La historia y leyenda de la patata


29-01-2013    |   


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Eva Martín Escobar

 

Cuenta una antigua leyenda andina que los hombres cultivadores de la Quinua se hicieron con el poder de los pueblos de las sierras altas y les robaron sus cosechas, dejándoles sin nada que comer y pretendiendo así su muerte. Los pobres, hambrientos, clamaron al cielo y éste les dejó caer unas semillas redondas y carnosas.   Los tiranos no se opusieron a la siembra, pensando en quitarles los frutos cuando las plantas florecieran. Cuando éstas comenzaron a amarillear, los opresores tomaron de nuevo lo que ellos creían era una excelente cosecha de verduras. Desconosolados y atemorizados, los pueblos clamaron de nuevo al cielo, quien esta vez les respondió: “Removed la tierra y sacad los frutos, que allí los he escondido para burlar a los hombres malos y enaltecer a los buenos”.   Así hicieron los pobres y, gracias a las fuerzas retomadas por el nuevo alimento, consiguieron combatir y expulsar a los invasores, que huyeron como cobardes y no volvieron a pisar aquellas tierras jamás.   La patata se cultivó organizadamente hace unos 8.000 a.C. en áreas montañosas de Los Andes porque allí no podía crecer el maíz, elemento base en la dieta inca. Fue el explorador español Gonzalo Jiménez de Quesada quien la descubrió en 1537, pero no llegaría a España hasta 1569, de la mano de Pedro Cieza de León.  Las patatas fueron presentadas a Carlos I y algunos ejemplares fueron enviados al papa Julio II como curiosidad botánica, adornando la planta los jardines del Vaticano durante años. De España, la patata pasó a Portugal, Italia y Francia. A Inglaterra e Irlanda no llegaría hasta 1586, y hasta 1620 a Holanda.    Pero este tubérculo no fue tan bien recibido como cabría esperar dado su éxito a día de hoy. Durante los siglos XVI y XVII se la consideraba la causa de muchas enfermedades, como la lepra. Fue un farmacéutico francés, Antonio Augusto Parmentier, quien la dio a conocer a toda Francia al presentarlas como su salvación. Resultó el señor Parmentier había estado prisionero en mano de los prusianos, y había sobrevivido gracias a la patata que éstos le daban de comer a sus animales. A su vuelta a Francia, contó su historia al rey Luis XVI en un banquete que preparó consistente en platos elaborados a base de patatas. A partir de este momento, el consumo de la patata se extiende por Europa, y este tubérculo se convierte en el mejor paliativo de hambrunas que jamás haya sido visto en la historia de la humanidad.   La patata fue más tarde un elemento de vital importancia en el industrialización europea. Puede parecer una exageración, pero es cierto que sin ella el pueblo que más tarde formaría el proletariado industrial no hubiera sobrevivido en número suficiente para llevar a cabo la revolución.    Y no sólo Europa salvó su población gracias a la patata: Rusia también palió sus hambrunas con ella, e incluso obtuvieron de la patata su bebida nacional: el vodka.   Lo cierto es que las leyendas de la patata son interminables, como lo son también las historias que rodean a las distintas preparaciones que con ellas se hacen, como las patatas fritas o nuestra tan querida tortilla de patatas. Para contar todas estas historias necesitaríamos innumerables páginas en blanco, así que sólo nos queda terminar diciendo que estamos ante la PATATA (sí,con mayúsculas), uno de los alimentos más polivalentes de la historia de la cocina y gran salvadora de la humanidad tal y como la conocemos hoy. Y, además, están muy ricas.

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