Arriba el fogón


26-01-2000    |   


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Cenas de Navidad
No hay como una Navidad para poner a prueba la resistencia física de cada uno de nosotros, ante las múltiples celebraciones que se van sucediendo desde el comienzo del mes de diciembre hasta bien entrado el mes de enero.



Las hay de todo tipo: celebraciones de empresa, de amigos, de familiares cercanos, de familiares lejanos ,de conocidos, de desconocidos, de amigos, de enemigos, de deudores , de acreedores, de beodos, de sobrios, de hermandades, de conspiradores.....etc,etc,etc......
Casi siempre, todas ellas, tienen un denominador común: el encargado de reservar mesa para treinta y cinco personas en un recoleto y ?muy mono restaurante que yo conozco...? . Este individuo que en su infancia militó en más de una organización de niños scout, tiene dotes de mando, don de gentes, simpatía a raudales y una más que acreditada insolvencia en el complicado mundo de la gastronomía.
Bien, pues he aquí que nuestro compañero en cuestión, se lanza a las calles a reservar y consigue la reserva.
Engañando, eso sí, puesto que en el restaurante negocia que los comensales podrían ser entre quince y treinta y cinco debido a las bajas e incorporaciones de última hora.
El maître del local queda estupefacto, pero como nuestro hombre sabe llorar, y llora, se lo mete en el bolsillo, después de preguntarle por el buen estado de salud de los niños, de la suegra, de imitar dos o tres veces a Chiquito de la calzada, y de valorar muy positivamente la labor del gobierno en el sector turístico y hostelero ,sin duda convencido de que el maître (debido a su cuidada vestimenta) es un fiel votante del partido en el poder....Grave error....
Hasta ahora todo marcha bien, pero he aquí que llegamos al conflictivo punto del precio por persona. Nuestro hombre sabe que si consigue arañar unas pesetillas del presupuesto se convertirá sin duda en ?la reina de la noche?, será jaleado insistentemente por los más ahorrativos compañeros de despacho y hasta a lo mejor conseguirá una esperanzadora cita con una compañera entrada en años, separada ella , a la que una módica rebaja le hará percibir que el paladín de nuestro cuento tiene un no se qué....Otro grave error.....
!Seis mil por persona.......Tú estás loco.....¿Te crees que somos millonarios? .....Seis chistes de Chiquito y dos de Arévalo consiguen encauzar la negociación, y llegan al acuerdo de bajar el precio a cuatro mil pesetas...pero a cambio de bajar también la calidad del menú pues nuestro héroe aduce que a esas cenas...? a lo último que va la gente es a cenar?


Unos entrantes
Cuando un menú comienza así, ya la hemos jodido.
A cuatro mil por persona los entrantes son salientes y del jamón ibérico se pasa al jamón de York por arte de magia. Al paté se le llama foie. De las croquetas huyó hasta el bacalao. Los langostinos al pelarlos dejan su apreciada carne pegada a las cáscaras de tal modo que ni las cuidadas uñas de las barbies mas barbies consiguen extraerlas. Aparece entonces la reconstituyente taza de consomé que no es otra cosa que un fondo pero muy del fondo. Caliente, eso sí, muy, pero que muy caliente ,con lo que los más protestones ya tienen la boca para pocas protestas.
El trasiego de las tazas entre la mesa y la cocina hace que se dé cuenta del vino lo suficiente como para que la negociada (y algo escasa) fritura de pescado pase por las narices de los comensales a tal velocidad que las cuatro bandejas parezcan ocho; las pijotas, pescadillas; las acedias, lenguados y los boquerones, chanquetes, con tal maestría, que ni el propio señor Jesucristo lo hubiera hecho mejor en la multiplicación de los panes y los peces. El delicioso vino del año, previamente catado y aceptado por la maestría de nuestro interfecto, ya ha hecho de las suyas. Los más desinhibidos se han quitado la corbata y sueñan con ser en esa noche eventuales protagonistas de la película Full Monty, los más torpes intentan pasar alguna espina de la fritura con toneladas de pan y copiosos tragos de vino, aconsejados por ese listillo que siempre hay en toda mesa que se precie al que ya le ha pasado de todo muchas veces a lo largo de su vida, y que disfruta viendo como el ?primo? va enrojeciendo por la asfixia y por los efectos del alcohol.


Y llega la carne...
Aquí el compadre ha negociado un solomillo a la pimienta, con poco de solomillo y mucho de pimienta, que está duro y frío, como la vida a fin de cuentas. Los beodos poseedores de mascota comienzan a apalabrar los restos de la matanza con los cómplices camareros sin reparar en que la pimienta convertirá a sus cariñosos animalitos en fieras del averno dispuestas, por supuesto, a morder la mano que les da de comer.
Nuestro protagonista, que va vestido con una camisa de rayas y cuello blanco (que en cierta ocasión se la vió puesta en la televisión a Pedro J.Ramirez), va subiendo enteros en la cena como la espuma, y con la llegada de los postres (de los que prefiero no hablar por respeto al incauto lector de estas líneas), se levanta, extrae de su bolsillo unas cuartillas y comienza a hacer un interminable brindis, glosando todos y cada una de los acontecimentos más reseñables del curso laboral, con una miajita de ingenio, un pelín de brillantez, unos gramos de picardía, y algún que otro ?secretillo a voces? oculto, que consiguen arrancar hasta alguna que otra risita de los camareros, que a estas alturas ya están recogiendo los platos de la Comtessa. Nuestro asfixiado comedor de pescado utiliza las migas de pan que no ha engullido para fabricar pequeños proyectiles que harán sus estragos en los provocadores escotes de las chicas mas agraciadas de la reunión. Las blancas voces de los ejecutivos más agresivos entonan ya a estas alturas del partido ?Es un muchacho excelente?, y alguna que otra cursi una libérrima versión de ?Adeste Fideles?.
La noche va cayendo sobre el restaurante, y mientras nuestros comensales aportan la cantidad que les toca al fondo común para costear el banquete, nuestro personaje le propone a una compañera con la que ya ha tenido sus más y sus menos repetir esa experiencia de cada año en su apartamento con una botella de Segura Viudas que ha conseguido como comisión por tan acertada gestión culinaria, a media luz como mandan los cánones, para así poderle regalar una preciosa combinación de raso rojo que ya compró allá por febrero en la Duty Free del Aeropuerto de Lisboa, previendo el magnífico resultado de esta cena. Ella dice que sí. También tiene derecho a su Papa Noel particular. Para la ocasión ella también aportará su pequeño obsequio...una foto enmarcada de la primera cena que nuestro hombre organizó y en la que ,en una esquina ,si se mira con atención, se puede ver cómo mientras todo el mundo posa, ellos dos se besan con intensidad fortaleciendo así los sólidos cimientos de una larga tradición.
Juan Echanove

TAGS    PESCADO VINO LANGOSTINOS CROQUETAS




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