Comer fuera de casa


16-06-2002    |   


ARTÍCULOS





Cuando uno empieza su aventura en el mundo laboral se presenta una problemática culinaria que se soluciona según las personas y las circunstancias: me refiero al comer fuera de casa.

El hecho de comer fuera de casa supone para muchos un pequeño inconveniente difícil de salvar, o, como mínimo, un pequeño quebradero de cabeza. Están los que prefieren prepararse un buen bocata la noche anterior o esa misma mañana, con más o menos acierto pero con un sentido claramente práctico. Para éstos recomiendo el siguiente bocadillo: preparamos una escalivada de pimiento si tenemos el tiempo, (asamos un pimiento rojo, pelamos, dejamos enfriar y troceamos en tiras, mezclamos con aceite virgen y ajos picados), en el caso de querer hacerlo más rápido podemos optar por pimiento en conserva macerado con ajo (según gusto). Sobre una rebanada de pan de centeno pondremos un poco de alfalfa fresca, la escalivada y un par de lonchas de fiambre (particularmente me gusta la cabeza de jabalí).

Luego están los fanáticos del taper, porque los hay fanáticos de este chisme, el cual me produce un cierto nerviosismo y rechazo. En este caso podemos optar por guardar simplemente algún plato ya realizado, o bien por prepararnos algo que aguante bien unas horas. Para este segundo plato me decanto por una ensalada de pasta fría con tomate seco y albahaca (le va muy bien un poco de pollo frío). Particularmente no soy partidario del uso generalizado de este utensilio de cocina, sobretodo para el tema que estamos tratando, puesto que soy de los que piensa que igual de importante es el contenido que el continente, y por tanto, no se disfruta planamente de los sabores y olores en estos artilugios de pvc.

Después de estos dos casos nos adentraremos en el mudo de los menús de mediodía y en los restaurantes de comida rápida. Trabajar en el centro de cualquier ciudad supone la posibilidad de elegir de entre una multitud de pequeños restaurantes, casas de comidas y bares, donde por un precio más o menos asequible (entre los 6 y 15 ?), podemos disfrutar de dos platos, café y postre.

Normalmente muchos de estos establecimientos abusan de los fritos y de las elaboraciones repetitivas a lo largo de los menús de la semana, aunque hay otros donde inexplicablemente se nos presentan unos platos de correctísima elaboración, frescos, abundantes y a un precio que a veces roza el ridículo. Hace pocos días, por menos de 6 ?, degusté en un bar del centro de Valencia un gazpacho manchego que merecía un sobresaliente, de segundo pollo con salsa de limón y de postre puding casero (tuve que conocer a esa cocinera que había alegrado mi ánimo ese pesado día de trabajo, dándole un gran beso y vitoreando ¡¡¡¡Viva la cocinera!!!!!).

En cuanto a los restaurantes de comida rápida no creo que sean recomendables si se quiere continuar con normalidad la jornada laboral, aunque algunos de estos establecimientos de forma esporádica tampoco producen atrofia intelectual ni estomacal (siento decir, y me disculpen los puristas, que la hamburguesa que cocinan en cierto establecimiento que lleva como nombre una cinematográfica ciudad norteamericana se merece en mi opinión un diez).

TAGS    POLLO CAFÉ




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Francesc Rabal




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