Lentejuelas de San Marón


26-01-2000    |   


ARTÍCULOS





No sé si he llegado a contaros, queridos sobrinitos y sobrinitas, que el pasado año, aprovechando que me habían tocado unos cientos de miles de pesetas -pocos- en la Primitiva (acerté 5 números y no fueron 6 porque me falló el 22, los dos patitos, la madre que parió a los anátidas en cuestión) decidí obsequiar al Rvdo. Padre Paciano con un viaje a Tierra Santa, puesto que, según me había dicho, la ilusión más grande que en su vida tenía era conocer personalmente los paisajes en que la vida de nuestro Divino Salvador se había desenvuelto. Puesta en contacto con Viajes Livingstone, la más seria y tradicional organización de viajes en nuestro país, encontré una oferta especial con descuentos del 70% sobre la tarifa normal. Adquirí el correspondiente ticket a nombre de mi querido Director espiritual : 8 días de estancia, avión de ida y vuelta, con todos los gastos pagados y visitas guiadas por un miembro de los RR.PP. Franciscanos al Portal de Belén, al Monte de los Olivos, a Nazareth y a Jerusalén, ¡por sólo 27.500 pesetas!



"¡Angel de bondad! -repetía una y otra vez- ¡Espíritu del desprendimiento! ¡Encarnación de la caridad cristiana! ¡Generosísima Lucía, que así gustas de compartir tus bienes terrenales con este tu humilde capellán!"



El efecto que sobre su espíritu hubo de obrar mi donativo fue, a no dudarlo, mirífico, pues aquel día ni siquiera intentó asaltar -como solía- mi despensa con uno u otro pretexto. Por el contrario, besando mi mano, se despidió prometiendo escribirme contándome sus vivencias espirituales durante el viaje.



Diez días después recibí un carta suya, datada en Beirut, en la que me decía:
"Amadísima y bondadosa Lucía :
No pasa un solo día sin que ruegue al Altísimo que premie algún día tus desvelos para con tus semejantes y, muy especialmente, con este tu Director espiritual. Mi viaje está siendo espléndido, como luego te contaré, y lleno de intensas emociones espirituales.
Quiero, sin embargo, comenzar mi esquela trasladándote una recetilla (pues sé cuánto te gusta la función de refitolera) cuya invención se atribuye al mismísimo San Marón, inspirador y fundador del cristianismo maronita, de tanto arraigo y difusión aquí en Líbano y en el vecino país de Siria. Me la facilitó la Rvda. Madre Obdulia de la Transubstanciación, Superiora del Convento de las Oblatas de San Mamés, en el poblado de Bahoum-al-Halled, donde se conservan, como preciosísima reliquia, siete plumas de las alas del Arcángel San Gabriel, caídas cuando bajó a la tierra para cumplir su divino encargo. Su originalidad estriba en la utilización de las lentejas como base del plato, sin hacer apelación a los productos del cerdo -con perdón- tales como tocino, chorizo, morcilla, puntas de jamón, etc. para darlas gusto, que es lo que hacemos los cristianos viejos de nuestra tierra. Constituyen, así, un plato ligerísimo, rico en fibra, y sumamente gustoso, apto para los días de abstinencia cuaresmal. Toma, Lucía, nota:


LENTEJUELAS DE SAN MARON
Ingredientes (para 4 personas devotas)
400 grs de lentejas
3 cebollas
4 dientes de ajo
2 calabacines
Aceite de oliva
Cúrcuma
Pimienta negra molida
Sal
1 vaina de pimienta de cayena
Queso tipo fetta (griego)
Hojas de cilantro
Tallos de cebollino
Elaboración
No hace falta dejar en remojo las lentejas. Basta con poner tres cuartos de litro de agua hirviendo y escaldarlas en ella. Reservar.
En una cacerola echar 8 cucharadas soperas de aceite de oliva. Rehogar lentamente y a fuego bajo las cebollas y los ajos, picados unas y otros no muy gruesos. Cuando va poniéndose transparente, añadir la cúrcuma (un par de pellizcos), la pimienta (un par de vueltas de molinillo), la cayena (una vaina, y aún esta despepitada) y un par de pellizcos de sal. Cuando todo ha tomado color, añadir el calabacín, pelado y cortado en rodajas, así como las lentejas con el agua donde las escaldamos. Añadamos agua hasta cubrir el todo y dejemos hervir:
al principio (5 minutos) a fuego fuerte, y luego a fuego suave durante 60 minutos.
Lo retiramos del fuego y, una vez se haya enfriado, lo pasamos por el pasapurés con la criba fina. Comprobaremos el punto de sazón, añadiendo sal si es necesario. Otro tanto haremos con el picante, al gusto.
Puede servirse frío (de nevera) o caliente. Si es caliente, calentar suavemente y removiendo para que las lentejas no se agarren. Si es frío, un chorreoncito de nata líquida a la hora de servir desgarrado por un tenedor mejorará la presentación. En uno y otro casos se sirve con daditos de queso en la superficie, cebollino y hojas de cilantro picadas muy fino.
Se puede:
1) Sustituir el queso fetta por queso de Villalón o de Burgos
2) Añadir daditos de pan frito
3) Sustituir el cilantro por perejil
4) Sustituir la cúrcuma por pimentón
La cúrcuma, muy similar al jengibre, es muy popular en estos pagos,aunque lo es mucho menos en España ; por eso abro la posibilidad de utilizar, como sustituto, un producto de La Vera, en sus variedades dulce o picante, según el gusto del usuario. La lenteja que estas piadosas mujeres utilizan es del tipo de nuestra "Rubia de La Armuña", también conocida como "Gigante de Gomecello", bien distinta -salvadas las distancias- de la "rubia castellana", la "pardina" y la "verdina" y superior en calidad a todas ellas. Esta rica legumbre salmantina es la única -como bien sabes- que disfruta en nuestra patria del régimen de "Denominación de origen", que garantiza su calidad. El sabor de las hojas del cilantro (coriandrum sativum) , por otra parte, no es del agrado de todo el mundo, por su gusto punzante que recuerda a la naranja : especialmente si se reduce la cantidad de picante, para el cual es un acompañante exquisito, puede sustituirse por perejil.
Una vez que te he mandado la receta, queridísima Lucía, quiero decirte -sin que ello mueva a conturbar tu ánimo- que la visita a los Santos Lugares por la que tanto he suspirado en mi vida quizá deba ser pospuesta hasta mejor ocasión : desde nuestra llegada -en avión militar de transporte- al aeropuerto de Beirut, las acciones bélicas han sido incesantes. Sobre nuestro hotel vemos por las noches lo que, a mi llegada, creí que eran fuegos artificiales de bienvenida, pero que luego me dijeron se trataba de cohetes Maverick tierra- tierra. El autocar en que nos desplazamos es un blindado, reconvertido para usos civiles, y el Padre Franciscano que nos guía, lleva casco y ametralladora. A los siete turistas que formamos parte de la excursión nos han facilitado amablemente sendos chalecos antibalas, fusiles de asalto Kalashnikov y disponemos de un kit de máscaras antigas por si se produjera un ataque con armas químicas.
En esas condiciones dice nuestro guía (llamado "Capitán Eliahid " O.S.F.) que podría ser peligroso adentrarnos por territorios fronterizos. A cambio nos enseñarán un bosque de cedros del Líbano y nos llevarán a ver la Feria de Artesanía libanesa, así como la Fábrica Nacional de Rosarios Misioneros y de Estampitas con Reliquia (F.N.R.M.E.R.). Pero no te inquietes, querida Lucía, pues estoy seguro de que el Sumo Hacedor habrá de protegerme en esta impensada contingencia bélica, y me consta que tú habías puesto todo de tu parte por que el viaje llegara a un feliz final. Diré, como el Santo Job, "hágase la voluntad de Dios".
Recibe, con mi bendición especialísima, un paternal saludo
P.Paciano"



Me conmovió el tenor de la carta, y agradecí el culinario recuerdo de mi preceptor. Tanto, que prohibí al director de la Agencia de Viajes Livingstone, so pena de perderme definitivamente como cliente, que contara -llegado el caso- al Padre Paciano que él y yo conocíamos las circunstancias de amenaza de guerra total (luego, felizmente, no plasmadas en la realidad) que caracterizaron esa época y que fueron la razón de aquellos extraordinarios descuentos en los viajes a Tierra Santa que me decidieron a elegir ése y no otro regalo. Excuso deciros que yo tampoco, ni cuando regresó (sano y salvo, a Dios gracias) ni nunca, desde entonces, he hecho la menor alusión a la contingencia.
¡Para qué quitarle la ilusión!
Os quiere tiernamente vuestra
TIA LUCY

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Tía Lucy y Padre Paciano




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