La Berrea


03-11-2001    |   


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Es tiempo de berrea para los ciervos que habitan la sierra y dehesas de Extremadura, pobladas de encinas, jaras, madroños y alcornoques sin pantalones, ya despojados de su corcho.

Estos enormes animales, cuando cae la noche, solicitan berreando el favor de las hembras y se imponen a los demás machos peleando testuz, contra testuz.

Un fin de semana en Extremadura siempre tendrá un componente gastronómico importante. El último lo pasamos en San Vicente de Alcántara, población de Badajoz cercana a Portugal, y en este aspecto ha dado mucho de sí.

La oferta gastronómica del pueblo está en las tascas. Estas son bares humildes, la mayoría de ellos abiertos hace no menos de treinta años y tal cual están, no han cambiado un ápice, como tampoco lo han hechos las tapas que ellos se preparan y no exagero si digo que casi los precios también ya que son muy económicos. Comenzamos el sábado al mediodía tomando vinitos y las tapitas que generosamente los acompañan ( cuatro vinos + tapa, 160 pts). Tanto nos gustan las costillitas fritas, la oreja de cerdo guisada, la caldereta de oveja, torreznos, y muchas más delicias que nos sirven con el vino que no vamos a comer a ningún sitio, sino que preferimos ir recorriendo, y paseando, los bares del pueblo y comer de este modo. Sólo tenemos un capricho y es comer una ración del buen jamón que se debe curar por estos pagos, ya que es tierra de guarros negros y estos campan abundantes por las dehesas. Pues nuestro gozo en un pozo porque en ni uno sólo de los muchos bares que tiene el pueblo, en ni uno sólo tienen un jamón. Ni siquiera ese hueso renegrido que suele haber en algunas tascas, ya si carne y lleno de polvo, y que decora el local colgando detrás de la barra. Nada, ni uno.

En un bar regentado por una simpática chica, nos regala con un maravilloso queso de oveja para que acompañemos el vino ?del pueblo?, que es como aquí apellidan a su vino ya que es producción local únicamente, y ¿tienes jamón? Pues no.

¿Cuántos bares hemos recorrido? Un montón y en ninguno jamón.

Después de pasar un rato muy divertido cogiendo higos chumbos nos damos paseo por el campo lleno de ciervos para ayudar a bajar la comida. Las dehesas con sus guarros hozando y tengo que sujetar a Ángel que insiste en sacar la navaja y comer jamón como sea.

A la noche nos permitimos una cena algo más sólida, y menos líquida, y vamos a probar los pestorejos que no son más que las orejas del cerdo que aquí denominan tan sonoramente. El bar dónde acudimos, con las mismas pequeñas e incómodas mesas que pusieron cuando lo abrieron, vete tu saber cuántos años hace, es famoso por su preparación de las orejas en grandes trozos con ajo y perejil y a la plancha. Llegan en un platillo, un trozo grande por barba, y un tenedor. No queda más remedio que echar las manos.. Probamos las mondongas que son pequeñas morcillas aromatizadas con hierbabuena y que sirven cocidas y con un sofrito de tomate. Bordan la caldereta de oveja y las chuletitas de cordero empanadas y fritas, que no llegamos a probar pues se acaban justo delante nuestro, las sirven por unidades y es que aquí la costumbre es comer aquí una tapa y otra en otro bar, y así hasta que uno se sacie. De este modo la siguiente parada es en el especialista en bacalao rebozado, como yo no lo como no voy a opinar, sin embargo me como un platillo de unas aceitunas machacadas deliciosas, aliñadas con ajo picado y nada amargas. En ninguno de los dos tienen jamón.

En la siguiente parada nos deleitamos con unos montados de lomo de cerdo muy jugosos, pero tampoco tienen jamón.
Yo no me explico, y ningún lugareño sabe tampoco responderme, cómo siendo tierra de cerdo ibérico no se ve ninguna pata curada en los bares..

A la mañana siguiente tenemos que ir a desayunar a Valencia de Alcántara, ya que en San Vicente no nos sirven más que café hasta las doce del mediodía. Entramos en un hotel de la plaza del pueblo y al preguntarnos el dependiente que qué nos apetece comer no lo dudamos y respondemos que jamón.

¡Olé! Aquí sí que tienen y podemos, por fin, dejar de berrear. Dos raciones caen, y... ¡qué rico, oiga!

TAGS    QUESO CAFÉ VINO TAPAS




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Marisa Beato




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