"Obrigado Lisboa"


02-10-2002    |   


ARTÍCULOS





Parte de mis vacaciones veraniegas han transcurrido en las tierras del fado y del vino verde, entre tascas de marineros y olor a sardinas asadas, entre tranvías de otros tiempos y sabor a viejo. Mi primer acercamiento a Lisboa ha sido todo un descubrimiento en muchos aspectos pero, sobre todo, en el culinario. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de tan buena comida, tan bien servida y a precios más que aceptables.

Mi primera incursión a su gastronomía empezó en el Barrio Alto, barrio de angostas calles y callejuelas, repleto de pequeñas tascas donde pude degustar almejas y navajas cocinadas con limón y cilantro. Esta receta es muy sencilla y el caldo que se produce es realmente exquisito (rehogamos dos dientes de ajo machacados en aceite muy caliente, añadimos las almejas o navajas limpias, el cilantro muy picado, sal y pimienta. Cuando las almejas estén completamente abiertas, añadimos medio limón exprimido y a la mesa).

Después de estos platos me decanté por la carne y saboreé un churrasco increíblemente tierno. Esta cena estuvo acompañada por vino verde de la casa (sí, vino verde con churrasco, lo siento) y tuvo como colofón final arroz con leche casero.

Después de este comienzo estaba ansioso por seguir recorriendo lugares donde me ofrecieran más manjares, así pude ir probando el bacalao a la brasa, las sardinas escabechadas (hay una tasca detrás de la plaza del Rossio que las bordan), los caracoles, y, cómo no, las sopas. Yo, al igual que mi gran amiga Mafalda, tengo un pequeño trauma con este plato, pero Lisboa me ha ahorrado la terapia de grupo y he vuelto de esta ciudad defendiendo a capa y espada el maravilloso mundo de las sopas. Probé dos tipos de sopas: una con tropezones (llevaba arroz, alubias negras, cardos, ...) y la otra de espinacas (me sorprendió degustar esta última a altas horas de la madrugada en un local de comida rápida).

Otra de mis grandes jornadas estomacales transcurrió en la otra orilla del Tajo, en un pequeño pueblo que vive de cara al mar y por el mar. En este pueblo comí las empanadillas de camarón, los calamares a la parrilla y un bistec de ternera que ellos llaman ?bife com ovo a cavalo?(cocinado con ajos y un huevo frito encima).

Después de pasar unos días en Lisboa me decidí a descubrir las maravillosas playas del Algarve. Esta zona, al sur de Portugal, es un enclave privilegiado donde los pueblos de pescadores se han ido transformando en pueblos turísticos, aunque manteniendo un gran respeto por la naturaleza (las dunas están protegidas y no hay ni un solo edificio alto). En la localidad de Montegordo encontré un par de asadores donde la masiva afluencia de gente me hizo pensar que gozaban de buenos productos y, por suerte, no me equivoqué.

El asador donde comí tenía en su entrada una gran brasa donde un cocinero cocinaba a un ritmo frenético sardinas, pez espada, dorada, lenguados, pollo,..., y así hasta un largo etcétera de pescados frescos. En esta ocasión, y como consecuencia de mi pobre economía, me decanté por sardinas asadas y pollo. Los dos platos me gustaron aunque, sin ser chovinista, prefiero las sardinas del mediterráneo por sabor y textura.

En definitiva, un viaje repleto de buenos momentos culinarios que recordaré a ritmo de canciones de Amália Rodríguez, una de las grandes divas del fado.

TAGS    HUEVO ARROZ POLLO SARDINAS VINO




COMPARTE   


Valoraciones y comentarios

Haz tu valoración:


  •    0
  •    0
  • 0 comentario(s)






Francesc Rabal




Recibe las novedades y recetas
de nuestros cocineros
en tu email


SUSCRIBIRME







www.afuegolento.com ©1996-2017. Todos los derechos reservados. Textos legales Desarrollado por Sitelicon Ecommerce Services