Deja la pistola y coge los cannoli


04-04-2016    |   


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Sicilia, la isla mediterránea que fue fenicia, griega, germánica, árabe, normanda, francesa, aragonesa, española y finalmente italiana, es tierra tradicionalmente afectísima a la dulcería y repostería. De allí son por ejemplo postres más o menos universalizados como la Cassata, tarta a base de queso ricota, bizcocho, azúcar, mazapán, licor maraschino y otros ingredientes, profusa y barrocamente decorada en su exterior con pistachos, frutas glaseadas, azúcar glass y un largo etcétera; la Pignolata, muy relacionada con la repostería de Carnaval, que son bolitas de masa frita que se juntan y alzan en un montículo de forma cónica o de piña, de ahí su nombre, recubierto de chocolate o miel, ralladura de limón y pequeños confeti de colores; la Frutta martorana, dulcísimo mazapán con forma de frutas y aceitunas, cuya elaboración tradicional se asocia con la celebración del Día de los Difuntos; o el Bucellato o Cucciddatu, un dulce típicamente navideño que es una rosca o “pan para mordisquear” relleno de higos secos, pasas, almendras, cáscara de naranja y trocitos de chocolate. Pero por encima de todos ellos, la cumbre repostera siciliana son sin duda los carnavalescos Cannoli, nombre derivado de su forma de tubito o cañita, que eso quiere decir cannolo, masa enrollada y frita, rellena de queso ricota endulzado con vainilla, chocolate, agua de rosas y vino de Marsala, y decorado en su extremos con pistachos, guindas, frutas glaseadas, o virutas de chocolate.

En realidad, los cannolli, más que sicilianos son específicamente palermitanos y en lógica consecuencia dulces preñados de la sustancia de una ciudad incomparable y enigmática que es quintaesencia de lo siciliano, un estado de sueño eterno, al decir del Príncipe Fabrizio de Salina en El Gatopardo, del que nada ni nadie conseguirá hacerlo despertar.

Palermo es un ciudad mágica, inquietante, noqueadora, que bascula entre un pasado de esplendor y una moderna decrepitud de palacios en ruinas, villas derruidas, casas desconchadas, comida lujuriosa en las calles, basura sin recoger por todas partes, y motocarros circulando en ninguna dirección por las calles groseramente empedradas.

Palermo es un cadáver en descomposición del que emana una belleza y aroma singularísimos; un espacio donde se desprecia y canta a la vida, al tiempo que se rinde un apasionado y respetuosísimo culto a la muerte. De eso habla, entre otras cosas, El Padrino de Puzo y Coppola y en eso se sustancian, naturalmente con cannoli, dos de sus escenas más impactantes.

En el final de la historia, el miserable traidor Osvaldo Altobello, viaja hacia la muerte desde un palco del Teatro Massimo de Palermo, mientras engulle gozoso los cannoli “amorosamente” preparados para él por su ahijada Connie Corleone, y sigue con entusiasmo el ritmo arrolladoramente vital de la Cavalleria rusticana. Mucho antes, en la primera entrega de la saga, el brutal matón Peter Clemenza se encarga de ejecutar al traidor Paulie Gatto, conductor de Don Vito Corleone, tras pasar por una pastelería para comprar los canolli que le ha encargado su esposa. En un paraje solitario y con el pretexto de que necesita orinar, hace parar el coche que conduce Gatto y en cuyo asiento trasero viaja uno de sus soldati. De espaldas al vehículo oye el tiro de gracia que acaba con la vida del villano desleal y vuelve para decirle al matarife la conocidísima frase: “Leave the gun; take the cannoli”, “Deja la pistola y coge los cannoli”.

Curiosamente, la afamada sentencia fue una licencia fuera de guion, un ad lib del actor Richard Salvatore Castellano que representaba al mafioso. Por su origen siciliano y quizá más concretamente como sobrino de Paul Castellano, “Big Pauly” o “PC”, capo de la familia Gambino, sabía que volver a casa sin los cannoli podría costarle la vida.

Degustar unos cannoli no es solo placer, sino liturgia y promesa implícita de omertà, así que procede disfrutarlos intensamente y en respetuoso silencio. 



TAGS    QUESO VINO reposteria CANNOLI




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Valoraciones y comentarios

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  • 1 comentario(s)


   carmen , 07-04-2016
Hola q pinta más rica esos canutitos rrellenos



Miguel Ángel Almodóvar

Investigador y divulgador en ciencia nutricional y gastronomía




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