Y de repente Villa Paramesa, en Valladolid.


30-08-2016    |   


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Nos dirigíamos en coche a un rinconcito de Santander al que le tenemos mucho cariño.  Uno siempre vuelve a los lugares donde fue feliz.  El hambre despertó a medio camino haciéndose notar con insolencia, y nos informó de que no le apetecía nada parar en un bar de carretera, en una de esas áreas de descanso.  Nos miramos, y ambos alzamos las cejas comentando con ese gesto en silencio, que no teníamos hora de llegada y que podíamos deleitarnos en realizar una buena parada gastronómica.  Comprobé la situación en la que nos hallábamos y comencé a buscar con mi smartphone restaurantes en Valladolid, recordando que en más de alguna ocasión me habían hablado de las bondades de su gastronomía.  Navegué por todo tipo de páginas webs, entre recomendaciones y valoraciones de ciertos buscadores. Hice rápidamente una comparación entre los que más se repetían, descartando los que estaban cerrados por vacaciones y en los que sólo se comía carne.  Llamé por teléfono y, aún sin poder reservar mesa y sin asegurarme nada, decidimos entrar en la ciudad para ir a comer al restaurante Villa Paramesa.

El local pequeñito y acogedor, creo recordar que tan sólo hay dos o tres mesas para reservar y el resto se distribuye en algunas, pocas, mesas altas y una barra, en la que en la esquina se puede transformar en una T auxiliar más, si se abre, ese detalle me gustó, pragmático.  Nada más entrar, nos dio la sensación de haber tenido buen atino. No tardaron en acomodarnos en una de las mesas altas que quedó libre.  El trato fue fantástico, explicando, sugiriendo y prestando atención.  En las paredes del restaurante anuncian con carteles sus pinchos más laureados y reconocidos, y éstos, más alguna recomendación y antojo, fue lo que pedimos.  Lo maceré con el vino “Raíz”, denominación de origen Ribera del Duero, que no había probado y que me gustó mucho. Repetí.  Me gusta que te recomienden, que te expliquen, nadie mejor que ellos conocen lo que se les da bien.  Las explicaciones son importantes, necesarias, y no siempre ocurre, en ocasiones parecen no tener ni idea de lo que llevan los platos o que les da una pereza enorme tener que explicarlo.  Además ahí es donde juega un papel protagonista el marketing gastronómico.  Fundamental.  Aquí notas el amor al oficio.

Comenzó la fiesta

- Camarón mexicano (Pincho de plata y mejor concepto de tapa 2015):  pan de ajo, tartar de carabinero, lima, guacamole, camarones fritos y chile.  A mi esto del concepto me hace mucha gracia, pero realmente está espectacular.  Efectivamente buen concepto.

 

- Ceviche de sardina, alga kombu y ajo negro. (Pincho de oro y subcampeón nacional 2014):  este fue el que menos me gustó pero porque no soy muy fan de la sardina en ceviche.

 

Socarrat con gambas: tenía que pedirlo pues soy de las que raspan la paella en busca del socarrat.  Y eso mismo parecía que habían hecho, buenísimo.

 

- Arriero, pulpo, papada, maíz y vinagre de jerez (Mejor concepto tapa 2016): la magia de poder distinguir los diferentes sabores sin que haya un gran protagonista, como concepto.

 

- Foie fresco con naranja y manzana:  ¡A este hay que ponerle un piso en la playa! Mmm el cítrico con el foie... ¡Larga vida a este matrimonio!

 

 - Para el postre, probamos "un canto al vino": cacao, regaliz, queso fresco y café.  No soy muy de postres, únicamente soy fiel al chocolate.  Pero había que probar alguno y este fue el elegido. Y bien elegido.  

 

Salimos de allí con una gran satisfacción por el hallazgo, por lo bien que habíamos comido.  Cocina de autor, creativa y riquísima a buen precio.  Posteriormente leí para nuestra sorpresa que el chef es José Castrodeza, que junto con sus hermanos y equipo, le echan ganas, buen gusto (algo no tan obvio) y un fabuloso trato, sientes que entras en una casa bien dirigida y que estaba esperándote.

Normalmente no soy de platos muy elaborados, tiro más a platos sencillos y poco tratados,  pero de vez en cuando también hay que sorprender al paladar con nuevos conceptos, bueno, al paladar, al cuerpo, a la mente, al corazón... Es por lo que, os recomiendo este restaurante en Valladolid. Y viajar, y volver a los lugares dónde uno fue feliz pudiendo ser ese lugar un restaurante, un libro o una persona.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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Valoraciones y comentarios

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  • 1 comentario(s)


   fer , 03-09-2016
Muy bueno. Apetece ir. Una narración muy sugerente.



Lourdes Verger

Life hunter. @LourdesVerger ·Manteles y sábanas·




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