San Pedro de Villanueva, de monasterio a parador confortable y moderno


02-06-2009    |   


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Parador de Cangas de Onís (parte nueva), Asturias.

Pasear por los magníficos claustros restaurados del Parador nos traslada a las épocas en las que los monjes benedictinos de la hermandad de San Benito, la orden religiosa fundada en el siglo XII, habitaban el Monasterio de San Pedro de Villanueva (declarado Monumento Nacional en 1907), y que lo ocuparon hasta la famosa Desamortización de Mendizábal en el 1835. Desde esa fecha, el monumento permaneció abandonado y se dedicó a innumerables usos. De su gran pasado dan fe dos salas con restos arqueológicos, sobre todo cerámicos, que se recuperaron en las obras de construcción del Parador. De la obra prerrománica que erigió Alfonso I el Católico, yerno de Pelayo, como templo y panteón real ya nada queda. Lo que permanece son las reformas que se desarrollaron desde el siglo XII al XVIII. De estilo románico son la portada y el interior de la iglesia, parroquia de Villanueva desde el abandono del monasterio por los monjes, con capiteles ricamente decorados con escenas refinadas y galantes de temática amorosa y escenas de caza.

Ruinas conservadas del monasterio

Se trata de uno de los establecimientos más modernos de la Red de Paradores, ya que fue inaugurado el 8 de julio de 1998. Sin embargo, el monasterio en el que se encuentra ubicado el de San Pedro de Villanueva, cuyo origen se remonta al reinado de Alfonso I, que lo fundó el 21 de febrero del 746, según afirma la tradición, y es un claro ejemplo del románico asturiano. Una pequeña pero evocadora iglesia abierta al culto lleva a imaginar la vida monacal en aquel lejano pasado, es una joya engarzada entre las orillas verdes del río Sella y el majestuoso y único paisaje de los Picos de Europa. Lugar ideal para descubrir las maravillas del paisaje de Asturias y disfrutar de la variedad de fiestas y romerías de sus alrededores y degustar lo más genuino de su rico recetario gastronómico. El Parador, de cinco estrellas, se encuentra a 74 Km. de Oviedo y a 3 de la ciudad de Cangas de Onís, Corte y residencia de los primeros Reyes de Asturias. Siguiendo por la misma ruta por una decena de Km se llega al Real Sitio Santuario de Covadonga.

Entrada del Parador

El Parador, dirigido por Alberto San Sebastián Vásquez, dispone de amplias y acogedoras habitaciones, con magníficas vistas a la naturaleza y decoradas con materiales nobles y tonalidades acordes con el entorno. La decena de celdas que los monjes tenían en el monasterio han sido reestructuradas en habitaciones modernas, aunque hayan mantenido su característica original; mientras, una de ellas, la única que fue del prior, es grandísima, una ?Suite ante-litteram? con ventanas por los tres lado de la misma. Y grande es también la entrada con armario y cofre, no de menos el baño, todo amplio y muy confortable: palabra del autor de estas líneas que alojó durante su estancia. La mayoría de las habitaciones, cincuenta y seis, y el restaurante, están situados en un ala del edificio anexo al monasterio, de características arquitectónicas y materiales constructivos perfectamente consonante.

Antiguas celdas del prior y pasillo acristalado

Cada habitación es decorada de forma diferente, muchas con camas con dosel o medio dosel, y con vistas al río Sella, a los caseríos o a las montañas; en toda ellas los detalles son sinónimo de calidad y confort. Un pasillo acristalado sirve de enlace entre los dos edificios. Gran variedad de salones completan las instalaciones que ofrece este establecimiento. El suave rumor de las aguas del Sella como el crujido de las hojas de árboles acuna el viajero hospedado en el Parador, que está relajado, cómodo en el sosiego total.



Según la nueva ortodoxia culinaria las cocinas asturianas son cuatro diferentes: la costera del pescado y el marisco; la minera del Nalón de Potes y Fabadas Rehogados a la Sidra por la parte de Oviedo y peregrina entre Gijón, Cudillero y Avilés; la que va un poco en busca de Pulpo y Empanadas por los caminos de poniente; y la otra que, al oriente, se encuentra más a gusto entre ríos de Truchas y Salmones. Por supuesto, son sutilezas más propias de doctores culinarios que de honestos y agradecidos paladares, que el viajero hará bien en olvidar.

Vista del patio desde el interior del Parador

El Parador posee una óptima cocina con sabores a Asturias. Está dirigida por la jefa Azucena Sánchez, la cual comenzó su andadura en la Red cuando fue inaugurado el Parador en el 1998. Es actualmente la única mujer chef de cocina en toda la Red de los 93 Paradores que están abiertos. (El autor de estas líneas lamenta mucho no haber podido entrevistarla durante su estancia, ya que ella se encontraba en sus días de descanso, ausente del Parador).

El menú resulta ser muy cuidado con voces también regionales que son: Degustación de quesos asturianos (Ahumado de Pria, Beyos, Afuegal?pitu Rojo, Gamoneu y Cabrales); Tortinos con hígado de pato caramelizado; Paté de cabracho con escarola frissé y aliño de ablanes; Huevos rotos con cebolla confitada y Morcilla fresca; Lomo de merluza del norte a la sidra; Pixín horneado con caviar de oricios; Solomillo de ternera en salsa de queso de Cabrales; Nuestra fabada y su compango (guiso emblemático asturiano con una lenta cocción de las mejores Fabes, grandes, tiernas y mantecosas, aderezada con un seleccionado compango de morcilla, chorizo y panceta; es acompañada con una refrescante ensalada verde). Este plato servido a la manera asturiana es una comida completa (la foto de al lado es una mini degustación).

Plato de fabada asturiana

Pero la cocina asturiana ensalza muchísimos otros platos más. El Gran Libro de la Cocina Asturiana, del ilustre José Antonio Hidalgo, editado por la Gran Enciclopedia Asturiana S.A. de Gijón; ha recogido más de trescientas recetas, subdivididas en: sopas, huevos, arroces, entradas 38; Potajes, legumbres, verduras 41; Carne, caza 75; Pescado, marisco 120; Postres 65. Son todas éstas recetas de la cocina local, como: Calderetas y Zarzuelas, Sargo a la Sidra, Merluza Rellena. Sin descuido de Angulas y Lampreas y otros fluviales menudencias. Fabadas y Potes que son estas mayores contundencias. Unas y otros siempre en imprescindible compañía y protección de algo del gochu (cerdo en asturiano), matado, a poder ser, por San Martín, que dará sabores propios y precisos de estas tierras: chorizo, lacón (no del todo parecido al de Galicia); una morcilla hecha bien de pimentón y más de ahumado, y que nunca falte el sabadiego que, por este manjar, hasta una Orden ha sido fundada (ver edición 181: Los distinguidos Caballeros de la Orden del Sabadiego). O el ?Chosco?, sabroso condumio entripado de pasta reciente de morcilla. El tocino, que tiene que ser, por fuerza, entreverado. Platos de remota y definitiva composturas: el ?Bollu Preñau? de chorizo, el ?Emberzau de morcilla y picantito?, fabes con jabalí, fabes con almejas, fabes con langosta. Excelentes son las carnes rojas. Cordero asado o a la estaca como siempre se hizo en Pola de Lena. No falta la caza: cuando se deja y es posible, de los picos, rebecos, corzos y jabalíes, sobre todo. Todos ellos platos con productos genuinos e incontaminados por la cocina creativa, fusión o molecular: por la buena suerte de los competentes e amantes de la exquisita y rica cocina del Principado de Asturias.

Vista del Parador de Cangas de Onís desde el río Sella





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TAGS    QUESO MERLUZA CAVIAR PESCADO MARISCO




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Matteo Gaffoglio

Comunicador y experto en gastronomía




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