Cocinero en serie. Capítulo I (2ª entrega)


24-01-2001    |   


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Pere, friegaplatos prejubilado, decide coleccionar cocineros como macabro pasatiempo, una válvula de escape a su soledad y su rabia. Como primera pieza se decide por un ama de casa escogida al azar, la sigue hasta su casa, ignorando que esa mujer sufre malos tratos por parte de su marido.

ilustración: Diego Mateos

No se lo merecía pero ese mediodía le había preparado su plato preferido, un rape a la provenzal, ignoraba si el nombre era correcto pero en su casa siempre se le había llamado así a una cola de rape hecha al horno suave, rociada con vino blanco, dados de tomate, cebolla juliana, ajos chafados, limón y especies; todo acompañado con una patatas a lo pobre.

Ya no le quedaba como antes, a medida que su amor disminuía también lo hacia la calidad de sus guisos, José no se había dado cuenta pero la estima últimamente ya no condimentaba los platos que devoraba.

Aún le dolía la espalda de los golpes de la pasada noche pero siguió cocinando.


Garbanzos estofados, escalopa de lomo y un yogur, regado con vino y gaseosa, a pesar de la mala pinta del local Pere no había comido mal.

Esperaba ansioso que su ama de casa volviese a bajar a la calle, durante una semana sería su sombra discreta, la manera de eliminarla ya la maduraría en las largas esperas.

Por la escalera entraba gente de todo tipo y era demasiado difícil adivinar quién vivía con la escogida, sin duda el fin de semana sería el mejor momento para analizar la situación.

Cuando el camarero empezaba a intrigarse por su larga espera en el bar, la mujer cruzó el umbral de la puerta.

Sin el carrito de la compra tardó en reconocerla, como un cohete pagó la cuenta y aún ágil, pese a la jubilación, empezó a seguirla.

La insolente luz de finales de abril lo cegó, tuvo que parar en seco y limpiarse las gafas, como si estas fuesen la causa, recuperada la visión continuó su peculiar persecución.

El ritmo de la mujer era más pesado que por la mañana, como si hubiese tenido una mala digestión, en un semáforo en rojo le distinguió varias varices que la espesa media no llegaba a disimular.

Por lo visto debía estar enferma por que no paró hasta el ambulatorio, Pere puso cara de encontrarse mal y se sentó a cinco asientos de ella, le hubiese encantado saber que mal padecía pero la investigación recién había empezado.

El local estaba lleno de jubilados cómo él, gente que convertía esa sala de espera en un mercado dónde negociar males, recetas y volantes, a Pere no le gustaba ese lugar, temía terminar un poco enfermo.

Rita no parecía muy comunicativa, tenía la mirada demasiado triste cómo para reconocer a alguien, pero el no iba a sentir lástima, su proyecto estaba por encima de sentimientos piadosos, un proyecto que empezó a madurar unos meses atrás, la liberación de sesenta años de ira contenida.


El rape no había tenido ningún efecto balsámico sobre su marido, dos adolescentes se habían fugado del taxi a media carrera y eso ya fue suficiente para no mostrar el más mínimo interés hacia su mujer o lo que le había preparado.

Hacia mucho tiempo que Rita no le esperaba para comer, prefería comer en la cocina, de pie y con las manos pero todo recién hecho y en su punto. Se preguntaba cuánto tiempo podía seguir haciendo de camarera de su marido, sentada en la incómoda silla del ambulatorio soñaba que volvía a ser joven y no aceptaba aquel pretendiente que tanto gustaba a sus padres, a ella tampoco le desagradaba pero los últimos cuatro años se habían encargado de borrar todos los buenos recuerdos. Era como si viviese con otro hombre, un hombre que la aterrorizaba. Un taxista malhumorado que afortunadamente hacia más horas que un reloj...

Continuará...

TAGS    RAPE VINO




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Jordi Gimeno




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