Granada ( I )


03-12-2001    |   


ARTÍCULOS



Kevin y Ashes

Granada es una pequeña y apacible isla del Caribe cuya capital, St. GeorgeŽs, cuenta con un pintoresco y animado puerto. La isla de las especias debe su nombre a sus exportaciones de canela, jengibre, cacao, clavo, pimienta y, sobre todo, nuez moscada, que incluso forma parte de la bandera nacional.

También es el destino de mis vacaciones.

El mercado de la capital es una maravilla de colores y aromas, que hace imposible resistirse a cargar con algunas de ellas. Sus habitantes son gente tranquila y simpática siempre dispuestos a conversar con nosotros.

Durante estos días compartimos mesa con adultos y niños en casa y, divertida, observo cómo olvidan su frugalidad delante de nuestras viandas y que, como a mí, les encantan los huevos fritos en aceite de coco.

Tenemos una familia de perros siempre a la puerta de la cocina donde van cayendo las sobras, al final abandonan a sus amitos por estar con nosotros todo el día. Me pican los mosquitos, las pulgas y las hormigas...en fin, alimento a toda la isla.

No es la primera vez que visito los trópicos, pero sí la primera en estación húmeda, y aún habiendo oído lo que significa, al principio me sorprende que el cielo se vierta en la tierra con la misma fuerza y rapidez con que alguien cierra allá arriba las puertas y se acaba todo. Llueve como si nunca antes lo hubiera hecho, te coge en cualquier parte e igual que te mojas te secas. Me saldrán escamas.

Hemos alquilado una casita en una aldea de pescadores cerca de Sauters y nos damos grandes caminatas para llegar al village. La luz del sol nos despierta muy temprano de modo que a las ocho ya estamos allí para hacer las compras. Desayunamos en el bar de enfrente de la parada del bus, todo madera despintada y amabilidad por parte de la dueña. Comemos bocadillos de judías verdes estofadas con ajos tiernos, o de pescado salado con pimiento, una especie de bacalao salvando todas las distancias, que son muchas. También sirven roti, un tipo de crepe grande relleno de pollo al curry muy típico de estas islas.

Hoy hay mercado de carne y fruta, pequeños puestos donde las mujeres venden en poca cantidad y variedad productos de huerta o recolectados de árboles, tierra...pequeñas berenjenas, mangos, plátanos verdes y amarillos, diminutos repollos, tomates, frutas del árbol de pan, calalou- la verdura local- y poca cosa más. Dos cabras que esta mañana pastaban atadas con una cuerda ya no están, bueno sí pero en filetes.

Nosotros adquirimos algo de carne de cerdo sonrosada y temblona, cortada groseramente y que guisaré cuando se asiente un poco con unas cebolletas que he comprado unidas a un ramillete de romero, y unas patatas dulces.

No hay mucha variedad de viandas que comprar. El mercadillo es una vez a la semana, y el resto de los días se puede comprar en las tiendas del pueblo. En ellas las verduras son inexistentes y sólo abunda el pollo congelado y las patas de cerdo en salazón que forman parte de unos de los platos típicos de la isla. Y poco más.

El mercadillo del pescado funciona a diario, pescado fresco y salado, y siempre se le puede encargar a algún lugareño que pesque algo en concreto y estará felicísimo de hacerlo.


Sundie Island
Sundie Island es una islita preciosa donde solemos ir a pasar el día en compañía de nuestros amigos de Granada, Ashes y Kevin.

Ashes y su pesca

Nosotros llevamos las bebidas y ellos se encargan de pescar y preparar la comida. Consiguen unos buenos y bonitos peces que asan sobre una hoguera protegida del viento por ramas de cocoteros. Los peces son espolvoreados, por dentro y por fuera, con un sobre de sopa de ave con fideos, una pastillita para hacer caldo y trocitos de pimientos locales, pequeños y ligeramente picantes y que su sabor me recuerda de lejos a la mantequilla. Una vez asados los fideos quedan hechos dentro del pez y a mí me da risa por lo sorprendente de la receta, que además está muy rica teniendo en cuenta que no hay en varios kilómetros a la redonda otra cosa que comer.

Quedamos en que al día siguiente, cuando Ashes vuelva de pescar, pasará por casa. Cuando viene trae un montón de pescados y no sé cuál elegir, son tan coloridos. Elijo dos cirujanos de color morado, dos peces rojos, y un gran pescado para asar. Hablamos de algunas langostas pero están en veda y no podrá traerlas. Se empeña en que es mejor que él mismo limpie las piezas y le dejo hacer protestando un poco.

Los pescados resultan deliciosos espolvoreados de especias locales, el grande con un pronunciado sabor a mar.
Mis compañeros de viaje han cogido un montón de erizos grandes, de púas blancas, que no saben si tendrán valor gastronómico pero vienen dispuestos a descubrirlo. Las primeras huevas que obtenemos son de pequeño tamaño y, rociadas con un par de gotas de lima, apenas saben a nada. El siguiente bichejo nos ofrece unas de mayor tamaño y más fuertes de sabor que llamo ?Caribe?, pues es el aroma que he encontrado en peces y productos marinos que he ido probando, y también es el olor de este mar.



No puedo con la textura extra-suave del erizo y no como más.

Para variar vamos a comer a la capital y, muy temprano, desayunamos en el destartalado bar de siempre. Hoy elijo de relleno para el pan una especie de puré de color verde, de calalou, con patatas y pollo en trocitos, con mal aspecto y buen sabor a currie. Esta costumbre mía que me ha dejado sin comer en otros lugares y que consiste en pedir lo más raro o que tenga el aspecto más casero, esta mañana me ha salido bien y el bocata está bien rico.

Ya con la tripa llena nos quedan dos horas de traqueteante recorrido hasta St.GeorgeŽs en las pequeñas furgonetas que hacen de autobuses y donde hemos llegado a contar hasta ventiuna personas dentro. ¡Que calor!

A la hora de elegir restaurante nos dejamos seducir por ?PatrickŽs local homestyle cooking?.

Patrick es un chico muy simpático que ha pintado todo el local, suelo, dentro y fuera de rosa pastel y que sonríe y pestañea sin parar.

Utiliza manteles de falso bolillo de color rosa, cubertería de imitación plata británica y finos platos de loza mexicanos. Nos coloca de forma graciosa las servilletas de papel rizándolas sobre los tenedores. En fin todo muy mono.

No tiene carta y, simplemente, le pedimos de comer y le dejamos hacer. De primero nos planta una sopa de sobre, toma ya homestyle, pero tenemos un hambre voraz y nos sabe a gloria. Empezamos a pensar que hemos metido la pata.

A continuación nos saca una selección de ensaladas a cuál más rica y diferente que cualquiera de las que conozco. Le siguen otra tanda de pescados, entre los que se encuentra el pez volador. Después, verduras locales y queso, lambie ( caracola gigante), cangrejos de tierra, y una selección de carnes en diferentes preparaciones. En total, dieciocho platos más un postre. Imposible acabar con todo.

La cocina de Patrick, que presenta en primorosos y floridos platos, como él mismo, ha resultado de lo más detallista.

Ya de vuelta a casa, bajamos a darnos un baño por el corto trecho de alta hierba, donde reposan decenas de mariposas que, al pisar, alzan el vuelo moteando el aire de colores. Los pelícanos vuelan por encima de nuestra cabeza y se lanzan en picado a escasos metros. ¡Qué bonito!... ¡si parece un documental de la 2!

Estoy en la terraza con Rosana, una adolescente que pasa mucho tiempo con nosotros, la verdad es que siempre tenemos la casa llena de niños, ella me ayuda con mi inglés y yo le enseño palabras de español, pues lo estudia en la escuela. A lo lejos vemos venir a los chicos y parece que por fin han pescado. Nos lo enseñan desde lejos, lo dejan sobre la arena y se meten en el mar.

Ángel, ya dentro del agua, se pone el bañador en el cuello - imposible bañarse desnudos aquí la gente es muy vergonzosa y las chicas se bañan con camiseta- y de repente, un perro les roba el pescado y sale corriendo del agua ¡no! sin bañador. Nosotras no morimos de risa, menos mal que la playa está desierta.


Nos vamos a Trinidad
Menudo cambio, se acabó la tranquilidad, esto es como un hormiguero. El tráfico es horrible y paso miedo de camino del aeropuerto.

Están locos, así no se puede conducir.
Vamos a cenar y por fin podremos comer algo que no sea pollo rebozado. Pedimos gambas, aros de cebolla, pan de ajo, arroz con verduras...nos volvemos locos y no lo comemos todo. Es lo malo de los restaurantes de Sauters, que sólo tienen pollo rebozado o pescado, demasiado frito, preparado igual y, claro, cansa.

Mar en el

Port of Spain es una ciudad de bonitas y vistosas casas que parecen merengues, con una noche muy animada y muchos centros comerciales.

Estamos aquí para visitar a una amiga que forma parte de la tripulación del Irene, un barco de vela centenario cuyo capitán nos acoge como huéspedes a cambio de echar una manita en los trabajos de reparación que están haciendo.

No tengo ganas de subir mástiles o tirar de cuerdas y me ofrezco para cocinar e ir al mercado en compañía del cocinero. Después de la escasez de casi todo que hay en Granada esto me parece Jauja, si hasta encuentro aceitunas españolas!

Aunque compro viandas para preparar un par de recetas, al final todo se queda en preparar los desayunos, pues nosotros preferimos comer y cenar en tierra y conocer la cocina local.

El cocinero del barco aprovecha para relajarse un poco de su faena y me confiesa que es poco gratificante cocinar para esta tripulación donde tiene a una vegetariana, una muchacha de ascendencia hindú que sólo come currie y alimentos muy especiados, y el capitán que no tiene ningún interés por comer y lo hace cuando se acuerda.

Me informo de sus gustos -del capitán-, pues parece exigente y de este modo siempre que le paso su plato recibo una enorme sonrisa a cambio. Preparo café, té, sandwiches de huevo, beicon o ensalada de las deliciosas frutas locales, la piña me enamora al instante, qué sabor.

Hay muchos puestos en las calles donde venden plátanos, cocos, mangos...a cuál mejor.

Continuará...

TAGS    QUESO HUEVO ARROZ POLLO CACAO PESCADO CAFÉ




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   JESUS , 15-03-2016
MUCHAS GRACIAS POR TUS COMENTARIOS, TENGO UN HERMANO QUE EN ESTOS MOMENTOS SE DIRIGE HACIA GRENADA EN VELERO, VAN A MITAD DE CAMINO, SI TIENES ALGO QUE DECIRME PARA QUE SE LO TRANSMITA YO A EL, TE ESTARIA AGRADECIDO, SALUDOS



Marisa Beato




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