Cata ciega de vinos Miguel Torres, de Chile


14-06-2012    |   


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Entre los dioses, Dionisios está vinculado a la fiesta.

Dionisios es el dios de la fiesta y de la transgresión

religiosa. Está considerado como el dios del vino y la

embriaguez. Es un dios ebrio, es el dios cuya esencia

divina es la locura. Pero, para empezar, la locura es en sí

de esencia divina, En el sentido de que rechaza las

reglas de la razón.

GEORGES BATAILLE ( 1897-1962)

 

Las crónicas chilenas del siglo XVI refieren que las primeras vides llegadas a esa nación sudamericana fueron llevadas por Francisco de Caravantes, en 1548, un sacerdote español a quien animaba el deseo de propagar su cultivo, puesto que debía contar con vino para celebrar la ceremonia cristiana de la misa cotidiana. Igualmente, existe la mención en esos relatos seculares que fue Francisco de Aguirre el primer viticultor en el país andino, ya que en 1551  recogió la primera cosecha de la que se tiene memoria histórica.

A mediados del siglo XIX llegaron a Chile las primeras cepas francesas, con las cuales se buscó reemplazar las variedades españolas, que habían sido las que originalmente fueron introducidas  durante el período en que Chile era una colonia hispana. Entre otras, puedo enlistar los siguientes vidueños: Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Sauvignon Blanc, Semillon, Riesling, Chardonnay y Gewürztraminer. Es conveniente agregar que  ---según han afirmado los especialistas en viticultura--- “estos son los únicos clones pre-filoxera existentes actualmente en el mundo”, ya que, como se recuerda, el viñedo europeo quedó virtualmente arrasado por la filoxera en la segunda mitad del siglo XIX. A partir del momento en que las variedades de uvas europeas, consideradas finas para la elaboración de vinos de mesa, llegaron a Chile, se registró una acentuada prosperidad en esta actividad agrícola. Al comenzar el siglo veinte, concretamente en 1903, la producción de vino fue de doscientos setenta y cinco millones de litros, y desde entonces estos néctares etílicos gozan de merecida fama por su calidad y sabor, y su producción no ha cesado de incrementarse.

En una fuente documental leo que “Debido al verano seco y a la escasez de lluvias, estos vinos raramente se ven enfrentados a enfermedades o problemas de humedad. Barreras naturales como el Desierto de Atacama al norte, los hielos patagónicos al sur, la Cordillera de los Andes al este y el Océano Pacífico al oeste, han protegido al país de la filoxera y de otras plagas”.

Chile es un país de América del Sur cuya longitud de norte a sur es de cinco mil kilómetros, mientras que su anchura máxima es de cuatrocientos kilómetros, y la mínima de noventa kilómetros. El viñedo chileno se extiende en una franja de mil cuatrocientos kilómetros, entre los paralelos veintisiete y treinta y nueve de latitud sur, área claramente ubicada dentro de la llamada “Franja del Vino” en la parte meridional del globo terráqueo.  “En Chile existen cinco regiones vitícolas: Atacama, Coquimbo, Aconcagua, Valle Central y la del Sur”. La superficie cubierta de viñas en el año 1995 era de casi cincuenta y cinco mil hectáreas (exactamente 54.392), y de acuerdo al censo de 2005 la extensión se ha incrementado a 170 mil.096 hectáreas.

Ampliando esta información señalaré que en el portal Mondovinos leí que “En Chile existen cinco regiones vitivinícolas situadas principalmente en un radio de 500 km norte-sur de Santiago. En el norte, los valles de Copiapó y Huascoconforman la región de Atacama, zona muy nueva y aún poco desarrollada. Más al sur está la región conformada por el Valle del Elqui, el Valle de Limari y Valle de Choapa. Luego en la zona central se encuentran los Valles de Aconcagua y Casablanca, con un impresionante desarrollo, sobre todo en las variedades para vino blanco. La región del Valle Centralque comprende el Valle del Maipo, Rapel, Curicó y Maulereúne más del 60% de la superficie total plantada en Chile. La última y más al sur de las regiones que encontramos está conformada por los Valles de Itata y Bio-Bio”.

El sistema de las Denominaciones de Origen entró en vigencia en Chile en enero de 1996, e incluye, entre otros pormenores,  los tres siguientes renglones. Primero: un vino puede ostentar en la etiqueta la leyenda de un lugar geográfico determinado, si por lo menos el setenta y cinco por ciento de ese vino procede del lugar así indicado. Segundo: el cepaje señalado en la etiqueta debe formar parte en la mezcla en una proporción no menor al setenta y cinco por ciento. Tercero: si se menciona en la etiqueta un año determinado, el vino debe proceder, en un setenta y cinco por ciento como mínimo, de una cosecha realizada ese año así especificado.

Chile ocupa actualmente un envidiable lugar en el concierto de las naciones vitivinícolas del orbe, ya que ocupa un relevante lugar entre las diez naciones con mayor producción.   En el año 1994 ocupaba un lugar secundario como país comercializador de vinos allende sus fronteras,  con apenas el uno punto siete por ciento del mercado de exportación  mundial. En el año 2000 ocupó el quinto sitio en este renglón con el 4.6% del total, por atrás de Francia, Italia, España y Australia, ya que consiguió desplazar a naciones eminentemente exportadoras de vino, como es el caso de Alemania, Portugal y Estados Unidos de América.

De un artículo que escribí hace casi diez años, titulado “Un océano de vino chileno”,  para enfatizar la cuantía de esa producción agrícola, entresacó estas cifras: “En 1980 la producción de vino en Chile fue, en números redondos, de 586 millones de litros. En 1990, fue de 320 millones de litros. En el año 2000 alcanzó la cifra de 642 millones de litros. Y en 2001 fue de poco más de 545 millones de litros.

En el portal francés de los vinos de todo el orbe, E-Lettre, de Vitisphere, del 11 de febrero de 2012 leí la información emitida por Pro Chile, el organismo promotor de los vinos chilenos, donde queda asentado que se preveía que la vendimia de 2012 diera por resultado la elaboración de once millones de hectolitros de vino (mil millones de litros). En 2002, de acuerdo a esa nota informativa, la producción fue de 450 millones de litros.

 En el año 1970 fueron exportados vino chilenos a treinta y cinco países, por la cantidad de 14.509.272 litros de vino. En 1980  la comercialización en el exterior,  a cincuenta y tres países, fue de poco más de cuarenta y tres millones de litros. En el año 2000 fueron exportados (a noventa y cinco países)  poco más de doscientos sesenta y seis millones de litros de vino (exactamente 266.511.811 litros). México ocupó ese año el lugar undécimo en su adquisición de vinos chilenos, al haber importado poco más de seis millones de litros (6.204.435). En 2001 la exportación de vino chileno, a ciento cinco países,  ascendió a casi trescientos once millones de litros (310.925.579). Gran Bretaña adquirió poco más de cincuenta y siete millones de litros. Estados Unidos de América importó más de cincuenta y dos millones de litros (52.484.250, exactamente). El tercer país importador de estos néctares etílicos de Chile fue Canadá, que recibió casi veintinueve millones de litros. México ocupó el lugar duodécimo (descendió un puesto, pero incrementó el volumen de vino importado), con una adquisición de más de siete millones de litros (7.255.651). Cabe agregar que la superficie cubierta de viñas en Chile era, en 1995, de casi cincuenta y cinco mil hectáreas.

 De la misma manera, considero interesanteconsignar que en la edición correspondiente al 6 de enero de 2011 el periódico El Mercurio, de Santiago, la capital de Chile, mencionó que "Las exportaciones de vinos chilenos crecieron un 9,9 por ciento en volumen y un 12,1 por ciento en valor en doce meses (diciembre 2009-noviembre 2010) respecto de igual período anterior, informaron hoy fuentes empresariales. En volumen, esas exportaciones alcanzaron a 737,56 millones de litros y en valor sumaron 1.528,86 millones de dólares, precisó el informe, de la asociación empresarial "Vinos de Chile". Las ventas al exterior de esos vinos embotellados aumentaron en esos doce meses un 10,5% en volumen, hasta los 419,73 millones de litros y un 11,4% en valor, hasta los 1.258,43 millones de dólares. También facilitó cifras correspondientes al período de enero y noviembre de 2010, en el que las exportaciones crecieron un 7,0 por ciento en volumen, hasta los 671,22 millones de litros y un 11,6% en valor, hasta los 1.416,06 millones de dólares, respecto de igual período del año 2009. Entre diciembre de 2009 y noviembre de 2010 el principal destino de los vinos chilenos fue el Reino Unido, con 10,25 millones de cajas (de nueve litros cada una) y 212,334 millones de dólares. Le siguieron Estados Unidos (7,61 millones de cajas y 209,92 millones de dólares) y Canadá (2,10 millones de cajas y 80,69 millones de dólares)"

Es conveniente agregar que hoy en día, de la misma manera como acontece en otros países,  priva en el ánimo de los vitivinicultores más importantes de Chile la idea de elaborar no sólo vinos de excelente calidad, sino que la tónica es la de producir caldos etílicos catalogados dentro del nivel “premium”,  y también en una categoría superior, la de los vinos “super premium”, aquellos que por haber sido elaborados en viñedos muy seleccionados (es lo que los franceses han englobado dentro del concepto de “terroir”, que se puede traducir como “terruño”, y que otros denominan “pago”), con las cepas de mayor finura, son poseedores de cualidades organolépticas excepcionales. Estos vinos  ---es lógico suponerlo—  alcanzan precios mucho más altos que la mayoría de los caldos vínicos chilenos, pero resulta indudable que se trata de productos de la más alta calidad en esta materia.

Ahora bien, en el panorama de las bodegas chilenas, que al paso de los años han alcanzado un señalado renombre figura Viña Miguel Torres Chile, una bodega que continúa, en suelo americano, el prestigio de la empresa Miguel Torres, de Cataluña. De este emporio vitivinícola cabe agregar que es una de las doce míticas firmas familiares conectadas con el vino, que integran la organización denominada Primum Familiae Vini). , Fue establecida la filial sudamericana en 1979, en el Valle de Curicó, dentro del Valle Central, en la Región del Maule. Está dirigida por Miguel Torres Maczaseek, miembro de la quinta generación de la familia Torres.  Cuenta con 640 hectáreas de viñedos propios y elabora varias categorías de vinos, de los cuales el emblemático, el de nivel superior, es Conde de Superunda. Por abajo de éste figuran tres vinos “de finca”: Manso de Velasco, Miguel Torres Brut y Vendimia Tardía. Luego viene la línea Cordillera, con cinco vinos: los varietales Carignan, Syrah, Carmenere, Chardonnay y Pinot Noir Brut. En seguida, la línea Santa Digna, con nueve etiquetas, las de las cepas Carmenere, Merlot, Syrah, Cabernet Sauvignon, Gewürztraminer, Cabernet Sauvign Rosé, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Estelado Rosé. Finalmente está la línea Las Mulas, con 4 vinos más: Cabernet Sauvignon, Carmenere, Sauvignpon Blanc y Cabernet Sauvignon Rosé. 

El vino ícono de Viña Miguel Torres Chile lleva por marca Conde de Superundaes un vino elaborado en Chile, en la Bodega Miguel Torres Chile. Es el vino ícono por excelencia de esta bodega chilena ---bien podría hablarse de que se trata de un vino super premium, ya que las uvas (Cabernet Sauvignon,  Carmenere, Monastrell y Tempranillo)  con las cuales es elaborado provienen de cepas de notoria antigüedad. Toma su  nombre del título nobiliario del cuadragésimo tercer virrey de Perú, José Antonio Manso de Velasco, quien tuvo un encomiable desempeño al registrarse, en 1746, el terremoto, y posterior tsunami, que destruyó Callao y ocasionó miles de víctimas. Ese aristócrata auxilió a la población afectada por el maremoto, y en virtud de ese hecho el rey de España le otorgó el título de Conde de Superunda (“sobre las olas”). Este vino tiene una crianza de veinticuatro meses en barricas nuevas de roble nuevo francés, de Nevers.

Otro vino de gran clase de la bodega Miguel Torres Chile ---clasificado como “vino de finca”---  lleva en su etiqueta el apellido de quien fuera Gobernador de la Capitanía General de Chile (de 1737 a 1744), .José Antonio Manso de Velasco. Las uvas con las que está hecho este vino proceden de un pago ---un viñedo de características muy especiales, un “terroir”, en toda la palabra---  en el cual las viñas centenarias proporcionan la mejor materia prima para  elaborar un excelente vino. Se trata de un varietal 100% Cabernet Sauvignon, que tiene un prolongado tiempo de crianza en barrica nueva francesa, de la región de Nevers, a más de reposar posteriormente doce meses en botella, para su idónea estabilización. El resultado es un vino de características organolépticas en extremo encomiables. Este vino fue el protagonista en una cata vertical de ocho diferentes añadas: 1996, 1997, 1998, 2000, 2001, 2004, 2005 y 2006, celebrada en la ciudad de México, en septiembre de 2010. En esa degustación participó Miguel Torres Maczassek, al lado de un grupo de enófilos mexicanos, y de ese vino comentó “Cuando mi padre llegó a Chile, las vides de la finca Manso de Velasco tenían setenta años. Hoy son cepas centenarias con las cuales se elabora este vino”.

Mención especial merece el vino espumoso Santa  Digna Estelado Rosé, elaborado con la cepa País. Se trata de una variedad cuyo original nombre en España fue  Listán Negro, y en Baja California primero, y después en la Alta California después recibió la denominación de Misión.

Se trata de un vino  espumoso (elaborado de acuerdo al método tradicional, consistente en que la segunda fermentación tiene lugar en la botella) resultado de las gestiones de Miguel Agustín Torres, el Presidente de la firma vitivinícola Torres, de Cataluña,  ante las autoridades vitivinícolas de Chile, tendientes a rescatar una cepa varias veces centenaria (que hoy en día cubre una extensión de 15 mil hectáreas, la segunda en Chile después de la superficie cubierta con la cepa Cabernet Sauvignon) y  elaborar con ella un vino espumoso de excelentes cualidades.  La primera edición del vino Santa  Digna Estelado Rosé fue la 2010.

Para la cata “ciega” mensual número 219 del Grupo Enológico Mexicano ---realizada en el Colegio Superior de Gastronomía, Campus Lomas Verdes---, correspondiente al día 12 de Junio de 2012,  fueron seleccionados ocho vinos de la Viña Miguel Torres Chile, los cuales han sido repetidamente premiados en infinidad de certámenes enológicos, en diversos países, 

 La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos:  Patricia Amtmann,  Areli Curiel (gerente de Entrevides y Sommelier de Bodegas La Negrita, empresa distribuidora en México de los vinos de la marca Torres), Horacio Fuentes, Darío Negrelos,  Roberto Quaas Weppen y  Miguel Guzmán Peredo.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Espumoso:

Santa Digna Estelado Rosé. Varietal 100%  Cepa País  12.0  % Alc. Vol. Seis meses de reposo sobre sus propias lías. Espumoso elaborado de acuerdo al método tradicional, consistente en que la segunda fermentación tiene lugar en la botella.  Valle de Central. Calificación:   89.67 puntos. Precio: $ 205.00 .

Rosado:

Santa Digna Rosé Reserva, cosecha 2009. 14.0 % Alc. Vol.  Varietal 100% Cabernet Sauvignon.  Valle Central. Calificación: 87.83  puntos. Precio: $116.00

Blancos:

1.- Riesling Vendimia Tardía, cosecha 2008. 14.5 % Alc. Vol.  Varietal 100% Riesling.  Crianza de nueve meses en barrica nueva de roble francés. (Envase de 375 ml) Valle de Curicó. Calificación:  92.50  puntos. Precio: $259.00

2.- Santa Digna Chardonnay Reserva, cosecha 2009. 13.5 % Alc. Vol.  Varietal 100% Chardonnay.  Valle Central. Calificación: 87.50  puntos. Precio: $114.00

Tintos:

1.- Conde de Superunda, cosecha 2004. 14.0% Alc. Vol.    Coupage de Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Monastrell y Carmenere. Crianza de veinticuatro meses en barrica nueva de roble francés (Nevers). Valle de Curicó. Calificación: 92.83  puntos. Precio: $766.00

2.- Manso de Velasco Viejas Viñas. Cosecha 2006. 14.0 % Alc. Vol. . Varietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza de dieciocho meses en barrica nueva de roble francés (Nevers) y diez meses de reposo posterior en botella. Valle Central. Calificación: 91.33  puntos. Precio: $619.00

3.- Cordillera Reserva Privada, cosecha 2005. 14.0 % Alc. Vol.  Coupage de 65% Cariñena, Merlot 20% y Syrah. Crianza de nueve meses en barrica de roble francés y tres meses de reposo posterior en botella. Valle Central. Calificación: 90.33  puntos. Precio: $277.00

4.- Santa Digna Carmenere Reserva, cosecha 2010. 14.0 % Alc. Vol.  Coupage de 85% Carmenere y 15% Cabernet Sauvignon. Crianza de doce meses en roble francés de Nevers. (20% madera virgen). Valle Central. Calificación: 89.17  puntos. Precio: $139.00

Me parece digno de enfatizar que los ocho vinos degustados superaron ampliamente los 85 puntos de calificación, lo que, de acuerdo a los parámetros del Grupo Enológico Mexicano, permite ubicarlos dentro de la selecta categoría de “muy buenos”.

Los catadores seleccionaron las etiquetas de los vinos Santa Digna Rosé Reserva y Manso de Velasco, como las más bellas.

Al finalizar la cata escuchamos la explicación que hizo Horacio Fuentes (gerente de exportación para América Latina de la bodega Miguel Torres Chile) acerca de la vitivinicultura chilena, haciendo hincapié en los suelos de las diferentes regiones vitivinícolas de Chile, y en la forma como influyen en las características organolépticas de los vinos.

A continuación fue servida una deliciosa cena. Como entrada saboreamos Hojaldrado de espinacas con queso, maridado con el espumoso Santa Digna Estelado Rosé. Luego sirvieron el platillo principal: Ossobuco con gravy de Jerez, armonizado con dos vinos tintos; Manso de Velasco, Viñas Viejas, cosecha 2006, y Conde de Superunda, cosecha 2004. El postre fue Tiramisú en copa, acompañado del vino Riesling Vendimia Tardía, cosecha 2008.  Cabe señalar que la combinación de los manjares con los vinos fue excelente.

guzmanperedo@hotmail.com 

 

 

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Miguel Guzman Peredo




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