordinario aceptación en el consumidor. Son los Martinet vinos multivarietales (Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Garnacha) donde el roble francés aporta sutiles notas especiadas que se engarzan a la perfección con los aromas predominantemente minerales y balsámicos de las uvas. De entre todos los Priorato el Martinet se distingue por su mayor elegancia y equilibrio; se trata de vinos muy placenteros para beber, incluso en sus primeros años, no encontrándose en ellos rasgos de excesiva dureza de taninos o hermetismo aromático tan propios en algunos de sus vecinos.
La heterogénea, inteligente y amplia gama de vinos de Retuerta resulta muy atractiva para el buen aficionado, que tiene la oportunidad de encontrar en estos vinos, de diferentes calidades y precios, características similares que los familiarizan. Desde un Primicia a un Rívola en los que predominan la frescura y los rasgos frutales, hasta los excelsos vinos de Pago, Vadebellón y Negralada, que alcanzan mayores cotas de concentración, aparecen en todos los vinos de Abadía unos curiosos y encantadores aromas de menta y eucalipto, que contribuyen a marcar el estilo de la casa, caracterizado también por sus finos y suaves taninos.
Para terminar y por no ceñirnos exclusivamente a los tintos, citaremos un blanco gallego de las Rías Baixas: Pazo de Señorans, como prototipo de Albariño delicado, glicérico y frutal que hace las delicias de los aficionados a este tipo de vinos por su magnífico equilibrio entre alcohol y acidez, una acidez que está ahí pero no eclipsa los golosos sabores de fruta que colman el paladar. Como en los casos anteriores en este blanco se cumple el axioma de la regularidad año tras año.

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