Vinos de calidad después de la “pertinaz” sequía…?


26-09-2012    |   


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Hay dos formas de perder uvas en el ciclo vegetativo de la uva: Una por agentes atmosféricos sobrevenidos de modo súbito como pedriscos, heladas, etc., que afectan superficies limitadas de viñedo. Los primeros pueden asolar las viñas de una región o comarca; difícilmente afectará a miles de hectáreas simultáneamente. Resultado: las zonas afectadas pierden cosecha y las restantes no se ven afectadas. El problema es cuando el mal se generaliza y afecta a grandes superficies; la acción climática sostenido puede alcanzar a miles de hectáreas.

 

Ed Hellman, experto de Texas AgriLife Extension, señala con claridad los efectos del agua en los cultivos de uvas: “La disponibilidad del agua del suelo tiene una fuerte influencia en el crecimiento de las vides y su manipulación es una práctica clave en el manejo de viñedos. Cuando existe humedad inadecuada del suelo: a)- Provoca estrés del agua en la vid. b)- Reduce su crecimiento y la producción de frutos. c)- Puede influenciar en la calidad de la fruta, ya sea positiva o negativamente, dependiendo en el tiempo y la duración del estrés,” 

 

Este enunciado hace referencia al exceso o carencia de humedad, ambos perjudiciales para garantizar las buenas cosechas, y propone medios para administrar el agua a los términos justamente necesarios.

 

Pero ¿qué sucede cuando no hay agua? Según Jesús Sesé y Estanislau Dalmau, de ENATE, “El agua; elemento fundamental para el crecimiento vegetativo y la fructificación del viñedo, determina el rendimiento, la calidad de las uvas y las características de los vinos.” Y prosiguen: “Una sequía progresiva durante el período de maduración, de intensidad limitada para no afectar significativamente a la fotosíntesis, favorece la acumulación de azúcares y de compuestos fenólicos a expensas del crecimiento vegetativo. A medida que los niveles de restricción hídrica aumentan, aumenta también la riqueza de componentes relacionados con la calidad del mosto (fenoles, azúcares). Sin embargo, si se sobrepasa un cierto nivel de restricción hídrica, la uva deja de ganar en componentes denominados “de calidad”, y los rendimientos productivos (kilos de uva por hectárea) siguen disminuyendo.

 

Para contrarrestar la sequía “y obtener uvas de la máxima calidad, dado el clima semiárido del Somontano (con casi ausencia de lluvias en los meses estivales) y un suelo de textura franca con poca capacidad de retención de agua, ENATE dispone de sistemas de irrigación en buena parte de sus viñedos; implementados con medios de determinación del estado hídrico de las cepas que junto con un mejor conocimiento del estado, nos permite hablar de “riego sostenible“.

 

En el pasado mes de Marzo, Julián Palacios, socio de Enonatura, analizaba la difícil situación de la vid y recomendaba, en previsión de una brotación irregular por la sequía, regar en «abundancia» a los viticultores con posibilidades de hacerlo”. Su escrito recorría la estación invernal recién terminada y aventuraba algunas anomalías:

 

“Acabamos uno de los inviernos más extraños que se recuerdan. Los registros climáticos nos remontan a muchos años atrás para encontrar episodios similares. El hecho más relevante es la falta de lluvias, que ha provocado una sequía muy preocupante para el campo. En cuanto a las temperaturas, han sido muy suaves durante casi toda la estación, pero fueron interrumpidas bruscamente por una ola de frío intenso en febrero. Con la primavera, el viñedo está en disposición de brotar. Antes, los técnicos de viticultura debemos conocer cómo han podido afectarle estas situaciones climáticas descritas, para así prever posibles anomalías y ponerles remedio cuando sea posible.”

 

La sequía

“Con la falta de agua no puede afirmarse lo mismo. La sequía está teniendo consecuencias muy graves en el campo riojano. Ya las estamos sufriendo en los cereales, y el viñedo no va a ser ajeno a esta situación. En las raíces de las cepas se acumulan las reservas que permiten la brotación tras el reposo invernal. Estas reservas se acumulan en la planta durante el ciclo anterior, desde el envero a la caída de las hojas. Hay que recordar que la situación del verano pasado fue complicada en muchos viñedos, por lo que la acumulación de reservas pudiera no ser la adecuada en muchos casos.

 

Cuando el calor comienza a hacerse notar y la temperatura del suelo supera los -10ºC, la savia se pone en movimiento y se produce el denominado ‘lloro’ de la vid. Esto indica la movilización de reservas de las raíces hacía la parte aérea de la planta, y para ello es necesario un cierto contenido de humedad en el suelo. Es evidente que en estos momentos no se dan las condiciones para que esto suceda, por lo que es de esperar una brotación tardía, débil e irregular. En resumen, una brotación regular o mala con las graves consecuencias que acarrea posteriormente.

 

Ante este desolador panorama, muchos viticultores tienen en sus manos una herramienta fundamental para paliar esta situación. Es el momento de regar los viñedos con generosidad, llevando el agua a aquellas zonas del suelo donde están las raíces, activando las de profundidad de tal modo que las plantas puedan brotar a tiempo con vigor y homogéneamente. Así que a regar las viñas quien tenga posibilidad. El resto…, a seguir mirando al cielo.”

 

La pregunta del “millón” es si todos los vitivinicultores han podido disminuir los riesgos de la sequía, a base de proporcionar agua en tiempo, forma y cantidad a las viñas. ¿Todos? ¡No! En amplias zonas de nuestro país (primero mundial en superficie cultivada y tercero en producción) los precios de la uva no dan para regadíos, ni para aprovisionarse de agua, tuberías, aspersores, etc. Porque sequías ya ha tenido el campo en España (la famosa “pertinaz sequía), y mal que bien la cosa estaba prevista y se esperaba. Pero es que la sequía de este año no se conocía desde muchos años atrás, con olas de calor que han marcado los 45 y más grados C.

 

Pero en aquellas sequías, los vinos cuando eran de inferior calidad, se decía lisa y llanamente, y el personal se bebía la cosecha y punto. Incluso las viejas “tarjetas de añadas” calificaron alguna cosechas como “Mala” y otras “Regulares”. Pero desde que todas son “Muy Buenas” y “Excelentes”, a ver quien se sale de la fila. Y doy por supuesto que los medios y conocimientos han cambiado, a mejor, en los últimos años, pero creo que no tanto.

 

Ya termino y me van a perdonar que lo diga alto y claro. No me creo que “la cosecha es escasa y los vinos de gran calidad”. Lo primero sí, lo segundo no lo creo. Dicho sea desde mi condición de aficionado al vino y que siempre paga los que se bebe, habitualmente en compañía de otros buenos aficionados.

 

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José Luis Lejonagoitia




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