¿Serán las berenjenas o sandías nuestras próximas estufas? ¿Estaremos por la labor de no querer consumir todos la misma variedad de tomate?


12-10-2011    |   


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Mientras leía las actividades de Fruit Attraction, donde se plantearán distintos temas relacionados con los cultivos y su distribución, me dio por pensar en los cultivos actuales, y surgieron en mi interior serias dudas acerca de mi aportación personal al deseo de que las tierras de cultivo puedan acoger una generosa pluralidad de especies

 

Tampoco veo a mi alrededor una gran algarabía relacionada con estos temas. Entonces ¿quién sí está haciendo algo positivo al respecto?

 

Además de muchas otras iniciativas, dos me han llamado la atención: que las berenjenas puedan ser el combustible del futuro, y los bancos de germoplasma

 

Puede sonar a temas que no nos incumben…pero estamos hablando del platito de judías con jamón que comimos ayer y/o del interruptor que conduce la corriente eléctrica que permite encender el ordenador

 

Berenjenas, sandías y judías convertidas en briquetas para calentar 120.000 hogares

He seleccionado este estudio porque, además de ser español (aquí también se estudia), me ha gustado que no esté basado en un monocultivo a gran escala, como la biomasa procedente del maíz, sino que se ha desarrollado alrededor de (resumiéndolo en una frase) los residuos de ocho especies de hortalizas (calabacín, tomate, berenjena, judía, sandía, melón, pimiento y pepino) cultivadas en invernaderos de Almería con los que se podrían producir briquetas capaces de abastecer de energía a 120.000 hogares, con un sistema no agresivo para el medioambiente

 

Una curiosidad: la judía es la que más potencia calorífica presenta. El tomate (debido a su alto porcentaje de cloro), la que menos

 

Suena mucho mejor que otras iniciativas, por varios motivos

 

El paulatino agotamiento de los combustibles fósiles (petróleo básicamente) es un problema cada vez más acuciante. Una de las muchas alternativas que apareció alrededor de los 90 fue la implantación de inmensas extensiones (si no se hace a gran escala, es demasiado caro, y si es demasiado caro, las grandes empresas energéticas no se sienten interesadas) de cultivos (de maíz, por ejemplo), destinados a generar la energía producida por biomasa procedente de ese maíz . En principio, es una buena solución, más limpia que el petróleo. Pero al hacerlo de modo intensivo, ya empezamos a tener en marcha las consecuencias negativas que origina cualquier monocultivo, más las derivadas de la reconversión de terreno silvestre (menos biodiversidad, más monocultivo). Es decir, la solución tiene pinta de terminar siendo otro problema casi tan gordo como el problema original

 

Ahora bien, si en lugar de arrasar zonas naturales y silvestres, o monocultivar un terreno, reutilizamos los residuos de aquellos productos de la huerta que, de todos modos ya cultivamos, tiene pinta de sonar bastante mejor. Y si todo ello se hace cuidando del medioambiente, aún suena mejor

 

Esto precisamente en lo que ha trabajado Angel Jesús Castejón, el investigador principal del grupo de ingenieros de la Universidad de Almería, cuyo estudio Briquetas de residuos vegetales procedentes de los invernaderos de Almería (España) ha sido publicado este año en la Renewable and Sustainable Energy Reviews, revista de estudios científicos

 

Básicamente, y según aparece en el propio estudio:

El objetivo de este trabajo es diseñar un método de reciclado y reutilización de residuos vegetales procedentes de la agricultura intensiva bajo plástico, mediante la fabricación de briquetas, todo ello respetando el medio ambiente. En Almería (sureste de España), la agricultura es capaz de generar 769.500 t año-1 de restos vegetales procedentes de cultivos hortícolas en invernadero, siendo usados actualmente para la obtención de electricidad y compost. Con la maquinaria y procedimientos del presente estudio se ha desarrollado otro posible uso, destoxificando y eliminando los residuos plásticos de la biomasa original para la fabricación de briquetas, y poder destinarlas para combustible de hogares. Los resultados son levemente inferiores a la briqueta comercial procedente de otro residuo vegetal hortícola (no forestal), concretamente de 2.512 kJ kg-1, en el caso más desfavorable. Por el contrario, el poder calorífico respecto a los dos carbones comunes es significativamente menor, con una diferencia de 12.142 kJ kg-1. En conclusión, se ha desarrollado y experimentado un procedimiento que permite reutilizar y transformar, a partir de métodos de cultivo ecológico sin agroquímicos y rafias biodegradables, los residuos vegetales procedentes de los cultivos intensivos, en un producto estable, no tóxico, de características semejantes a las de las virutas procedentes de la madera y que puede tener aplicaciones comerciales, fundamentalmente como combustible para hogares"

 

El trabajo se ha realizado siguiendo protocolos internacionales, de modo que estos mismos datos podrán ser utilizados por estudiosos de otros países donde se cultiven las mismas variedades para predecir el potencial energético de cada región en distintas localizaciones. Este dato es importante, ya que permite optimizar los recursos económicos: no habrá que volver a gastar nuevo dinero para lo mismo

 

Este estudio es una puerta que se abre: "Nosotros hemos ofrecido los datos y el potencial. Porque si no se tienen datos no se pueden tomar decisiones. Después tendrán que ser las empresas energéticas las que valoren si es viable su uso o no", apunta Castejón

 

Bancos de germoplasma

¿Qué son y por qué son importantes?

En los bancos de germoplasma se preservan los genes que las especies transmiten a sus descendientes. En ellos, recogen las semillas, las limpian, las secan y las guardan a temperatura adecuada, en un ambiente de bajísima humedad, y todo siguiendo un protocolo determinado para mantener su germen vivo. Dicho así no parece muy trascendente: las propias especies, de modo natural, deberían encargarse de estos temas. Pero claro, la mano del hombre tiene el poder de acelerar o provocar procesos que, de modo natural, tardarían mucho en producirse o, incluso, sencillamente, no se producirían

 

Si consumimos carne de ballena hasta que no haya ballenas, no puede decirse que la desaparición de ciertas especies de ballena sea un proceso del todo natural. No sabemos qué les habría sucedido de haberse topado con personas que sólo pudiesen cazar subidos a un kayak y con métodos de pesca tradicionales

 

Lo mismo sucede con las plantas: a todos parece gustarnos el mismo tomate, redondo, reluciente, con una piel que parece separarse sola de la pulpa, y rematadamente insípido. Pagamos más por él, que por el tomate de formas irregulares cultivado a pocos kilómetros del supermercado. Así que no es de extrañar que los agricultores se especialicen en cultivar esa semilla, desechando otras: no son ellos, somos todos los que cultivamos el mismo tomate para todos los países occidentales

 

Así como nos resulta sencillo entender que la endogamia no es una gran idea desde el punto de vista evolutivo (la especie degeneraría si nos relacionásemos sexualmente hermanos con hermanos, padres con hijos, etc), nos está costando demasiado asumir que no deberíamos estar realizando endogamias con los animales de granjas, o con los cultivos vegetales. Pero no hacemos más que aplaudir (o sea, consumir) esa tendencia del sector productivo

 

Tal como indica Michael Pollan en su libro de El dilema del omnívoro, la eficiencia de algunos cultivos (como el maíz, o la soja) hace que destinemos muchas hectáreas a los monocultivos. Sin embargo, esta eficiencia productiva (real) del monocultivo y su innegable colaboración a la distribución masiva y, por ende, a que muchos puedan hoy comer alimentos básicos a un precio asequible, también provoca un impacto real y negativo sobre las tierras que acogen estas siembras intensivas, pudiendo significar mañana una regresión hacia las penurias del hambre generalizada

 

Con los cultivos intensivos y monotemáticos, no sólo las tierras sufren un empobrecimiento de nutrientes y otros compuestos, sino que, al dejar de ser utilizadas, están desapareciendo las semillas de muchas especies locales que tienen la capacidad de mantener la biodiversidad necesaria para que sus genes no vayan debilitándose, una biodiversidad que no podemos o sabemos (y casi mejor que no nos pongamos) generar de modo artificial. Este empobrecimiento obliga a compensar la falta de “reacción” de la tierra con muchos compuestos químicos para prevenir plagas y ataques al cultivo

 

Si, a pesar de todo, un hongo, bacteria, insecto, consigue pasar esas barreras, no tenemos ninguna duda de que “haría su agosto”: hectáreas y hectáreas de ese mismo cultivo sólo para su deleite! Y hectáreas y hectáreas de hambre para las personas al desaparecer ese cultivo

 

Las hambrunas y las crisis socioeconómicas, son cíclicas y, al igual que sucede con éstas, solemos pensar que ya no volverán a suceder

 

La prevención es una herramienta clave que no siempre aplicamos, generalmente porque tendemos a pensar que “esto ya no puede suceder de nuevo”. Sin embargo, no tenemos el poder para dirigir los ciclos, sólo formamos parte de ellos, y estamos en un momento excelente para prevenir y paliar hambrunas: los bancos de germoplasma son buenos aliados

 

Los bancos de germoplasma, donde se archivan multitud de genes de las especies originales y no modificadas son importantes: pueden ser una garantía de que esa diversidad natural no desaparecerá

 

Los bancos, si encontramos el mecanismo que canalice la reimplantación de especies en desuso, podrían ser el salvavidas de unas tierras de cultivo que, cada vez a mayor velocidad, estamos dirigiendo hacia el monocultivo intensivo, que viene a ser como una endogamia de las semillas

 

Existen distintos bancos de germoplasma relacionados por ejemplo, con el olivo en España, o en Costa Rica, a través del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza con los cítricos

 

Más financiación para conservar, al menos, el 70% de la diversidad genética de los cultivos

El dinero, como siempre, es imprescindible también para mejorar estas líneas de investigación y desarrollo

 

Pedro García, profesor titular de Genética de la Universidad de León, en su ponencia Evaluación de recursos fitogenéticos en poblaciones silvestres de avena y lenteja, indica que “el cambio de actitud de las líneas de financiación que están empezando a apoyar la preservación de genes de especies locales, se debe en parte a una mejor percepción de la importancia de especies como el arroz, el trigo o el maíz para la futura seguridad alimentaria, dentro de un mundo con una alimentación cada vez más globalizada. Esto hace que cada vez dependamos más unos de otros, lo que hace necesario asegurar una variación genética de la que poder echar mano ante una circunstancia especial

 

El objetivo es preservar el 70% de las variedades existentes

 

Todavía no puedo colaborar más activamente, pero puedo colaborar difundiendo aquí la existencia de las líneas de investigación que suponen nuevas posibilidades

 

ver receta montadito de sandía y queso >>

 

Montadito de sandía y queso fresco

Un pequeño homenaje a la sandía (todavía pude comprar una la semana pasada: el frío no termina de llegar) que, quién me lo iba a decir, en cualquier momento puede sustituir con éxito a la catalítica

 

 

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