Tundas la taxista


06-06-2000    |   


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Lola era su nombre aunque todo el mundo la conocía como ?Tundas la taxista? por los mamporros que repartía a chorizos, golfos y maleantes que le quisieran chulear alguna carrera.

Tuvo ?La Tundas? una adolescencia ajetreada hasta que dio con sus huesos en una especie de colegio reformatorio regentado por curas carcas y reaccionarios; allí, a ritmo de duros castigos corporales, se le endureció el carácter pero se le endulzaron los sentimos de tanto apenarse de ella misma. A la chica se le encogía el alma cada vez que un miembro de la Iglesia subía a su taxi pero se calmaba cuando pensaba en el padre ?Perolas?; un cura cocinilla que le enseñó los secretos de los fogones y a hacer ganchillo.

Todos sus colegas de Madrid le tenían querencia por su nobleza y su buen corazón; sobre todo Blas, un buen mozo, taxista de Carabanchel y algo torero, que besaba por donde ella pisaba. El aprendiz del arte de Cúchares se prendó de la muchacha tras la trifulca que tuvieron con dos camellos en un bar de la Elipa con los que ?La Tundas? se despachó a gusto. Tras la algarabía, la mujer invitó a su compañero a su pisito de Canillejas en donde le hizo unas alubias pintas con su chorizo y su morcilla y una esponjosa merluza rebozada con la que le robó al mancebo ya no solo su corazón, sino hasta el estómago. Blas, que vivía sólo y comía poco y mal, no daba crédito a tanta felicidad culinaria y estuvo en un tris , después del fino flan de naranja, de pedirle matrimonio. Algún arrumaco, digo yo, se debió dar la pareja ya que a ?La Tundas? también le brillaban los ojos cuando se cruzaban por la carrera de San Jerónimo u oía la voz del muchacho por Radio Taxi.

?El Chepa?, un antiguo confidente de mis tiempos de cronista de sucesos, metido en el volante, fue el que me llevó a la fiesta de los taxistas, en Parla, cuya comida de hermandad -como él decía- había elaborado ?La Tundas?. Se comió marisco de las Rías que trajo el Avelino, gallego de Ponteareas, menudo y cejijunto, tierno tostón de Segovia de la cerda de doña Tomasa, suegra de Abdón, madrileño fino y socio del Real Madrid y melocotones de Calanda al vino tinto de Cariñena que suministró Telmo, hermano de Felio, el taxista erudito al que se le conocía como ?El Espasa? por tener respuesta para todo.

Se comió en abundancia y bien. Sí, tenía buena mano ?La Tundas?, y tampoco estaba tan mal a pesar de sus pronunciados músculos. Yo también hubiera compartido algo más que un plato de alubias con la taxista, pero llegué tarde. Y si hay que ser sincero, Blas era más buen mozo que yo.

TAGS    MERLUZA VINO MARISCO TINTO DE VERANO




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Manuel Julbe




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