¿Qué ha pasado con las vacas locas?


09-08-2007    |   


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El tiempo constituye una de las mejores terapias para las preocupaciones de la mente humana. El tema de la enfermedad denominada Encefalopatía espongiforme bovina (EEB) va pasando lentamente a una situación plenamente controlada. Una clara muestra es la fecha con que la Directiva de la Comunidad Europea que regula el control de la misma, establece como límite: 31 de diciembre de 2007. Hasta esa fecha está vigente la obligación de enviar determinados controles sobre la cabaña de cada país miembro. De momento es lo que hay.

Desde 1986, en que se detectan los primeros casos de la enfermedad en el Re9no Unido, han pasado cosas más o menos curiosas. Sin duda el primer puesto, no muy glorioso, de los datos referidos a esta enfermedad lo registra el citado país.



El siguiente cuadro ilustra sobre las reses sacrificadas por motivo de la profilaxis para evitar la propagación de la epizootia. El sistema aplicado tiene cierta similitud con lo que se conoce como ?hecatombe?, sacrificios de cien reses a los dioses seguramente para calmarlos. El total de reses sacrificadas que han pasado a la estadística, alcanza desde 1986 la cifra de 190.168.

Mostramos la evolución habida, comparando la problemática en el Reino Unido versus el resto del mundo. No es más que la consecuencia de la virulencia con que se presenta la epizootia motivada por las causas que más tarde citaremos. No es hasta el año 2002, que el número de los sacrificios comparados y realizados entre estos grupos (R.Unido-Resto del Mundo) empieza a equipararse, siendo a partir de ese momento cuando la propagación de la enfermedad fuera de las Islas Británicas, provoca un incremento en el número de reses sacrificadas en el resto de los países afectados (? y de los que se tienen datos).



La historia del desarrollo de la EEB nos permitirá hacernos una idea más clara del por qué surge, no ya desde el punto de vista puramente veterinario, si no la causa que podríamos denominar económico-social.

Hay un dato que llama poderosamente la atención:

La fría estadística nos ayuda a conocer datos tales, como que en el Reino Unido se crearon las grandes explotaciones ganaderas en base a aplicaciones genéticas en la búsqueda de una ganadería que multiplicara su producción láctea. ¿Pero cuál fue el resultado? El continuado proceso de ?mejora? del rendimiento lácteo desarrollado entre los años 1970 a 1990 hizo que la producción láctea por vaca en ese entorno, pasó de los apenas 3.000 litros que se producía en los años 50, a 10.000 litros por cabeza, o sea 3,3 veces. Lógicamente el ejemplo británico pronto cundió en el continente, y entre todos se ha estado forzando a la naturaleza animal y llevando a las situaciones con que ahora nos enfrentamos. Esto sí es un dato.

En el origen se trató pues de un ejemplo más del dicho de que ?la avaricia rompe el saco?, y el descontrol en la alimentación de las reses es lo que condujo a la situación creada en la década de los 90. Hay que tener en cuenta que la incubación de la enfermedad viene a ser del orden de cuatro o cinco años, período en que no se manifiesta. Por otra parte, no se trata de una enfermedad contagiosa, sino que se produce por la ingestión de piensos contaminados.

La práctica de reciclar la carne de los bovinos para recuperar la denominada proteína de harina de ?carne y huesos? introduciéndola en la cadena alimentaria de otras reses, es lo que provoca la diseminación de la enfermedad cuando en el origen está el germen.

Como se desprende de los datos aquí expuestos, la política agresiva del sacrificio de las reses, que sin duda habrá afectado a más de un animal sano, parece que va obteniendo resultados si nos atenemos al número de vacas sacrificadas. Como antes se apuntaba, el período de incubación de la enfermedad siendo de cuatro a cinco años, va dejando la sensación de que el control de la epizootia es un hecho.

Confiemos pues en el futuro, pero no olvidarse de que ha sido la búsqueda de la rentabilidad, o sea ?la pela?, la que nos situó ante esta terrible problemática, y que además ha costado unas vidas humanas irremplazables.




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Iñigo Zarauz




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