El Chorote de don Tulio Febres Cordero


26-11-2009    |   


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El cacao es una verdadera joya americana, y desde su aparición en el mundo, y después de ocurrida la conquista, genera diversidad de estudios, libros y monografías. Un sabio venezolano, Don Tulio Febres Cordero, realizo, entre tantas investigaciones y trabajos dedicados a escrutar la cultura del continente, uno referido al chocolate y el chorote. Evoca, pues, en su largo recorrido por el devenir del cacao, no solo aquellas fechas de principios del siglo XVI, cuando cruzo el mar océano para convertirse en una bebida lujosa y rica, sino que ostento en el mercado de productos, un alto precio ajustado a su linaje indígena. Era, para ese tiempo, una sustancia que se cotizaba con buen pie, dejando atrás a otras más conocidas.

Fue el brebaje de los ricos, la receta predilecta en mesas de alcurnia y de elegantes conversaciones. El cacao, transformado en chocolate, también fue objeto de discusiones acaloradas y de debates especulativos, que se dividían entre aquellos que creían en sus poderes medicinales, y los otros que dudaban de lo primero. Recuérdese que el cacao provenía de un altar antiguo y respetable, alcanzando grados de divinización en la cultura tolteca y azteca, de la cual no era exclusivo en tierras americanas. A eso se refiere el excelente trabajo del filólogo e historiador venezolano. Su intención, muy clara, era la de rescatar la importancia del cacao en tierras venezolanas, en grupos humanos comprendidos dentro de la cultura muisca.

No desconoce, que entre las tantas peculiaridades que rodearon la presencia del cacao en las otras culturas autóctonas, estuvo la que, en su vida cotidiana, asigno el uso de la misma como moneda, aun cuando compartía libreto de primera en los rituales. Resalta, entre tantas cosas,



la idea de que el Barón de Humboldt, durante su recorrido por estas tierras, no alcanzó a tocar las que se encuentran en la zona propiamente andina. Por eso aseguro, de manera equivocada, el no haber tropezado con tribus que usaran el fruto del cacaotero y la afirmación de que era muy poco probable, que existiera una bebida comparable al chocolate, en esta región, sino hasta la llegada de los españoles.

Demuestra el estudio, que no solo se consumía el chorote, resultado de una preparación del cacao, sin la insistencia del azúcar, lo cual daba una consistencia grumosa, que a mas de sabrosa, servia de instrumento en su particular forma de adorar a los dioses. Y que hasta muy entrado el siglo diecinueve, se acompañaba de plátano maduro y asado. Sin embargo, el plátano fue cediendo su espacio a otros acompañantes, para satisfacer los gustos de la nueva elite conquistadora, que le agrego otra forma de conseguir su carácter dulce, que antes aportó el anterior acompañante.

Fue también, como lo demuestran ciertos escritos de algunos viajeros a la indias, un recurso para agilizar actos de hechicería: en manos del brujo de la tribu, se transformo en ofrenda, con la cual se esperaba la salida de espíritus adversos, o la súplica de ánimas colaboradoras. Llamado por los españoles chorote, quienes acariciaron esa invención. También se sospecha, que tuvo complicidad en el drama de los embarazos, debido a que existen registros de objetos, donde aparece el dibujo de una mujer, en cuyas manos se sostienen vasijas, que por su forma, recuerdan las que se usaban para el consumo del chorote.

El chorote, cuyo nombre evoca un dialecto indígena, así como la palabra chire, con la que se denomino al fruto del cacaotero, son parte de esta cultura, que encontró sus propias formulas, un tanto diferentes, de aquellas que relata el sabio venezolano con mayor elegancia, y que cuentan el capricho de Montezuma, que obligaba a sus súbditos a fabricar una espuma gloriosa, que llevaba su tarro con chocolate a niveles inverosímiles. Este chorote, en cambio, era un brebaje ?negro y sin espuma?, que según algunos estudios, resultaba mucho mas medicinal que la otra forma de preparación.

Fue, a decir verdad, no una sustancia acompañante, sino que fue considerado un verdadero alimento; un obligado y riguroso miembro de la dieta de los indígenas, que lo consumieron frío, a diferencia de los españoles, que para reducir los efectos del clima de algunas zonas, lo ajustaron a sus gustos con un alza en su temperatura. Hubo, entre tantos atentos seguidores de el chorote, quienes lo incorporaron como bebida de pobres a sus diccionarios. Es de notar, que en algunos casos se habla, de la suma del azúcar a esta sustancia autóctona, pero se trataba de azúcar negra.

De todas maneras, es lógico que esta bebida o chorote, fuera el compañero ideal para los indígenas de tierras venezolanas, en su largo periplo por los bosques y los ríos, así como el gratificante brebaje para aclimatar a los españoles en su tempestuosa incorporación a esa nueva geografía. Estoy convencido, que de haber ganado fama en el viejo continente, mucho antes de la muerte del gran Leonardo da Vinci, este no hubiese tardado en incorporarla a sus asombrosos apuntes de cocina. Sin embargo, los descendientes de Don Tulio Febres Cordero, quien a parte de escribir importantes estudios etnográficos e históricos, necesarios para entender la cultura venezolana, también concibió un breve libro de recetas locales, acerca de dulces, platos con gallinas y otras cosas mas, que su herederos, como la Tía Coca, rescatan en su residencia, bañada por la frescura de las noches caraqueñas.

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Manuel Bolivar




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