Mi querida amiga


04-09-2002    |   


ARTÍCULOS





Tengo una amiga a la que es imposible dar de comer. Ella presume que yo cocino a las mil maravillas y que siempre le enseño algo que jamás ha comido y siempre disfruta. Son cosas realmente básicas, como huevos de codorniz cocidos, caracolillos a la andaluza y naderías por el estilo. Pero mi amiga nunca come en serio, tal vez pellizque lo que ofrezco, y jamás a mesa puesta.

Si lo que quieres es no verle el pelo, que por cierto luce bellísimo, invítala a comer, porque no aparecerá.
Ayer mismo vino a verme a eso del mediodía. ¿Te quedas a comer en casa? Tengo marmitako. Es que mi madre me espera... o sea, no. Vengo mañana y comemos juntas. No vendrá, a pesar de que le he prometido que la comida será ligera porque estamos a dieta, pero no vendrá. Es guapa hasta decir basta, pero ella siempre se ve gorda..., mentira es perfecta.
Sólo bebe agua y jamás le he visto comer algo que no sea una ensalada.

Me llama un amigo para quedar el jueves y hacer una barbacoa en casa, pero me dice que a ella no le hable de cena porque quiere verla y si le hablo de comida nos podemos olvidar de tenerla entre nosotros.
Ya superó aquello de meterse los dedos después de comer, o al menos eso creemos. Luce un tipo realmente envidiable, qué coño está buenísima que coreamos todos, quita el hipo.

He comprado una docena de gambas blancas, que he pelado, y la misma cantidad de mejillones, que abiertos al vapor y fuera de sus cáscaras, he reservado.
Hoy hemos quedado a comer en casa y sé que no aparecerá, ya desde ayer apagó el teléfono, pero esta merlucita en supremas la tengo preparada por si acaso se vence a sí misma, viene, y me permite el lujo de agasajarla.
Hago un sofrito, sobre AOVE, con un puerro hermoso picado junto con las cabezas y pieles de las gambas. Después de unos minutos añado un tomate grande, maduro, picado. Salpimento.
Ya estofado cubro con agua y dejo otros quince minutos a que murmulle: no vendrá, no vendrá.
Pongo una música alegre, y Kiko Veneno canta : "si tú no te das cuenta de lo que vales, el mundo es una tontería..."
Quince minutos después, lo paso todo por el chino y la salsa resultante la pongo a reducir en una sartén . Cuando hay la cantidad que deseo para cubrir las supremas de merluza, que ya he cocinado al vapor, añado una cucharada de mantequilla, que liga la salsa, las gambas crudas y los mejillones, un hervor más y ya está.
Dispongo la mesa para uno. Salseo un plato bonito, coloco la suprema centradita y decoro con las gambitas , los mejillones, y dos ramitas de cebollino.
Y para cenar tengo lo mismo.

A los días: ¿Marisa? Mañana vengo y comemos juntas.
Sí eso, ven.

TAGS    MERLUZA VINO




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Marisa Beato




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