Entrevista a Isasaweis: sobre Asturias y la familia


08-04-2015    |   


ARTÍCULOS



 

La semana pasada publicamos la primera parte de la entrevista que le hicimos a esta bloguera de belleza (y de cocina, y de maternidad, y...) aprovechando su paso por la capital para presentar su primer libro culinario, ‘La cocina de Isasaweis. Belleza por dentro y por fuera’. He aquí el segundo capítulo de lo que nos contó.

¿Dónde aprendiste a cocinar? ¿Viene de casa o ha sido culpa de los canales de cocina?
Bueno, mi madre, mi abuela, mis tías, me dieron unas bases. Pero la verdad es que cuando me independicé no sabía hacer casi nada. Recuerdo que uno de los primeros guisos que quise hacer fueron unos garbanzos y los tuve horas y horas al fuego y seguían como piedras. Yo decía, “pues estos los ablando yo…”. Al final nos los comimos pero muy duros. Así que he ido aprendiendo porque a todo lo que te gusta mucho le echas todo el tiempo que haga falta y la práctica hace el saber, no hay otra. Luego he seguido mejorando con libros, internet, programas… Y sigo: el otro día le pedí a mi madre que me mandara por whatsapp un audio con una receta que no recordaba.

¿En casa cocinas tú?
Normalmente sí. A mi marido se le da muy bien y le gusta mucho innovar, pero él cuando se mete en la cocina es para empezar a probar, así que en el día a día cocino yo.

¿Y eres de las que les gusta cocinar tranquilamente, con copita de vino y música o vas a todo trapo?
¡Qué va! Nunca he entendido la imagen esa de las películas de llegar a casa ponerse una copa de vino y empezar a preparar el pollo. Yo cocino a salto de mata, con lo primero que pillo en el congelador. Otra cosa es que de vez en cuando quieras pasarte la tarde cocinando algo especial o probando algo. Entonces suelo cocinar con mi marido y echamos horas juntos en la cocina.

¿Qué tal comen tus dos niños?
Pues he tenido mucha suerte, soy muy buenos comedores los dos. El mayor, que va a hacer ahora cuatro años, come de todo. No sé si influyó que cuando estaba embarazada seguía con mi alimentación normal, muy variada, con muchas verduras, pescado… y dicen que eso ayuda a que luego no rechacen nuevos alimentos. O también puede ser que en mi casa siempre han comido lo mismo que los mayores y allí no se monta ningún drama: si alguna vez no le gusta lo que hay o no quiere comerlo no pasa nada, “vete a jugar, majo, pero no voy a cocinar otra cosa”. Claro que hay que tener paciencia porque son niños; a veces tengo que recurrir a los cochecitos y entretenerle, tratar de liarlo. Pero siempre han comido lo mismo que los mayores, tanto en una boda como en los restaurantes, el mismo menú.

¿Salís mucho a comer a restaurantes?
Si fuera por mi marido comeríamos todos los días fuera, no creo que haya un placer mayor para él. Solemos ir de vez en cuando, el fin de semana… En verano salimos más; aquí en Asturias la gente sale a los merenderos en cuanto hay un rayo de sol.

¿Y se puede comer fuera y sano?
Pues yo creo que sí, aunque no lo busco. Hace años sí, cuando llegaba a un restaurante cogía la carta y buscaba platos sanos. Ahora no me preocupa, voy a por lo que más me apetezca. La suerte es que me encantan las ensaladas, en mi mesa siempre hay una.

¿Nos recomiendas un restaurante? Alguno de tus favoritos en Madrid y en Gijón...
Siempre que voy a Madrid aprovecho para ir a algún japonés, me encantan y hasta hace un par de años en Gijón no había ninguno. Hace poco nos llevó una amiga a uno muy típico, 'Naomi', nada masificado, muy auténtico. En Gijón me da pena citar alguno porque hay tantos y se come tan tan bien. Siempre que vienen amigos de fuera coinciden en lo bien y contundente que se come en Asturias y lo amables que son los camareros, te tratan como amigos.

La verdad es que la gastronomía de Asturias da para un libro aparte. ¿Te atreves a recomendar un menú regional (y que no incluya fabes ni cachopo)?
(Risas) ¿Sin cachopo? A ver, lo difícil es elegir. Empezaríamos con un pastel de cabracho, un pescado de roca que en Asturias está en todos los restaurantes. Se toma frío, con nata, una salsa rosa y pan tostado. De segundo, unos chipironinos afogaos, que van rehogados y se sirven en una cazuela. Y de postre, ¿me dejas arroz con leche?

Permitido. ¿Qué plato te recuerda a tu infancia?
Por ejemplo, las torrijas de mi abuela. Mi abuelita vivía con nosotros y recuerdo llegar del colegio y tener allí sus torrijas, cantidades enormes. Pero no son como las que se ven por ahí, como picatostes que se rebozan en aceite, se pasan por azúcar y canela y se sirven secas. Ella las bañaba en leche, las freía y después les hacía un almíbar de vino blanco, no muy azucarado, lo reducía y se dejaba enfriar para comerlas al día siguiente. Aunque no solíamos esperar y se acababan aún calientes.

Continuará…

TAGS    ARROZ POLLO PESCADO VINO TINTO DE VERANO




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