Vivanco, à ta santé


01-11-2018    |   


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En 1948 y con motivo del 70 aniversario del nacimiento de Iósif Stalin, el poeta Louis Aragón escribió un telegrama a su amigo Pablo Ruiz Picasso, quien entonces residía en Vallauris,  en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, para pedirle un dibujo homenaje al “padre de los pueblos”. Finalmente, el  malagueño envió un dibujo a tinta china con un vaso de vino en el centro, sostenido por una mano en posición de brindis, con el nombre de “Stalin” en la parte superior y el lema “à ta santé”, “a tu salud” bajo la copa, que en 1949 se convirtió en portada de Les lettres françaises, la revista creada por la resistencia francesa durante la ocupación nazi. Si hoy viviera el gran artista probablemente el nombre del encabezamiento de la obra no sería el familiar de Vissariónovich Dzhugashvili, sino, con plena convicción no lastrada por compromisos de avenencia,  Vivanco o más específicamente Eduardo Díez Morras, responsable de enoturismo de las bodega, o expresamente Santiago Vivanco, alma pater, inspirador, creador, impulsor y brioso mantenedor del considerado por UNESCO en 2007 mejor museo de la cultura del vino del mundo y de cuyos fondos ha salido el material para la magnífica exposición Picasso Dionisíaco.

El vino como protagonista en la obra de Picasso fue siempre una constante en su actividad creativa, muy sobre todo desde la óptica ancestral del mito y de ahí el título de la soberbia exposición que hace poco acaba de abrir sus puertas y que se prolongará hasta junio de 2019 y que hace referencia a Dionisio, el hijo del padre Zeus, deidad de la vendimia y el vino, que los antiguos romanos renominaron en Baco y de cuyo frenesí generaron la voz bakcheia o bacanal, como perturbación ritual del placer llevado a sus límites y al éxtasis de creativos universos paralelos. De ese examen y revisión creativa irán saliendo faunos y minotauos, orgías báquicas, naturalezas muertas, objetos oníricos, arte en estado puro, y ese vino del Dante que siembra poesía en los corazones.

Sobre al base de ese cúmulo y acervo, Picasso Dionisíaco reúne, en un espacio grato, cálido y didáctico, 19 grabados de excelente factura, tres cerámicas y dos carteles, entre los que brilla con luz propia el cuadro Bouteille de vin, de 1922, cuando el cubismo, el movimiento artístico que formalmente recibió el banderazo de salida formal en 1907, enfrentaba artísticamente al malagueño con un a veces resentido Francis Picabia, que, coincidiendo en el tiempo con la muestra de Vivanco, se expone actualmente en la Fundación Mapfre De Barcelona.

Y junto al vino, claves aclaratorias de la visión personal del arte por parte de su autor, quien en su momento escribió: “Todos se empeñan en comprender el arte. ¿Por qué no se intenta comprender al canto de los pájaros?, ¿por qué nos gustan las flores, la noche, lo que nos rodea, sin que intentemos comprenderlo?. Pero, cuando se trata de un cuadro, la gente piensa que lo tiene que comprender. ¡Si fueran capaces de entender que un artista crea porque tiene que hacerlo, pero él es solo una parte insignificante del mundo y que no deben prestarle más atención de la que prestan a otras muchas cosas que proporcionan placer y que sin embargo no las podemos explicar!”.








Exposición Picasso Dionisiaco, Museo Vivanco de la Cultura del Vino, Briones, La Rioja, desde el 5 de octubre al 16 de junio de 2019


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Miguel Ángel Almodóvar

Investigador y divulgador en ciencia nutricional y gastronomía




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