El maravilloso Otoño Jurasiano


17-11-2003    |   


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El Jura: ?Le Pays où l?Homme s?épanouit?. Es acaso el País donde el hombre se ilumina por las bellezas del medio ambiente y despierta todos sus sentidos. El Jura con el Territorio de Belfort, Doubs, y Haute Saône, forma el Franco Condado, una de las regiones más ricas de Francia en naturaleza y excelentes productos alimenticios de terruño. El Franco Condado se encuentra en el este de Francia, desde los condados de Vosges en el norte hasta los contrafuertes del Jura en el sur. Su geografía política la convierten en un hexágono delimitado por Rhône-Alpes, Bourgogne, Champagne-Ardenne, Lorraine, Alsace y Suiza; y Besançon como capital, situada en el centro, es una linda ciudad con una histórica ciudadela bien conservada. Desde los llanos de la Bresse (famosa por la su mejor raza de poulardes) a las forestas de los países de Dole y los valles de Revermont, hasta los montes de Haute-Jura, el Jura es una verdadera inmensidad de naturaleza intacta, calma y sonriente, que se regodea en el ritmo de las temporadas. Una región de grandes espacios, con ríos sinuosos y salpicantes, lagos plácidos, manantiales de agua límpida, desfiladeros encajados, cascadas cortaliento, senderos que invitan a relajantes y largos paseos, en fin un ¡Un universo por explorar!



En esta región hay un turismo para el espíritu y para el cuerpo. El turista apasionado en cultura de arte podrá descubrir a cada paso lugares con vestigios celtas o galo-romanos, con arquitecturas religiosas medievales, en tierra de antiguas piedras que si pudieran hablar..., son verdaderos testimonios vivientes de milenaria civilización. Como es la abadía de Baume-les-Messieurs (entre Lons-le-Saunier la capital y Voiteur), fundada en el s.IX, uno de los conjuntos arquitectónico-histórico mejor conservados (aunque durante la revolución fue saqueado y despojado de sus piedras funerarias), está situado en un paisaje grandioso. En efecto, la abadía con su pequeña aldea, está ubicada en la entrada de la ?reculée?, cuyo valle es profundo, estrecho y encajado, en la convergencia de los dos ríos, el Dard y la Seille. Desde los acantilados imponentes que los dominan, se pueden observar los estratos calcáreos del tiempo Jurásico. A los pies de los acantilados los desmoronamientos han formado una escarpadura actualmente boscosa, en cuya base calcárea se ha formado un retículo cárstico creando así muchas grutas y cascadas impresionantes. La abadía conserva un precioso retablo del 1525 ofrecido por la villa de Gand a Guillaume de Pouper, abate y protector de las artes y letras en el Franco Condado. Pero en Jura hay muchas otras abadías, queda para el visitante curioso o simple caminante ir a descubrir esos innumerables lugares cargados de historia. Como el Château Chalon, uno de los pueblos más bellos de toda Francia.



Los amantes del deporte al aire libre podrán hacer excursiones a través de los senderos, campos y bosques. Podrán subir a esos rampantes de tierra ?les reculées? fenómeno geológico único, que se han formado en los milenios y son característicos de la zona, y admirar desde esas verdaderas atalayas paisajes verdes inmensos que se extienden a los pies y procuran emociones fuertes y escalofriantes. Viajando por la Bresse se encuentra muchas charcas, donde más que ranas hay muchos peces, porque estas así llamadas charcas son retenciones artificiales de agua (vaciables) la mayor parte fechan del medievo. La piscicultura es muy intensa y juega un papel fundamental en la gestión del ecosistema, cuidando el agua y la tierra al fin de desarrollar la fauna y la flora necesaria a la vida piscícola. Los pescadores podrán aprovecharse pescando carpas, lucios, bermejuelas, perchas, y tencas. En otoño se pesca y se vacían las charcas. También la pesca de lagos es muy fructífera, la única dificultad estriba en elegir entre las muchas localidades. Para los que no son expertos, hay escuelas que en muy pocos días enseñan la técnica y los trucos de pesca.



El otoño en el Jura es muy agradable, el clima no es demasiado cálido e invita a la gente a moverse, caminar por las rutas a través de las grandes forestas de abetos (sapins) y píceas, ir en bicicletas, haciendo vela o kayac por lagos y ríos, jugar al golf o volar en parapente, etc. El lago más apreciado por el turismo es el de Chalain que abriga nada menos que un conjunto prehistórico reputado, con una ciudad lacustre compuesta de huttes (chozas) neolíticas.

Viajando en coche al atardecer por la campiña es inevitable encontrar vacadas que vuelven al establo después de haber pastoreado, ¡hay que cederles el paso! y admirar así esos estupendos ejemplares con enormes mamas, muchas de ellas superan los veinte litros de preciosa leche. Son esas magnificas vacas Montbéliarde, la única raza reconocida para la producción de leche para hacer ese otro tanto famoso queso Comté. El queso Comté en el Jura está a la par de sus grandes vinos. El Comté es más que un queso, es un patrimonio compartido desde hace muchos siglos por todo un territorio.
Las riquezas de la naturaleza y el talento de los hombres se han encontrado desde hace mucho tiempo en el Jura, país de todos los éxitos, viven juntos una pasión que nunca termina de desarrollarse. Los productores se organizan en cooperativas y producen los mejores quesos de Francia: Comté, Ementhal, Bleu de Gez, Concoillotte, Chevret, Morbier, Vacherin Mont d?Or. Trabajando la madera los artesanos producen las mejores pipas y juguetes de Francia. En el Jura encontramos la producción más importante de surtidos de gafas.



La naturaleza otoñal jurasiana con su clima y colores es tan grande y tan bella que cada actividad se convierte en algo que nos despierta el entusiasmo. Los jurasianos cultivan desde hace siglos la tradición del ?savoir-faire?, pero deberíamos decir también del ?savoir-bon-vivre?, siendo ellos muy hospitalarios, saben perfectamente cómo recibir a los huéspedes, con mucho calor y cariño, y los encuentros los hacen donde hay la verdadera vida: en el pueblo. A la región del Jura, no se viene de paso, se viene para reencontrarse, ésta es la definición jurasiana de la hospitalidad.

El Jura es, en suma, el país de los sabores auténticos. Su rica cocina satisface a todos los paladares. Dejamos esa falsa idea de rudeza a los que no conocen el Jura e invitamos a la mesa de un buen ?auberge? del pueblo. Abriremos el apetito con un vaso de Macvin acompañado de un plato surtido de charcutería local. Continuando después con una trucha al vin Jaune (ese famoso vino amarillo que cada año se festeja con la perforación del barril), o una poularde aux morilles (colmenillas) plato típico que está siempre al alcance en todos los restaurantes. Una degustación de quesos: Comté, Morbier, etc. con un vin d?Arbois, nunca falta en todas las comidas. El vin de Paille, es óptimo para los postres. Se termina así una comida tipo con chocolatitos y café quedando con la agradable compañía de todos los que el País de bon-vivre es bien el Jura.

TAGS    QUESO CAFÉ VINO CHAMPAGNE




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Matteo Gaffoglio

Comunicador y experto en gastronomía




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